Retrato de otra época

López Medina, el taller de toda la vida que arrancó en la calle Hércules

  • El taller, fundado en 1929 por Manuel López Medina, comenzó como lugar de reparación y montaje de radios

  • Fabricaron la primera máquina de transfusión de sangre, que diseñó el doctor Joaquín Flores

En la foto, la fachada del taller en la calle Hércules con Rafael y Manuel López, Antonio el tornero y Antonio López Medina.

En la foto, la fachada del taller en la calle Hércules con Rafael y Manuel López, Antonio el tornero y Antonio López Medina.

El taller López Medina, conocido como el taller de Manolito López, se ubicaba en la calle Hércules en Cádiz. Se situaba frente a la empresa de construcciones Hidrocivil, y en las esquinas se encontraban dos ultramarinos, uno era de Eusebio Barrena. El taller fue fundado en 1929 por Manuel López Medina, quien compaginaba el trabajo en el taller con el de conductor en la Jefatura de Obras Públicas, junto al ingeniero Francisco Luis Martínez.

El taller inició su actividad como taller de reparación y montaje de radios en los muebles. Solían llegar las piezas de las radios en unas cajas, y en el taller la adaptaban al mueble que el cliente eligiera.

En 1941 abandonó la reparación y montaje de radios y se dedicó a actividades electromecánicas, siendo de los pocos talleres existentes en el centro de Cádiz. A partir de ese momento se dedica a todo lo relacionado con la mecánica y el automóvil. Para ello compra un torno , un taladro y una piedra esmeril. Y más tarde, el banco de prueba inyectora de diesel y el banco de prueba eléctrica, además de una prensa al taller de Valentín Ahumada, que cerraba.

También fabricaban diferentes máquinas, entre ellas, la primera máquina para transfusión de sangre que ideó el anestesista Joaquín Flores, y ellos la fabricaron. El local llegó a tener nueve personas trabajando, incluyendo también a su propietario.Entre sus numerosa clientela se encontraban Agustín Blázquez, Domínguez Valero, Federico Joly o la familia Cuadrado, entre otros.

Manuel López Medina, fundador del taller López Medina, en una imagen de su juventud. Manuel López Medina, fundador del taller López Medina, en una imagen de su juventud.

Manuel López Medina, fundador del taller López Medina, en una imagen de su juventud.

En 1949 se incorpora la segunda generación de la familia, el hijo del propietario, Antonio López Barroso. Antonio comienza con 12 años, tras realizar los estudios en el colegio de la Mirandilla. También el taller se dedicó a la venta de coches de tres ruedas de motor Willy, motos y motocarros. Fueron los únicos que vendían los motocarros Mynsa, con caja cerrada.

Los domingos, Antonio López Barroso solía coger un coche de tres ruedas y darle una vuelta para exhibirlo por la calle Ancha, como publicidad para su venta. Antonio López Barroso también compaginaba su trabajo en el taller con su participación en la comisión de fiestas con los alcaldes José León de Carranza y Jerónimo Almagro.

Todavía recuerda Antonio López Barroso, con sus 87 años y con una memoria envidiable, la reparación del motor eléctrico de la grúa Titán de la empresa de construcción Oliden. El taller no tenía horario, dependía de la finalización del trabajo. Tampoco tenían vacaciones de verano, solo descansaban los domingos. Debido a la dificultad de las comunicaciones de la época, a veces era más rápido obtener las piezas desplazándose a Sevilla o Madrid, que teniéndolas que pedir por conferencia.

Por aquella época también se encontraba el taller de Frasquito en el Corralón, Gil en Trille y el Garaje América en el Hospital de Mujeres.

En 1982, mantenía el parque móvil de Correos, vehículos, motos y mantenimiento de máquinas.

Antonio López Barroso, junto a Florencio Sousa, conduciendo por la calle Ancha un coche de tres ruedas de los que vendía en su taller. Antonio López Barroso, junto a Florencio Sousa, conduciendo por la calle Ancha un coche de tres ruedas de los que vendía en su taller.

Antonio López Barroso, junto a Florencio Sousa, conduciendo por la calle Ancha un coche de tres ruedas de los que vendía en su taller.

El taller, que ocupaba 70 metros cuadrados, se clausuró en el año 2000 por jubilación de su último propietario Antonio López Barroso. Los dos bancos de pruebas, el de diésel y el eléctrico, lo donaron al colegio de los salesianos. Las nuevas generaciones de la familia se han dedicado a las profesiones liberales.

Agradecimiento por la documentación y fotografías a Antonio López Barroso.

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