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Obituario

In memóriam Antonio Sánchez Martínez-Conde

Un dolor intenso me invadió el pasado jueves cuando una de las hijas de Antonio me enviaba un mensaje urgente: “Papá ya está en el cielo con Mamá y Antoñete”. Una noticia muy triste dicha con hermosura.

Antonio ha sido mi arquitecto y sobre todo mi amigo. Una amistad labrada en el transcurso de muchos años. Le conocí en el viejo edificio hoy destinado a la Diputación de Cádiz donde tenía su despacho como arquitecto de la Hacienda Pública. Cuántos recuerdos de todos nuestros encuentros y asuntos en que hemos coincidido en posiciones opuestas. Obviamente no siempre compartió mis razones pero siempre me supo escuchar con atención y afecto, respetó las mías y motivó las suyas. Su carácter le hacía riguroso en el cumplimiento de su deber, pero con la seguridad de que su criterio rezumaba sentido común y de justicia.

Como profesional libre ejerció la arquitectura con notable éxito, siguiendo los pasos de su padre, un reconocido y gran arquitecto, Antonio Sánchez Esteve. Ha dejado muchas obras importantes. Por mi cercanía a San Fernando, debo citar, entre otras, su primer proyecto que fue el Cine Alameda, el Cine San Fernando, que ya no existe, y en el que diseñó la mayor pantalla Todd-AO de Andalucía, y la reforma del Cine Almirante. Me consta la ilusión que le hizo el encargo de convertir en multicines el edificio que había diseñado su padre. Esa obra permanece hoy reconvertida en espléndida Sala de Congresos.

De mis relaciones con el profesional, que fueron muchas a lo largo de más de cuarenta años, conservo la muestra más personal al diseñar mi casa en la playa de la Barrosa. Antonio ha sido siempre una persona con criterio firme y dibujó en el salón una gran ventana con un cristal fijo, solución que mantuvo inamovible a pesar de nuestro ruego de que fuera abatible. Decía que nos estaba proyectando una gran vista a modo de cuadro que cambiaría cada día y cada momento. Así quedó y el tiempo le dio la razón. Frente a esa ventana hemos pasado muchos momentos de la vida familiar disfrutando de la visión que nos anticipó y que nos trae permanentemente el recuerdo del magnífico arquitecto y mejor amigo.

La semana pasada tuvimos nuestra última conversación. Le encontré animado y celebraba lo que le habían gustado los ‘boleros’ de La Mallorquina que le había enviado y acordamos volver a reunirnos en este mes en unión de otro querido y común amigo, Emilio Romera, un entrañable empresario soriano, isleño por vocación, para quien Antonio ha sido como un padre.

Esta reunión ya no va a ser posible, pero puedo asegurarte Antonio que siempre estarás con nosotros, que recordaremos con perenne gratitud al amigo bueno, seguro y afectuoso que mejoró nuestras vidas.

Antonio creó una gran familia. Esposo, padre y abuelo ejemplar que seguirá cuidando de todos desde su nueva vida. Con todos sus familiares que ahora sienten profundamente su perdida queremos compartir su dolor y transmitirles nuestro afecto y cercanía.

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