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Guillén Moreno saca pecho

Asociaciones y vecinos de la barriada y sus alrededores recuerdan que la zona ha sido objeto de una transformación física y social en los últimos años

Panorámica de la barriada Guillén Moreno, tomada desde la avenida Juan Carlos I, en la actualidad.
Tamara García / Cádiz

11 de julio 2010 - 01:00

Guillén Moreno hoy mira al futuro con muchos retos por delante. Y con mucho camino andado por detrás. Porque atrás quedaron los tiempos de vertederos, con una vía férrea foco de suciedad e inseguridad; porque mucho más atrás quedaron los tiempos del carbón, del que se extraía el gas para la fábrica Lebón, allá a principios de siglo XX; porque atrás quedó el tiempo de las pasarelas. De las alertas, de los peligros. Porque Guillén Moreno hoy es otro Guillén Moreno. Guillén Moreno y alrededores. Con las avenidas Lebón y Valencia unificadas bajo el rótulo de Juan Carlos I; con los límites casi difuminados con San Severiano, que se levanta a su espalda. Guillén Moreno es un barrio familiar e integrado plenamente en la ciudad. Lo dicen sus habitantes, sus asociaciones. Los mismos que quedaron horrorizados por el crimen de Mercedes Tello a principios de esta semana. Y los mismos que reivindican la positiva transformación de su entorno en los últimos años. Porque el crimen de la vecina podría haber ocurrido en cualquier otro lugar, defienden. Por eso, Guillén Moreno, orgulloso, saca pecho.

Y con los pies en la tierra. "Nos queda mucho, muchísimo por hacer y en eso estamos". Habla José Luis Robles, el secretario de la asociación de vecinos Fermín Salvochea, en una tarde soleada en la plaza de la Amante, donde se ubica la sede de la entidad. Un par de chiquillos juegan a la pelota, una señora de edad provecta busca la sombra bajo un árbol y el fresco en el aleteo de su abanico. La asociación está abierta. Hay gente que entra. Otros, salen.

"Ese ha sido nuestro objetivo, que la gente se sienta parte de la asociación, que se implique. Esto es cosa de todos, nosotros les ayudamos, abrimos las puertas, a cambio los vecinos respetan la sede, colaboran y ayudan a los demás", cuenta Robles, abogado de profesión, que es uno de los nuevos rostros de la directiva de Fermín Salvochea que preside José Miguel Blanca.

El secretario no habla de pasado, él lleva "relativamente poco tiempo" viviendo en el barrio pero sí es consciente de los avances que se han realizado en este tiempo. "Evidentemente si miramos atrás el cambio es muy grande pero con sólo comparar con hace cinco años también podemos ver un avance muy positivo. La gente es mucho más cívica y sobre todo se ha generado una corriente fuerte de solidaridad donde se ayudan unos a otros y más con estos tiempos de crisis", opina.

Más tiempo y más experiencias en sus retinas acumula una de las vecinas del número 7 de la calle Cal y Canto, el mismo edificio donde vivía la víctima de los sucesos y uno de los supuestos autores. Esta mujer, que no quiere dar su nombre, ha vivido en la finca desde "que se dieron estos pisos", que llevan el nombre del gobernador civil de Cádiz de la época, hace ahora más de cuarenta años. Pisos que, en su origen, estaban destinados a trabajadores "de el pescado y la carga blanca del muelle, a viviendas sociales y, bueno, a más personas", según explica otro vecino octogenario de la avenida Juan Carlos I.

"El barrio no tiene nada que ver con lo que era hace veinte o treinta años. A finales de los ochenta, por ejemplo, el problema de la droga era mucho más gordo y, es verdad, que daba miedo pasar por aquí. Había más robos y peor ambiente", opina la vecina de Cal y Canto que observa como "fundamental" la desaparición de la vía férrea que dividía la actual avenida en dos. "Primero, estábamos, en cierta manera, como incomunicados de la ciudad y, por otro lado, que la vía del tren era un foco de porquería. Allí la gente tiraba las cosas viejas como si fuera un basurero, los drogadictos se pinchaban allí, dejaban tiradas las jeringuillas y había muchos bichos", enumera.

Desde la asociación de vecinos recuerdan el mismo panorama. "La limpieza ha sido fundamental en la recuperación del barrio. Es una de las cosas que más se nota. Por nuestra parte, tenemos los servicios de la asociación abiertos a los vecinos, avisamos al Ayuntamiento si alguien quiere tirar muebles viejos, para que los recojan, y tenemos bolsas y material de recogida de las heces de los animales", informan.

"También los más peligrosos se han ido muriendo". La vecina anónima hace hincapié en "la tragedia", porque "al fin y al cabo fue una tragedia", de la heroína cuya sombra oscura y alargada "se llevó por delante" a muchos de los "elementos" de la barriada de Guillén Moreno. "Bueno, también supongo que como en otros sitios de Cádiz. Ya enganchados así, como esos de antes, se ven poco. Bueno, ya sabes con eso de la metadona y de las drogas que ahora son diferentes a las de antes... Creo que también habrá tenido algo que ver, ¿no?", cuestiona.

Cambios. Cambios que tienen que ver, en buena parte, con una sociedad mejor informada. De información habla Tatiana Sánchez, que fue diputada por el PSOE, y que trabajó durante tres años en el Centro de Orientación para la Salud El Vivero, que pertenece a la Liga Española de la Educación y de la Cultura Popular. "Allí se trabaja con los jóvenes a los que se les da información sobre sexualidad, drogodependencias, trastornos alimentarios...", explica Sánchez, que asegura que "el noventa por ciento de las cuestiones que atendíamos tenían que ver con la sexualidad y con las drogas. También, algunos chavales venían y te contaban sus problemas en casa. Por eso creo que desde allí se hace una labor excelente".

Pero no sólo Tatiana califica de "esencial" el trabajo de estos centros y de las asociaciones en la recuperación del barrio. Buena parte de los vecinos también se muestra de acuerdo. De esta forma, dos portales más allá de El Vivero (situado en la avenida Juan Carlos I junto al número 13) se erigen las asociaciones La Década Prodigiosa y la asociación de mujeres Mariana Pineda. Estas entidades, a las que acuden, fundamentalmente, personas más maduras, ofrecen charlas sobre distintos temas, talleres de pintura, de labores y todo tipo de actividades dedicadas a la convivencia y excursiones.

"Lo mejor es que en estas asociaciones te relacionas con personas de aquí, de San Severiano, del otro lado de la avenida, lo que era Valencia, que antes no veías tanto por mor de la vía", relata una vecina del trece que lleva viviendo en la zona "desde hace treinta años". "Ahora con las asociaciones también te dan la oportunidad de ir al colegio porque vienen profesoras y a las personas mayores que no hemos estudiado eso nos ayuda mucho", opina.

En Fermín Salvochea también llevan a cabo esta labor de educación. "Viene una profesora de Viento de Levante a dar clases por la mañana y acuden muchas personas mayores", asevera Robles. También la asociación Educadores Nuestro Pueblo, dentro de su programa dirigido a personas en situación de riesgo de exclusión, trabaja en "las zonas más conflictivas de Guillén Moreno al igual que en otros barrios de Cádiz", según su coordinador Pedro Castilla.

En Guillén Moreno hay un cambio de mentalidad. "Y creo que el deporte también tiene mucho que ver con ello", continúa el secretario de Fermín Salvochea. Y es que el pabellón de Francisco Blanca (que está a la espera de una segunda fase en la que se insertaría el graderío) se erige como alma y continente "del espíritu deportivo que tanto bien hace a los chavales". Desde la entidad vecinal se coordina a varios equipos de niños y "recientemente" a otro de categoría senior. "Pretendemos alentar a las nuevas generaciones hacia el amor por el deporte y las virtudes que de este salen como el juego en equipo, la responsabilidad... Darles otra opción", anhela.

Así, Robles cree que tanto los niños más pequeños como los mayores sí tienen más oportunidades en el barrio. "Lo más complicado es implicar a la juventud pero lo estamos intentando", advierte, "aunque al barrio también están llegando personas nuevas y jóvenes que traen otro aire".

Desde los establecimientos de La Almadraba y Llévatelo calentito, con tres y seis años de historia, respectivamente, en la zona ajardinada de esta avenida, también dan fe del cambio. "Mi clientela es muy familiar y no tenemos problemas con nadie. Bueno, la semana pasada tuvimos un intento de robo pero no se llevaron nada y es el primero en estos años", dice la regente del más antiguo. "No tenemos ningún problema, es un barrio como cualquier otro", afirman desde La Almadraba.

Pero "tampoco todo es de color de rosa" en Guillén Moreno. "Claro que hay droga y paro que no tiene por qué pero, no nos engañemos, muchas veces es lo que lleva a buscarte la vida con cosas peligrosas y trapichear", destacan desde Fermín Salvochea. Opinión que también comparten los vecinos que saben de robos menores y de "manejo de drogas" en ciertas zonas del barrio. "Pero ellos no se meten con nadie, son pocos, están ahí, los vecinos sabemos quienes son y ellos quienes son los vecinos y convivimos perfectamente. Por eso no se explica lo de Mercedes. Porque en cuarenta y tantos años, ni cuando la cosa estaba fatal de verdad, nunca ha ocurrido algo así".

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