Historias de Cádiz Fleta, a hombros por las calles de Cádiz

  • El famoso tenor intervino en la representación de La Boheme en el Gran Teatro de la plaza de Fragela en octubre de 1925 l Popularizó ‘Amapola’, del gaditano Lacalle

Anuncio en Diario de Cádiz de la actuación de Miguel Fleta, en 1925

Anuncio en Diario de Cádiz de la actuación de Miguel Fleta, en 1925

La televisión, la radio y las llamadas redes sociales hacen hoy que la imagen y la voz de cualquier  cantante  llegue hasta los últimos rincones del pueblo más pequeño, haciéndole, incluso, famoso.  En los años veinte del siglo pasado, por el contrario, el prestigio y la fama de los artistas era mucho más difícil de alcanzar. La televisión no se había inventado, la radio estaba al alcance únicamente de algunos privilegiados  y  los cantantes apenas eran conocidos  a través de algún que otro  gramófono colocado en establecimientos públicos.

Las compañías de ópera y zarzuela recorrían toda la geografía de España representando las obras clásicas conocidas por todos y también las  novedades estrenadas en Madrid o Barcelona. En Cádiz, el Teatro Principal, en la calle Novena, y el Gran Teatro, en la plaza de Fragela, acogían todos los años varias temporadas de representaciones a cargo de las mejores compañías españolas y extranjeras. El Teatro Cómico, el Cine Escudero y otros teatros más pequeños de nuestra ciudad  acogían a compañías más modestas y llevaban a cabo  representaciones más humildes.

En esos años, sin embargo,  la fama de los artistas era mucho más consolidada y su prestigio duraba largo tiempo. Es el caso del tenor Miguel Fleta, que en esos años veinte del pasado siglo, era un auténtico ídolo y sus actuaciones constituían un verdadero acontecimiento.  Fleta había nacido en Huesca en 1897 y en 1919 ya trabajaba en los grandes teatros de Italia, Francia y Norteamérica.

Miguel Fleta Miguel Fleta

Miguel Fleta / Archivo

En octubre de 1925 la empresa del Gran Teatro de Cádiz, -aún no llevaba el nombre de Falla-, anunció la presencia de la compañía  de opera del Teatro Real de Madrid con Miguel Fleta a la cabeza y la representación de la ópera La Boheme. La dirección estaba a cargo del prestigioso Saco del Valle. La noticia causó sensación en la ciudad y las entradas  quedaron agotadas  nada más abrir la taquilla de la plaza de Fragela.

En esos mismos días, la estación de radio EAJ 3, -la futura Radio Cádiz-, daba sus primeros pasos hacia una emisora comercial y su director, Francisco de la Viesca, decidió retransmitir el concierto en directo para los aficionados de nuestra ciudad. Una auténtica novedad en aquellos momentos. Tras llegar a un acuerdo con la empresa, los técnicos de la emisora tendieron un cable desde el escenario del Gran Teatro hasta la misma emisora. 

Los aficionados que no habían podido conseguir entrada para oir a Fleta, y que en su inmensa mayoría tampoco tenían aparatos receptores de radio, decidieron entonces reunirse en varios locales para escuchar a su tenor favorito. En el centro del local de Ideal Room, en la calle Ancha, fue colocado  un aparato de radio para que los clientes siguieran la representación.

La actuación de Miguel Fleta fue memorable. La crónica de Diario de Cádiz, de Martín Barbadillo, señala que la representación estuvo plagada de salidas a escena de Fleta y los artistas del Teatro Real para recoger las ovaciones del público. Terminada la ópera, Miguel Fleta obsequió al público con la interpretación de sus famosas ‘granadinas’ y con la popular canción  La Rosa, de la zarzuela Los Gavilanes.

Pero lo mejor de la noche estaba por llegar. Los aficionados que habían escuchado la ópera por la radio decidieron acudir a la plaza de Fragela y esperar la salida de Fleta del teatro para premiarlo de nuevo con sus aplausos. El tenor aragonés quedó gratamente sorprendido por esa espontánea manifestación de los gaditano. Y más sorprendido aún cuando los aficionados no le permitieron subir al automóvil que tenía dispuesto en la plaza de Fragela y decidieron llevarlo a hombros hasta el Hotel de Francia y París, donde se alojaba el tenor aragonés.

Por las calles de nuestra ciudad fue llevado a hombros Miguel Fleta rodeado de numerosísimo público que no cesaba de vitorearlo. El cantante , muy emocionado, subió a su habitación, pero los aficionados seguían aplaudiéndole, invadiendo el patio del hotel. Fleta no tuvo más remedio que volver a cantar desde el primer piso para estos aficionados que no se cansaban de aplaudir.

El tenor ocupaba una habitación del primer piso con un balcón que daba a la calle Sagasta. Pero sus seguidores no estaban dispuestos a despedirse tan pronto de su ídolo, por lo que se situaron debajo de la ventana  para seguir aclamando a Fleta, que no tuvo más remedio que volver a salir para saludar. El público  llenaba gran parte de la plaza de San Francisco y el tramo de la calle Sagasta que llega hasta la calle San Pedro. El famoso tenor, conmovido ante esas muestras de entusiasmo,  se vio obligado de nuevo a cantar un tema para que sus seguidores decidieran por fin retirarse a sus casas.

No nos dice la crónica del Diario las canciones con las que Fleta agradeció este homenaje. Pero una de ellas seguramente sería Amapola, la canción creada por el compositor gaditano José María Lacalle y que Miguel Fleta grabó y popularizó por todo el mundo.

José María Lacalle había nacido en 1859 en la calle San Francisco y fue alumno de l Conservatorio Odero. Muy joven emigró a Cuba y posteriormente a Nueva York, donde llegó a tener su propia orquesta, ‘Lacalle Band’, trabajando en las primeras salas de fiesta de Norteamerica. 

José María Lacalle José María Lacalle

José María Lacalle

Arregló numerosas zarzuelas para adaptarla a los gustos norteamericanos y compuso varios temas que alcanzaron gran éxito. Amapola, compuesta a comienzos de los años veinte del pasado siglo, es una de las canciones más escuchadas  a lo largo de los años y aún hoy es conocida por todos. Y ello en gran parte a Miguel Fleta

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