Coronavirus| Cádiz La pareja que sobrevivió a la pandemia confinada en un coche

  • María Jesús y Javier llevaban durmiendo un año en la paquetera de un Citroën; la Policía los mandó a Elcano, pero allí no los admitieron porque no había plazas y no les habían hecho el test

María Jesús y Javier, en la paquetera del coche donde pasaron todo el confinamiento. María Jesús y Javier, en la paquetera del coche donde pasaron todo el confinamiento.

María Jesús y Javier, en la paquetera del coche donde pasaron todo el confinamiento. / Julio González

Aunque lo parezca, la de María Jesús y la de Javier desgraciadamente no es una historia insólita. Cuando todos estábamos confinados en nuestras casas, ellos pasaban en un coche el estado de alarma decretado por la pandemia de coronavirus. Aunque ya llevaban un año durmiendo en la paquetera de un Citroën Xara de tercera mano.

Hubo también quien sobrevivió durante todo el encierro al pie de un cajero automático, en la playa o en un soportal. Eso, pese a que el Ayuntamiento habilitó el Centro Deportivo Elcano para acoger a las personas sin hogar que sobreviven en las calles de Cádiz. María Jesús y Javier llegaron tarde y se quedaron fuera. “Sí, hubo quien no pudo entrar. Se completaron las plazas y, además, no se podían aceptar a nuevas personas porque al no habérseles realizado el test del coronavirus no había garantías de que no lo tuvieran y no se podía poner en riesgo de contagio a las más de cien personas albergadas en Elcano desde el principio”, reconocen desde el Consistorio.

Más allá de la historia particular de María Jesús y Javier, lo realmente insólito es que estas situaciones se perpetúen, incluso entre quienes trabajan o estén dispuestos a trabajar, por culpa de las condiciones leoninas que se exigen hasta para el alquiler de un precario partidito. Lo insólito es que ni siquiera las administraciones que aseguran estar más empeñadas en sacar a estas personas de la calle consigan darles una respuesta: un lugar digno, confortable y duradero; ni más ni menos que lo que llamamos un hogar.

Porque en el Centro de Acogida Municipal o en el albergue de los Caballeros Hospitalarios solo se puede pernoctar unos días. Y por el momento sólo hay una vivienda municipal a disposición de estas personas, gestionada por Cruz Roja, aunque en breve habrá otra bajo la coordinación de Iguales en Acción y siga en pie el compromiso de entregar una al año. Y las escasas ayudas al alquiler apenas si sirven en Cádiz: el boom de los apartamentos turísticos ha acabado prácticamente con la oferta residencial. Y los pocos pisos que hay disponibles en el mercado son, sencillamente, inaccesibles.

En cualquier caso, dejemos que sean María Jesús y Javier quienes nos cuenten su historia “¿Que cómo fue que pasamos el confinamiento en un coche? Yo llevo dos años y medio en la calle y mi compañero, tres. Y el coronavirus nos cogió en el coche viviendo”. De esta manera resume el proceso María Jesús Romero Baladés, de 48 años, madre de dos hijos, uno con 19 y otro con 14. El pequeño vive con su padre. Ella dice estar luchando por recuperar su custodia.

“Claro que hemos recurrido a los Servicios Sociales, pero no nos dan solución. Para conseguir un alquiler en Cádiz tienes que tener un fiador, tienes que tener nómina… y los administradores de fincas no ayudan… no he tenido ayuda ninguna”. María Jesús asegura que acumula 22 años cotizados. “He trabajado de todo: de limpiadora, de camarera en bares, en un gimnasio como monitora de zumba… he hecho muchas cosas, pero ahora no sale nada, y no es por qué no lo esté buscando”.

Su compañero, Javier Canales Galindo, de 46 años, dice haberse empleado sobre todo en la construcción. “Hemos intentado alquilar una casa, pero siempre te piden nómina y fiador”, insiste… “Yo desconocía esas cosas porque siempre he vivido con mi madre. Hasta hace tres años, que falleció y me vine a Cádiz –Javier es valenciano– Y fue aquí, en la calle, donde conocí a María Jesús... Intenté alquilar una casa, sobre todo por ella, porque yo no tengo hijos, pero no ha habido manera…”

“Tanto María Jesús como yo hemos dormido algunos días en Capuchinos –el centro de acogida municipal– pero allí sólo puedes estar un par de semanas... Aquí no se funciona como en otras comunidades autónomas, donde si cumples con un determinado perfil, te llevan a pisos de acogida, y desde allí buscas empleo y vas saliendo de la calle… aquí no hay nada de eso”, lamenta Javier.

“Cuando llegó el confinamiento la Policía Nacional, la Local, la Guardia Civil y hasta el Ejército nos dijeron que no podíamos estar en el coche. Oiga, que nosotros vivimos aquí, que no tenemos vivienda, les contesté... Y nos mandaron a Elcano. Pero allí nos dijeron que no había hueco... Eso sí, algo de comida sí que nos dieron... Y de vuelta al coche... Nosotros hemos estado durmiendo en el suelo pelao en el Teatro Pemán, luego compré una tienda de campaña y con la ayuda de una hermana pude hacerme con el coche por 1.900 euros..."

"Habíamos dormido en la Zona Franca; en la playa, en invierno, duchándonos con agua helada... no es lo mismo contarlo que vivirlo... y el coche parecía mejor... Y todo esto, yendo a Procasa y al Ayuntamiento, que he presentado varias instancias rogando que, por favor, nos ayudaran y hasta me he puesto de rodillas...”

María Jesús está pendiente de que la evalúen por una discapacidad y Javier no pierde la esperanza de que se la concedan y de que “Procasa se pronuncie”. Mientras tanto seguirán durmiendo en el mismo coche donde pasaron el confinamiento.

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