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Muere una mujer víctima de violencia de género en Olvera

¿Colonoscopia? ¿Para qué?

Káncer

Le insistí de una forma directa porque me gusta que me hablen claro, sobre todo cuando se trata de la vida, de mi vida: "¿Es cáncer?" l Me dieron quimioterapia. Profiláctica, me dijeron. Fue soportable, pues me hicieron creer que ya estaba curada y que moriría de otra cosa diferente

27 de julio 2009 - 01:00

Acababa de celebrar mi cumpleaños, cuarenta y uno. Pensé que me había sentado mal algo que comí en la cena, pues a media noche me despertó un dolor de vientre insoportable. Tras visitar al excusado, un despeño diarreico me alivió mi dolorida barriguita (raro en mí, que siempre he sido estreñida). Me fumé un cigarro después de aliviarme (no me quito de fumar porque me encanta, a pesar de la vara que me da mi marido advirtiéndome del riesgo estadístico de padecer cáncer). Decidí una vez más ir al médico a revisarme, pues creo que además tengo hemorroides (deben ser internas, pues a pesar de sangrar esporádicamente por tan natural orificio, no me observo anormalidades externas que me incomoden, en el sentido erótico de la palabra)

No esperé mucho tiempo, sobre todo porque este dichoso sangrado no terminaba de resolverse a pesar de algunos tratamientos antihemorroidales que había utilizado. Mi médico de cabecera, barajó los síntomas de mi historia clínica: dolores de vientre frecuentes, sin relación con la regla, sangrado rectal mal atribuido a "hemorroides internas" o posible pólipo, dieta rica en carne (me encanta la carne roja, poco hecha), el jodido tabaco, el estreñimiento habitual contrastado con diarrea, que siempre he atribuido a comilonas festivas… en fin, que me convenció para enviarme al especialista de digestivo con la recomendación de practicarme una colonoscopia para "descartar patología tumoral", según escribió en el volante (me quiso aliviar diciéndome que "tumoral es todo, incluso los pequeños pólipos benignos que se quitan sin más").

Me tumbé en la camilla de costado izquierdo, con las piernas encogidas y tras una sedación profunda, me metieron por detrás un tubo flexible, como un dedo meñique de grueso. Parecía un gusano que me invadía a través del intestino.

Como siempre, no me dieron mucha información. El Dr. Montero, cuya mano experta dirigió el "gusano explorador" por mis recónditas entrañas me dijo: "Carmen, te he tomado una biopsia de una pequeña lesión exofítica en el colon ascendente, es como una pequeña verruga en la pared intestinal. Espero tener pronto la anatomía patológica".

Le insistí, de una forma directa, porque me gusta que me hablen claro, sobre todo cuando se trata de la vida, de mi vida: "¿Es cáncer?", le pregunté. Se quedó pensativo un momento, no por dudar de lo que había visto, sino de cómo decírmelo. Trataba de encontrar una palabra liviana soportable. Me salió hábilmente por peteneras diciéndome: "Parece una lesión incipiente, pequeña, que no obstruye la luz intestinal. Distinto sería que hubiese ocasionado una obstrucción intestinal. La detección temprana, que sería tu caso, tiene una tasa de curación de casi el 100%, pero creo que estamos hablando por hablar, esperemos el resultado, porque somos humanos y podemos equivocarnos".

A partir de aquí, a pesar de querer disimular y hacerme la fuerte, se convirtió en una pesadilla. Primero hice lo que todos los que cruzan esta línea: documentarme disimuladamente. El médico tenía razón, pues la tasa de supervivencia era solo del 65% si se había diseminado y solo de un 8% si invadía los órganos vecinos. Así que esperé ansiosamente, preocupándome más por el grado que por el diagnóstico, que ya me lo habían dicho de alguna manera.

A los pocos días me lo confirmaron y comenzó el calvario: Análisis de sangre (marcadores tumorales), ecografía, tomografía axial computarizada (TAC) para ver si el hígado estaba tocado y, como no, una resonancia magnética nuclear para descartar invasión de cerebro y médula. Con la radiografía de tórax descartaron lesiones en pulmón y con el PET (tomografía por emisión de positrones), descartaron metástasis a distancia. Indudablemente no me pude quejar de la Sanidad que tenemos, creo que es la mejor del mundo, aunque a veces nos quejemos por cosas intrascendentes. En estos momentos es cuando le das sentido a los impuestos.

Después de un preoperatorio de rutina, entré en quirófano. El Dr. Del Castillo seccionó mi maltrecha tripa y separando el dañino fragmento me la restauró con la pericia profesional que le caracteriza.

Me dieron quimioterapia, profiláctica según me dijeron. Lo cierto es que fue soportable, pues me hicieron creer que ya estaba curada y que moriría de otra cosa diferente. Aún me lo sigo creyendo, pues llevo ocho años haciéndome controles y sintiéndome cada vez más segura con las personas que me ayudaron. Nos han educado sanitariamente a las mujeres a revisarnos en el ginecólogo cada año y yo añadiría que deberíamos fomentar esta costumbre con el especialista en digestivo, porque indudablemente el pronóstico es diferente si la enfermedad es incipiente.

Dejé de fumar, cambié la dieta y la forma de vida… y ¡me siento viva!

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