Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
Oficios Peluquería
Después de 50 años buscándose la vida con las tijeras a Pedro Barroso, el conocido peluquero de la calle Ciudad de Santander, le ha llegado el momento de la jubilación. A sus 67 años deja al frente del negocio a su hijo Juan que, con Luis Castro como empleado, afronta esa responsabilidad, para la que su padre le aconseja que es fundamental "la profesionalidad y la discreción".
Se inició en el oficio en Paterna de Rivera, su pueblo natal, en la barbería de un tío suyo. A los 17 años, por mediación de sus padres, se trasladó a Cádiz, donde ya vivía una hermana suya casada, concretamente en el callejón de San Andrés. Entró a trabajar en La Higiénica, de Nicolás González, en la cuesta de la calle Sacramento, frente al desaparecido Teatro Andalucía.
Llegó a la capital sabiendo cortar el pelo y afeitar pero al lado de Nicolás, al que considera su maestro y del que dice que revolucionó la peluquería, aprendió lo que entonces se denominaba el "esculpido a navaja", una técnica que trajo de Barcelona y que fue Cádiz la primera capital andaluza en la que se implantó. Recuerda que costaba 25 pesetas, un precio alto cuando en 1960 el sueldo base era de 60 pesetas.
En 1964 Nicolás cambia el negocio a un nuevo local en la confluencia de las calles Javier de Burgos y Barrié, en el que incorpora mujeres para el servicio de manicura y lavado de cabeza, otra novedad en esa época, y cinco años después lo nombra encargado de su nueva peluquería en extramuros, concretamente en la calle Santa María de la Cabeza.
Poco después se casó con Dolores Rodríguez, onubense de nacimiento, con la que ha tenido dos hijos, Juan y Pedro, que le han dado cinco nietos, dos de ellos varones.
En el Nicolás de Puertas de Tierra Pedro Barroso se mantuvo hasta el año 1980 en el que decidió independizarse y adquirió a Manuel Casanova el actual local en la calle Ciudad de Santander, donde lleva 30 años y en el que también trabajó su hermano Francisco.
Su pasión por el fútbol y por el Cádiz se nota cuando cita entre sus primeros clientes a futbolistas de los 60, en la época de Francisco Márquez Veiga, como Samper, Portu, Campón o Santiago y también a Manuel de Irigoyen.
Tampoco olvida entre su nutrida clientela a fiscales y jueces de la Audiencia Provincial y médicos del Hospital Puerta del Mar, aunque confiesa que por su habitual discreción desconoce los nombres de muchos de ellos. "Yo no pregunto", afirma.
Reconoce que si volviera a nacer se dedicaría al mismo oficio, "porque me ha ido bien y porque me ha servido para conocer a mucha gente". Apunta que una vez jubilado, oficialmente desde el pasado día 1, le gustaría colaborar con alguna ONG.
También te puede interesar
Lo último
Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
No hay comentarios