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Capeadores del temporal

Profesionales La inundación en el recuerdo

El suboficial jefe del Parque de Bomberos de Cádiz, Juan Carlos Rojas, rememora las intensas horas que vivió el pasado sábado, 11, como consecuencia de la tormenta

El gaditano Juan Carlos Rojas (en la fila de abajo el segundo por la derecha), junto a sus compañeros del Parque de Bomberos.
Beatriz Estévez / Cádiz

19 de octubre 2008 - 01:00

Recibió la llamada de un compañero a las 2:15 de la madrugada del pasado sábado y no regresó de nuevo a su domicilio hasta la 1 de la madrugada del día siguiente. "Estaba libre ese día, pero me apeteció mucho. Me tira mi profesión. Me encanta". Tras este prólogo, el suboficial jefe del Parque de Bomberos de Cádiz, Juan Carlos Rojas, se zambulle en el recuerdo del temporal que azotó Cádiz el pasado día 11 y al que tuvo que enfrentarse junto a otros 17 compañeros.

La primera actuación que ese noche realizó este bombero fue en la calle Portería de Capuchinos, donde ayudaron a rescatar a un matrimonio mayor -él impedido- que se había quedado atrapado en su anegada vivienda.

Y tras esta intervención, vino otra, y luego otra, y otra, y otra hasta sumar unas 80 registradas y muchas más que fueron surgiendo por el camino. "No llegó a ser una situación dramática, pero sí se vivieron muchos momentos dramáticos", asegura este profesional de 48 años que lleva 27 ejerciendo su profesión. Y se atreve a firmar que esta emergencia ha sido una de las más importantes que ha vivido y, sin duda, "la que más repercusión social ha tenido" en Cádiz.

No obstante, también afirma que los efectos de este temporal podían haberse mitigado con "una política preventiva y de mantenimiento, que es muchísimo más barata que arreglar ahora lo estropeado, y con la que también se evitaría que situaciones como ésta tiren por tierra la sensación que tenemos de que aquí vivimos tranquilos y totalmente seguros".

Una treintena de garajes se han visto afectados por la intensa lluvia, y en algunos de ellos, como el de Santa Ana, los bomberos han tenido que achicar agua durante 30 horas. Un simple badén a la entrada, una bomba de impulsión, y una poceta por debajo del nivel de propio aparcamiento habrían reducido considerablemente, según Rojas, los efectos del temporal en estos recintos. "Se pueden mejorar cosas. Aún queda mucho por hacer", insiste.

A otra conclusión a la que ha llegado tras lo vivido el pasado sábado es que aún hay gente que se moja por el prójimo. "Fue muy gratificante ver cómo se ayudaban unos vecinos a otros y también personas que no se conocían entre sí. Esas imágenes me sirvieron para recuperar un poquitín esa sensación de fraternidad, de compañerismo.... de ayudar y auxiliar al otro sin más".

E igual de gratificante e incluso más le resultó la sonrisa con la que una vecina de la calle Cruz asumió que debía abandonar su casa como consecuencia de dos vigas podridas. "Aceptarlo con esa sonrisa y esa dulce resignación es algo que me llegó al alma", recuerda el bombero.

Pero no todos los afectados supieron o pudieron poner al mal tiempo buena cara, y es algo que "perfectamente" entiende Juan Carlos. "Cuando tu principal problema es que tu coche está desapareciendo bajo el agua, lo que quieres es que alguien te lo solucione y no piensas que hay otras personas en peor situación y que los bomberos debemos priorizar". Por ello, disculpa los malos modos y las exigencias de algunos ciudadanos. "En estos casos todo se desborda", justifica.

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