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Cádiz| La crisis del coronavirus Atrapadas en la otra punta del mundo

  • Elena y María Luisa, dos amigas jubiladas de Cádiz y San Fernando, se fueron a principios de marzo a hacer el viaje de su vida a Nueva Zelanda y ahora están confinadas en un apartamento que han tenido que alquilarse allí

  • Intentaron adelantar su vuelta y le han cancelado varios vuelos. De momento, tienen billete para el 16 de abril y esperan que ese día al fin puedan volver a casa, aunque no las tienen todas consigo

Elena y María Luisa en Hobbiton, el pueblo de los Hobbits que se construyó para la película ‘El señor de los anillos’. Elena y María Luisa en Hobbiton, el pueblo de los Hobbits que se construyó para la película ‘El señor de los anillos’.

Elena y María Luisa en Hobbiton, el pueblo de los Hobbits que se construyó para la película ‘El señor de los anillos’.

Salieron el 2 de marzo de Cádiz para hacer el gran viaje de su vida y ahora se encuentran atrapadas en la otra punta del mundo, confinadas en un apartamento que han tenido que alquilar y sin certeza de cuándo podrán volver a casa.

Elena López Torres y María Luisa Martínez Lafuente son dos amigas de Cádiz y San Fernando que habían preparando un gran viaje para cuando se jubilaran: una ruta en autocaravana por Nueva Zelanda. "Teníamos mucha ilusión en este viaje, que esperábamos desde hacía 5 años. Pensábamos hacerlo cuando las dos estuviéramos jubiladas y en las fechas mejores, que, según nos habían dicho, era el mes de marzo", relata Elena en una conversación por whatsapp con este periódico.

Dice que Nueva Zelanda les atraía mucho "por la espectacularidad de sus paisajes y sus grandes espacios abiertos. Iba a ser el viaje de nuestra vida, de un mes de duración".

Desde octubre de 2019, estuvieron planificando los sitios que iban visitar y concretaron el alquiler de una autocaravana y los vuelos Madrid-Nueva Zelanda. "Salimos de Cádiz el 2 de marzo, en España había muy pocos casos de coronavirus entonces y nunca pensamos que la situación iba a ir a más", reconoce.

El 4 de marzo llegaron a Auckland, en la Isla Norte. Al día siguiente, recogieron la autocaravana e iniciaron su recorrido: "El día 11 cruzamos el Estrecho de Cook en un ferry y llegamos por fin a la Isla Sur, la que más nos interesaba". Mientras tanto, las noticias que les llegaban de España resultaban cada vez más preocupantes. "Cuando estábamos en la zona de los glaciares, el Gobierno español anunció que iba a cerrar fronteras. Emirates Airlines nos escribió cancelando nuestro viaje de vuelta previsto para el 3 de abril, pues habían dejado de volar a España. Puestas en contacto con la embajada, nos aconsejaron regresar cuanto antes. Dijimos adiós a todo lo que ya no íbamos a ver y condujimos hasta Christchurch. Devolvimos la autocaravana 15 días antes de lo previsto, sin recuperar lo que habíamos pagado por el mes entero". Y tuvieron que alquilarse un apartamento donde vivir hasta poder regresar a España y del que llevan varios días sin salir, tras decretarse el confinamiento también en Nueva Zelanda.

Tras devolver la autocaravana, fueron inmediatamente al aeropuerto para hablar con Emirates Airlines con objeto de que les dieran una fecha alternativa de vuelo. "Nos remitieron a un número de teléfono, éste a una web y la web a ninguna parte. Finalmente conseguimos cambiar el vuelo, una de nosotras iría a Niza el 24 de marzo, la otra a Ámsterdam el 26. Estos dos vuelos también fueron cancelados, y Emirates anunció que no volvería a volar a Europa hasta finales de mayo".

Elena y María Luisa en el glaciar Franz Josef, en la Isla Sur de Nueva Zelanda. Elena y María Luisa en el glaciar Franz Josef, en la Isla Sur de Nueva Zelanda.

Elena y María Luisa en el glaciar Franz Josef, en la Isla Sur de Nueva Zelanda.

Desde la embajada les dijeron que Qatar Airways seguía volando a España y el día 23 de marzo compraron un nuevo vuelo a Madrid con esta compañía para el día 27. El vuelo salía de Auckland, en la Isla Norte, e incluía el vuelo interno Christchurch-Auckland. Por este billete pagaron casi 2.000 euros cada una. Ese mismo día, la primera ministra de Nueva Zelanda decretó el nivel 3 de alarma por coronavirus (tenían ya 100 casos confirmados) y anunció que en 48 horas pasarían al nivel 4, que implicaba confinamiento y restricción total de movimientos. Eso les impedía volar a Auckland, por lo que tuvieron que devolver los billetes.

Señalan que como la embajada continuaba aconsejando que regresaran cuanto antes, y la única aerolínea que volaba a España era Qatar Airwais, compraron un nuevo billete para el 6 de abril, "con la esperanza de que la presión internacional hiciera mella en la firme decisión del Gobierno neozelandés de prohibir los vuelos internos", confiesa Elena. Por este vuelo pagaron unos 1.700 euros cada una. A los pocos días, Qatar Airwais anunció que a partir del 5 de abril dejaba de volar a España. Otra vez se veían sin poder coger su avión. Pero consiguieron un cambio de billete para el 16 de abril: un vuelo Auckland-Frankfurt (con Qatar Airwais) y luego Frankfurt-Madrid (con Lufthansa), sin saber si podrían cogerlo, pues la única manera de llegar a la Isla Norte era en avión.

El pasado jueves 2 de abril, el gobierno de Nueva Zelanda permitió vuelos domésticos para los extranjeros que quieran salir del país y a día de hoy ya tienen el billete Christchurch-Auckland.

"Esperamos ilusionadas que no surjan nuevos obstáculos que nos obliguen a seguir alargando nuestra estancia aquí", afirma Elena, añadiendo que a estas alturas "nos sentimos agotadas. Ha sido una montaña rusa continua, según los países cerraban fronteras, los vuelos eran cancelados y Nueva Zelanda anunciaba también el próximo cierre de sus fronteras. Pensábamos que íbamos a tener que quedarnos aquí varios meses, y enlazar el otoño que es aquí con el invierno. Y aún no estamos seguras de que podamos salir. Esperemos que sí".

Elena quiere trasmitir su agradecimiento a la Embajada de España en Nueva Zelanda "que en todo momento han estado respondiendo llamadas y correos, informando, aconsejando, intentando solucionar problemas, transmitiendo tranquilidad y, por lo que a nosotras respecta, haciendo que nos sintiéramos escuchadas y apoyadas". También a todos sus familiares y amigos que les han ofrecido su apoyo moral y económico, destacando a sus hermanos, "que han asumido la tarea de ocuparse de nuestros padres en exclusiva, y, por encima de todo, a nuestras respectivas hijas, Raquel, María y Ana, que desde sus diferentes lugares de residencia han mantenido interminables conversaciones con aerolíneas, nos han ayudado a encontrar alojamiento y billetes y a resolver muchos de los problemas cotidianos que no paraban de surgir".

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