Bombas en las calles de Cádiz

Historias de Cádiz

Un artefacto hizo explosión, en 1920, en la plaza de la Reina causando lesiones a varias personas

Detención de numerosos trabajadores del sindicato de la Construcción

Plaza de la Reina, en la Viña, con el edificio de la Audiencia Provincial
Plaza de la Reina, en la Viña, con el edificio de la Audiencia Provincial / Archivo
José María Otero

01 de enero 2021 - 06:00

La entrada del año 1921 en nuestra ciudad, hace ahora cien años, fue tremendamente agitada. Durante la Nochevieja, la policía efectuó una extensa redada deteniendo a más de cuarenta hombres sospechosos de estar relacionados con la colocación de algunas bombas, entonces denominadas petardos, durante el último trimestre de 1920. La mayor parte de ellos eran obreros relacionados con el sindicato de la Construcción.

Durante el último semestre de 1920, toda España vivió un clima de agitación social y Cádiz no fue una excepción. El 8 de septiembre de ese año, fue colocado un pequeño artefacto explosivo en una ventana del domicilio y oficinas del naviero Antonio Millán, presidente de la Patronal. Afortunadamente no hubo daños personales y solamente se produjeron desperfectos en el edificio.

Mucha mayor importancia y repercusión tuvo la bomba colocada en las oficinas y almacén de Manuel Maure, en el centro del barrio de la Viña, en la plaza de la Reina, el 30 de diciembre de 1920. El artefacto estaba relleno de proyectiles y la explosión causó heridas a un operario de Maure, a su yerno y a una niña que pasaba por los alrededores. El gobernador civil, Javier Bores, ordenó la detención de numerosos sindicalistas e infinidad de registros domiciliarios. La operación policial descubrió la existencia de un pequeño grupo de obreros de la construcción que se autodenominaba ‘Grupo Rojo’ y que tenía la idea de realizar varios atentados, siendo el primero de ellos el cometido en la yesería de la Viña, propiedad de Manuel Maure.

Durante los días siguientes, el gobernador anunció la conexión de este grupo con elementos anarquistas de la provincia, procediendo a la detención en Medina Sidonia de Rufino Gil, que confesó ser autor del atentado realizado en la plaza de la Reina. El gobernador anunció, a través de Diario de Cádiz, que la policía gaditana había sido felicitada por el Gobierno y que toda la documentación había sido enviada a Madrid por si estos grupos estaban en connivencia con otros de la península.

Mientras proseguía la investigación, llegaron las fiestas de Carnaval. El gobernador civil, temiendo alteraciones de orden público o la comisión de delitos usando máscara o disfraz, ordenó la supresión de las fiestas y limitando el Carnaval al interior del parque Genovés.

En este ambiente, solamente cinco grupos carnavalescos solicitaron permiso para cantar en el interior del parque, Los compositores filarmónicos, Los esclavos rojos, Suárez y sus manganelis, El bicarbonatopiano y Los intelectuales rusos. Según las crónicas de Diario de Cádiz, solamente el grupo de Suárez y Los compositores filarmónicos tenían algo de calidad.

Aviso del Gobernador publicado en Diario de Cadiz
Aviso del Gobernador publicado en Diario de Cadiz / D.C.

Pero el bando del gobernador solamente sirvió para que descendiera la animación. Muy pocos gaditanos acudieron al parque y la mayor parte de los vecinos decidieron seguir paseando por la calle Ancha y plaza de San Antonio, donde, incluso, se vieron algunas máscaras que desafiaban abiertamente la prohibición. El gobernador, viendo el poco éxito de su bando, decidió el domingo de Carnaval permitir que las comparsas y los disfraces pudieran recorrer libremente las calles de la ciudad.

Restablecido el orden público y desarticulado el grupo anarquista, la población de Cádiz recobró su habitual tranquilidad, si bien el gobernador Bores fue protagonista de otro suceso singular, pocos días después del Carnaval. En un carruaje había acudido a almorzar al restauranteVista Hermosa. Al regresar al centro de la ciudad, a la altura de la calle Trille, unos desconocidos dispararon contra el coche del gobernador. Bores resultó ileso, pero el cochero recibió una perdigonada en un ojo.

La policía, a pesar de realizar intensas averiguaciones, no pudo descubrir a los autores del atentado. Algunos opinaron que no se había tratado de atentado alguno, sino que el carruaje del gobernador había recibido algunos perdigones procedente de las escopetas de los cazadores que abundaban en Extramuros. Cualquiera sabe.

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