Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
Sólo en lo que va de año la máquina quitapintadas, que depende de la delegación municipal de Medio Ambiente, ha tenido que hacer cerca de 250 actuaciones para eliminar los grafitis. Y eso que ésta sólo actúa en aquellos lugares donde los edificios están revestidos de piedra ostionera y en los monumentos, estatuas, etcétera. A esta cifra hay que añadirle las que son competencia de Mantenimiento Urbano (200.000 euros gastados el pasado año), que lo hace sobre aquellos lugares en los que la pintada se elimina simplemente con pintura. Y una tercera pata es la cuadrilla que se ha creado con el Plan Inserta.
El Ayuntamiento de Cádiz está un poco harto de andar deshaciendo lo que a la mañana siguiente vuelve a estar pintado. Si bien en la mayoría de las ocasiones estas acciones vandálicas quedan impunes, el equipo de Gobierno sí quiere que a los que se les coja conozcan de primera mano lo que cuesta eliminar una pintada.
En este sentido, se va a proponer que los grafiteros que sean sorprendidos se vean obligados a realizar trabajos comunitarios, que en este caso consistirían en eliminar sus propias pintadas o ser incluidos en las cuadrillas municipales que se dedican a estos menesteres.
Ya se da un caso parecido en el caso de las multas de tráfico en ciclomotores, para aquellos que son insolventes. En este caso se les obliga a realizar diversos trabajos comunitarios para pagar su deuda.
Como dice la teniente de alcaldesa de Medio Ambiente, Paloma Bordons, “pensamos que lo más inteligente es actuar con pedagogía y que los autores vean las consecuencias que tienen sus actos”.
Las ordenanzas actuales establecen multas entre los 100 y 750 euros cuando se considera una falta leve, es decir, cuando al individuo en cuestión se le ha sorprendido una sola vez. Si es reincidente, la falta pasa a ser grave y ya se sitúa entre los 751 y los 1.500 euros. Si esta persona ya es habitual en estos actos, empieza a ser muy grave y puede tener multas que llegan hasta los 3.000 euros.
El equipo de Gobierno ha constatado que hay más pintadas en extramuros que en intramuros, pero en esta zona se hacen notar aún más.
La idea no es sólo incluir este tipo de castigos en la ordenanzas, sino que también ya se ha propuesto hacer un sólo texto de las normas de parques y jardines (que está actualmente en redacción), la de playas (que está aprobada inicialmente) y la de Limpieza, que ya se encuentra en vigor.
Pero por encima de las sanciones, el equipo de Gobierno vuelve a incidir a los ciudadanos que llamen a la Policía Local tan pronto como vean estas actitudes incívicas, bien sea por las pintadas o por el destrozo del mobiliario urbano.
Precisamente, esto ha hecho posible que hace unos días se pudiera denunciar a dos menores que habían realizado pintadas en las murallas de San Carlos y cuya firma ha estado presente en otras muchas a lo largo de la ciudad, como la que ilustra esta página.
Otras tres personas, dos de ellas también menores, fueron denunciadas poco después de haber partido varios espejos retrovisores en la zona de la plaza de España y un par de farolas del alumbrado público.
La teniente de alcaldesa de Medio Ambiente, Paloma Bordons, asegura que “no reparamos esfuerzos para eliminar esta lacra”. Así, afirma que una cosa son grafitis como los que van a decorar el edificio de la Báskula, que es una forma de creación artística, y otra muy distinta plasmar una firma o hacer garabatos sobre edificios protegidos y murallas”.
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