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Arbolí y la torre de la Catedral de Cádiz

Historias de Cádiz

Encargo de piedras para la obra a las canteras de Medina Sidonia l Confusión del arcipreste asidonense tras recibir la petición del prelado de la diócesis gaditana

Construcción de la torre de Poniente de la Catedral de Cádiz / Archivo
José María Otero

14 de marzo 2021 - 07:00

Al morir el obispo fray Domingo de Silos Moreno, en 1853, la Catedral de Cádiz estaba aún por terminar. Además del coro y el presbiterio, era necesario acabar la construcción de la torre de Poniente y dotar a la basílica de otros elementos esenciales. Unos 20.000 duros, una cantidad elevadísima para la época, eran necesarias para concluir las obras. De ello se encargaría el sucesor de Silos Moreno, el obispo Juan José Arbolí y Acaso.

El nuevo prelado había nacido en la gaditana calle Pasquín, en el seno de una familia muy humilde el 29 de octubre de 1795. Fue su protector el famoso Magistral Cabrera, que vio en el niño Arbolí una extraordinaria inteligencia y grandes aptitudes para la vida sacerdotal. Arbolí, tras estudiar en nuestro Seminario, ocupó diversos cargos eclesiásticos en nuestra diócesis y fue nombrado vicario general por Silos Moreno. En 1851 fue designado obispo de Guadix y, poco después, en 1854, obispo de Cádiz.

Obispo Arbolí / Archivo

En cuanto tomó posesión de la diócesis, Arbolí convocó a las ‘fuerzas vivas’ de la ciudad al objeto de recaudar fondos para terminar las obras de la basílica. Fue formada una comisión de la que formaban parte, junto al alcalde Urrutia, los vecinos Juan de Dios Lasanta, Plácido García, Francisco Vanhert, José de la Viesca y Gómez, Julián López,Manuel Ruiz Tagle, Rafael Méndez y Benito Picardo. Arbolí y la comisión consiguieron recaudar fondos y traer a Cádiz el coro de la Cartuja de Sevilla y que la Reina Isabel II aportara una importante cantidad para la construcción del Tabernáculo.

Pero la principal preocupación del obispo Arbolí era la terminación de la torre de Poniente, obra que llevaba personalmente. Recaudado los fondos necesarios, Arbolí encargó al arcipreste de Medina Sidonia, José María Navarro, la compra de piedras de una determinada cantera de aquella población. Navarro conocía que la cantera elegida por Arbolí era de muy mala calidad y que no serviría para la construcción de la torre. Pero, obediente y subordinado, no se atrevió a comunicar dicha circunstancia al obispo. Antes al contrario, escribió al prelado la siguiente carta, “Muy acertada me ha parecido la elección realizada por Su Señoría Ilustrísima. En cuanto regrese el dueño de la cantera a Medina cumpliré el encargo que ha tenido la bondad de encomendarme”.

A continuación el sacerdote de Medina escribió otra carta a su íntimo amigo Antonio Millán Varela, auxiliar del obispo de Cádiz. En esta carta el obediente cura dio rienda suelta a su opinión sobre el encargo recibido: “Tu señor Obispo entenderá mucho de Teología, de Filosofía y de todas las ciencias habidas y por haber. Pero en esto de elegir piedra para la torre de la Catedral entiende lo que yo de poner banderillas a un toro. ¡Dios nos asista! Me encarga piedra de la cantera de N. y al año de colocarla en la torre se hará añicos y ¡cataplum! ¿Pero quién le pone el cascabel al gato? Absit. No seré yo quien lo haga. A estos señores hay que decirles amén a todo. No lo entiendo. Encarga piedras tan malas cuando tiene al lado las piedras de la cantera de La Laja, de gran calidad, que se la ponen en el embarcadero de Chiclana y sale mucho más barata. Es el colmo. Pero al fin...debe ser cosa de sabios”.

Pero a la hora de introducir las cartas en sus respectivos sobres, el cura de Medina sufrió un tremendo despiste y Arbolí recibió la carta enviada a su auxiliar y éste la remitida al prelado.

El obispo de Cádiz, tras abrir la carta y leer las críticas, decidió no darse por aludido y escribió una nueva misiva al arcipreste de Medina pidiéndole que olvidara el encargo anterior y que concertara la compra de piedras en la cantera de La Laja, “ya que tengo entendido que es de excelente calidad y a muy buen precio”. Ninguna referencia a las críticas recibidas.

El sacerdote y escritor José María León y Domínguez, en sus ‘Recuerdos Gaditanos’, tras mencionar la anécdota anterior recuerda haber visto en los Boletines Eclesiásticos de la época varias anotaciones relativas a la efectiva compra de piedra de la cantera de La Laja. El error del arcipreste de Medina salvó a la Catedral de Cádiz de un importante desastre.

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