Coronavirus en Cádiz Adolescentes: Confinados pero conectados

  • Varios jóvenes explican cómo llevan el confinamiento en un momento de sus vidas en que estar en la calle con sus amigos es algo fundamental para su desarrollo personal

  • Clases on line y video llamadas y tecnología llenan sus días a la espera de que pase la tormenta vírica

Los adolescentes tampoco lo están pasando bien con el confinamiento.

Los adolescentes tampoco lo están pasando bien con el confinamiento.

El mundo se ha vuelto del revés en un abrir y un cerrar de ojos. Desde que el paciente cero de la pandemia desarrolló el Covid-19 en aquel lejano mercado de animales salvajes de Wuhan un 17 de noviembre hasta el momento actual, en que el 90% de la población mundial vive confinado, los acontecimientos se han precipitado. Miles de víctimas, más de un millón de contagiados confirmados y otros muchos asintomáticos. Es una realidad de la que no escapa ningún tramo de la población. Es mucho lo que se está hablando de los ancianos, las principales víctimas de este virus cobarde, y de los niños pequeños que no pueden pisar la calle. Pero ¿qué pasa con los adolescentes? Hay millones de jóvenes con las hormonas revolucionadas, en plena búsqueda del edonismo, con ganas de calle, de amigos y amigas, de explorar ese mundo que se les presentaba como una aventura inevitable y que ahora se les cierra. De pasarse la vida entre el instituto y las actividades extraescolares, entre deportes, horas de surf, sol, fútbol, reuniones en un banquito de la plaza de España con la complicidad de las sombras, a mantenerse conectados con el mundo exterior gracias a la tecnología apenas si ha pasado un suspiro. Lo mejor de todo es que nos están dando una lección de civismo y saber estar a todos. Aceptan la situación sin protestar, con solidaridad, conscientes de que ellos no están libres del bicho y son un vehículo fenomenal para contagiar a sus padres y abuelos, poniéndolos en riesgo. Así que confinados intentan no perder ese vínculo emocional recién adquiridos mientras a lo más que llegan es a preguntar, como esos niños pequeños en un viaje en coche, ¿cuánto queda? ¿cuánto queda? ¿queda mucho? A lo que los padres siempre tenemos la misma respuesta: Ya queda poco. Ojalá. A continuación le ofrecemos la experiencia de algunos adolescentes durante este confinamiento tan malaje.

Lola (14 años): “Todo empezó el día 14 de marzo, el día que volvía de Dublín. Al llegar a Cádiz mi padre me contó que me iba a tener que quedar en casa sin salir una buena temporada por culpa del coronavirus. Cuando me entere, para ser sinceros, no es que me lo tomara muy bien, pero con el tiempo me empecé a concienciar. Cuando dijeron que la cuarentena se iba a alargar un par de semanas no me gustó nada la idea, pero pensé que si lo alargaban era por nuestro bien. Ahora, al levantarme pienso: bueno pues un día menos, claro que hay veces que me levanto diciendo: Mamá ¿qué hay de comer? Ahora mismo estoy en el punto en que pienso que algún día volveremos a salir a la calle con normalidad y que volveré a estar los sábados en la playa de Cortadura con mis amigos. Eso es lo que me hace no desesperarme, el saber que algún día volverá a ser todo como antes”.

Pedro (15 años): “Con esto del confinamiento suelo hacer todos los días lo mismo, parece que soy un robot. Me levanto sobre las 11 de la mañana porque mi familia, en concreto mi madre, me abre la puerta de mi cuarto, abre las persianas y empieza a hacer ruido para que yo me levante. Voy a desayunar, unas tostadas y un colacao, viendo un vídeo de Semana Santa, que no se ha podido celebrar por el puñetero virus. Después, hago la tarea que nuestros profesores nos suelen poner. Sobre las 3 de la tarde almuero. Más tarde, tomo un poco el sol en la terraza, que si no vamos a estar más blancos que un oso polar cuando acabe esta pesadilla. Cuando vuelvo meriendo un buen tazón de cereales, y hago un poco de deporte entre las 6 de la tarde y las 7 y media, para que me dé tiempo a ducharme antes de aplaudir. A las 8 de la tarde salgo a aplaudir al personal sanitario con mi capirote puesto y una marcha procesional. Sí llevo fatal que hayan suspendido la Semana Santa, ya lo sé. Después juego con mis amigos un poco al pinturillo, al werewolf o la play, al NBA. Suelo cenar mientras juego con mis amigos. Y por último nanacoco. Me suelo ir a la cama sobre las una y media de la mañana, y hasta que me duermo pasa un buen rato.

El confinamiento lo estoy llevando regular, porque el pensar que este año no podré estar al lado de mi Virgen viñera y de mi gitano en Semana Santa, que no podré jugar al fútbol, y sobre todo que no podré estar con mis amigos, a los que echo mucho de menos, me agobia.

Tengo ya unas ganas locas de poder salir a la calle, pisar el Carranza e irme a la playa con mis amigos y mis amigas y darnos un bañito. Ole qué alegría más grande”.

Ana (18 años): “Estos últimos días se me están haciendo más duros, ya que aunque hable con mis amigos por vídeo llamada todos los días, echo de menos el arreglarme, el salir al instituto, salir por las noches de fiesta…

La parte positiva de todo esto es que ahora sí tengo tiempo para ver películas con mi familia, veo series que tenía atrasadas y estoy leyendo el libro de Pau Gasol que me está motivando mucho. Hasta ahora todas las mañanas tenía clases on line con mis profesores y las tardes las dedicaba a hacer la tarea, pero como estamos en Semana Santa, estoy un poco más aburrida.

Lo que más me preocupa de esta situación es mi PEVAU (Selectividad). Por ahora dicen que la vamos a hacer el 7, 8 y 9 de julio, pero como han ampliado la cuarentena, y se habla de que habrá más prórrogas, no sé si serán esos días seguros. Mientras tanto sigo estudiando. Otra cosa que me preocupa a mí, y a muchos jóvenes, son los viajes y conciertos que hemos estado planeando para nuestro verano antes de entrar en la Universidad. Yo tengo compradas las entradas para el concierto Puro Latino y para Leiva a finales de julio, no sé si se cancelarán o podrán celebrarse.

Espero salir pronto y que todo el mundo esté bien, mientras tanto mucha paciencia”.

Nerea (14 años): “Pues a ver lo estoy pasando medianamente bien, los días se me pasan volando y ni siquiera me he dado cuenta de que han pasado ya tres semanas. Estoy durmiendo y comiendo fatal. Hay días que me entretengo bastante y días en los que no hago nada y es un aburrimiento estar aquí encerrada, porque preferiría estar en la calle con mis amigos, aunque ahora estoy pasando más tiempo y haciendo más cosas con mi familia, ya que ahora tenemos tiempo todos, cosa que antes no pasaba. ¡Quiero salir ya a la calle! Echo de menos hasta el colegio, y antes me costaba ir”.

Nacho (15 años): “Esto del confinamiento lo estoy llevando como se puede llevar, con sus más y sus menos. Normalmente mi rutina es la siguiente: me levanto algo más tarde de lo normal y desayuno. Después juego a la play, al NBA o al Call of Duty. Después de comer suelo hacer la tarea que nuestros profesores nos mandan. La suelo terminar a las siete, si es que no hay mucha. A las ocho de la tarde siempre salgo a aplaudir al personal sanitario junto a mi familia. Pienso que este es el momento más entretenido del día, ya que un vecino nos pone música con su altavoz. Tras la cena, veo una película, una serie o sigo jugando a la play. Unas horas más tarde me voy a dormir y así espero que pase un día más, y otro. A ver cuando podemos recuperar nuestra vida”.

Alonso (15 años): “La verdad es que la cuarentena me pilló desprevenido al haber vuelto de Dublín. Aun así me adapté bastante bien. Lo peor es no poder ver a mis familiares y a mis amigos sin duda. Por otra parte está el tema de las tareas que recibimos prácticamente a diario, que me agobia un poco, ya que lo tenemos que aprender solos, los profesores lo mandan pero tenemos que hacerlas por nuestra cuenta y no siempre es fácil. Por lo demás tengo la incertidumbre de saber si esta situación se va a prolongar mucho más, porque cada vez dicen que van a poner otras dos semanas más de confinamiento”.

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