Barbadillo es mi vino
Contenido ofrecido por Bodegas Barbadillo
50 aniversario de un blanco de albariza pionero de los vinos del Sur
Hay vinos que nacen de la tierra y otros que nacen también del alma. Desde 1821, cuando Don Benigno Barbadillo regresó de México para fundar en Sanlúcar de Barrameda las primeras soleras de la casa, el apellido Barbadillo ha estado ligado al vino, a la palabra y a la emoción. Dos siglos después, esa historia familiar sigue viva en cada copa.
Barbadillo, apellido bodeguero
A Benigno Barbadillo le sucedió su hijo Manuel Barbadillo Díez, quien consolidó el proyecto bodeguero. Posteriormente, Antonio Barbadillo Ambrossy modernizó la empresa y afianzó su crecimiento. Su hijo, Manuel Barbadillo Rodríguez, poeta y bodeguero, dotó a la casa de una sensibilidad literaria que aún impregna su identidad. De él nació Antonio Pedro “Toto” Barbadillo Romero, creador e impulsor de Castillo de San Diego, el vino que cambió la historia del Sur en 1975. Hoy, bajo la presidencia de Manuel Barbadillo Eyzaguirre, sexta generación, la familia mantiene vivo ese espíritu pionero, mirando al futuro con los pies firmes en la albariza.
Y mientras la séptima generación crece entre botas centenarias, mares de viñas y vientos de levante y poniente, una misma frase resume dos siglos de historia, pasión y familia: Barbadillo es mi vino.
El blanco que cambió la historia
Hace cincuenta años, Toto Barbadillo se atrevió a soñar con un vino distinto. En una tierra acostumbrada a los generosos, imaginó un blanco joven, fresco, nacido del mismo Palomino Fino pero con un acento propio. Así nació Castillo de San Diego, el primer blanco de albariza, pionero del Sur. Un vino que hablaba con voz propia, alegre, luminosa y libre.
Aquel atrevimiento rompió moldes y abrió camino. Por primera vez, el vino andaluz se vestía de blanco y conquistaba el corazón de los españoles. En pocas décadas, pasó de ser una novedad audaz a convertirse en el vino blanco más vendido de España.
Pero más allá de su éxito comercial, Castillo de San Diego se transformó en un vino emocional: el recuerdo de un verano en el sur, de unas vacaciones bajo el sol, de una copa compartida frente al mar. Y, después, el reencuentro: ese instante en que se redescubre en un restaurante lejos de Andalucía, y el sabor devuelve la memoria de aquel amor de verano que nunca se olvidó.
Por eso, en su 50 aniversario, Barbadillo celebra no solo un vino, sino una forma de sentir. Una historia de constancia, de emoción y de fidelidad que se resume en cuatro versos eternos.
Vuélvete a enamorar
El origen de esta campaña está en un ripio escrito en el siglo pasado por Manuel Barbadillo Rodríguez, poeta y bodeguero, abuelo del actual presidente de la casa, Manuel Barbadillo Eyzaguirre, quien recordó su existencia: casi olvidado en la esquina de un azulejo a la entrada del Museo de la Manzanilla, bajo la imagen de una pareja bailando sevillanas y el histórico lema publicitario “Barbadillo es mi vino”.
“Me quisiste, me dejaste, me volviste a querer, pero el vino Barbadillo no lo dejo de beber”
Aquel verso, rescatado de la memoria familiar, inspiró el nuevo spot. Un puente entre generaciones que simboliza la fidelidad de un pueblo a su vino, el mismo que acompaña desde hace medio siglo sus brindis, sus viajes y sus emociones.
Porque hay amores que se van y regresan, pero Barbadillo siempre vuelve a quererse.
Cincuenta años mirando al futuro
Medio siglo después de su nacimiento, Castillo de San Diego sigue siendo un símbolo de innovación y arraigo. Barbadillo continúa elaborándolo con uvas seleccionadas de sus mejores pagos de albariza, con respeto por el entorno, energía renovable y técnicas sostenibles que miran hacia el mañana sin olvidar el ayer.
El vino ha evolucionado, pero su espíritu permanece intacto: el de un blanco nacido del Sur que refleja su luz, su mar y su forma de entender la vida.
Y así, mientras las nuevas generaciones aprenden a cuidar la tierra con la misma devoción con que sus antepasados escribieron su historia, hay un verso que sigue resonando en Sanlúcar de Barrameda y más allá:
Barbadillo es mi vino.
Y lo será, mientras haya quien brinde por lo vivido y por lo que aún queda por sentir.
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