"Soy impulsivo y nervioso pero reconozco que me va la marcha"

Ciudadanos de Cádiz

El ex concejal y ex secretario general del PSOE, Federico Pérez Peralta, cree que "el PSOE debería entrar en un gobierno de coalición en esta ciudad".

"Soy impulsivo y nervioso pero reconozco que me va la marcha"
"Soy impulsivo y nervioso pero reconozco que me va la marcha"
Melchor Mateo

10 de julio 2016 - 07:04

FEDERICO Pérez Peralta llega a la entrevista con una camiseta azul eléctrico que define perfectamente el estilo que tanto ha dado que hablar durante toda su trayectoria política. En la misma pone ‘Bum’, lo que ya anticipa que alguna bomba va a soltar en el diálogo que se debate entre los personal y lo político.

–Política, política y política. Toda su vida ha estado girando en torno a ella. Sin embargo usted iba para médico.

–Cuando terminé en Salesianos quise ser médico y estuve tres años estudiando Medicina en una época en la que había allí muy buenos catedráticos. Quería ser pediatra porque en unas prácticas con un cuerpo lo de la sangre no me hizo mucha gracia. Tengo que decir que estuve malo del riñón desde los 8 a los 18 años con una enfermedad que se llevaba a la gente por delante, pero en mi caso pude recibir un tratamiento experimental y me curé. Quizás esa proyección de los cuidados que recibí, del fantástico trabajo que hicieron conmigo, es lo que me hizo decidirme. Pero estuve sólo tres años porque la política me tiraba.

–¿Por qué sentía tanta atracción por ella?

–Yo muchas veces llegaba tarde a Salesianos porque me quedaba viendo el Telediario. En mi casa se hablaba de política y sobre todo lo hacía con mi abuelo materno, que había sido de la CNT. Hablaba mucho con él y discutíamos. Mi padre siempre me decía que tuviera cuidado. Así que llegó el momento en el que me afilié a Juventudes Socialistas en 1976, después de estar un montón de tiempo buscando en Cádiz a sus responsables. Me metí muy de lleno desde el principio asumiendo responsabilidades y poco tiempo después fui secretario en Cádiz de las juventudes.

–Usted se llegó a definir como un yonqui de la política. ¿Se ha curado de ese enganche o todavía tiene mono?

–La política la echo de menos pero los cargos no. Una cosa que he recuperado son mis amigos de promoción, poder leer, estoy mucho más tiempo con mi mujer y eso lo agradezco. Efectivamente era un yonqui de la política pero también me sentía como un cochino en un charco. Ahora es otra cosa y puede disfrutar de otros placeres.

–Pero no me puedo creer que usted se haya reformado del todo.

–Soy un patriota del PSOE y la verdad es que no me merece la pena ni conspirar ni hacer daño a mi partido. Estoy como los búhos, con los ojos abiertos y escuchando.

–Usted siempre ha sido una joya para los periodistas a la hora de entrevistarlo por los titulares que daba.

–Siempre he sido impulsivo y sincero y a veces he cometido excesos verbales. Una cosa que sí he respetado siempre son los temas familiares en asuntos de política. Soy impulsivo y nervioso, pero es que me va la marcha. No rehuyo el cuerpo a cuerpo pero tengo claro que al adversario político hay que respetarlo.

–Hombre, patadas en los tobillos le hemos visto a usted dar unas cuantas. No se ponga de santo.

–Me considero un ortodoxo de la heterodoxia. Yo siempre he asumido la responsabilidad. Me han dado y yo he dado y es verdad que muchas veces ha sido a través de un discurso duro. Pero las cosas se quedaban en el discurso y no me metía con la persona o con la familia de esta.

–En unas elecciones municipales recuerdo que cuando se ponía la profesión de cada uno de los miembros de la Corporación, la que aparecía en la suya era la de concejal. Digamos que usted fue un precursor de eso que se llama profesional de la política.

–Probablemente algo de verdad hay en eso pero no me he considerado un profesional de la política. No hay que avergonzarse por ello porque lo que hay es una vocación de servicio de lo público. Yo he vivido esto con mucho apasionamiento pero también me he perdido muchas cosas por ello. Reconozco que me molesté cuando vi eso en el folleto y no sé si fue una maldad o una gamba. No me he considerado un profesional pero si alguien lo piensa, quizás tenga razón, pero nunca he ejercido como un político profesional. Yo podría haber optado por otros puestos pero opté por el pizarrismo, por mis amigos de toda la vida.

–¿Cree que con la imagen que presenta usted ha conseguido crear una marca de usted mismo por esa manera de vestir, los calcetines, la manera de expresarse, el eterno joven?

–Creo que he marcado una impronta con una manera de ser desenfadada. Esa imagen que tengo no la he perdido ni la voy a perder. Me gustan los colores . Y cuando se refiere a los calcetines es que nunca me han gustado esos oficiales que se ven hasta los vellos. Al final te consideras diferente y te vistes con lo que te identificas. Con el tema de los calcetines, de niño te ponían los de Punto Blanco y las tórtolas y yo a mi madre le pedía que me los comprara de colores. Tengo muchísimos. Yo veo los calcetines como si fuera un cuadro. A mí el rollo hippie siempre me ha gustado mucho, lo de los pelos largos y todo eso, la crítica al sistema...

–O sea, que si usted tuviera 18 años ahora y se metiera en política, acabaría en Podemos.

–No. Nunca fui comunista. Hoy son comunistas, ayer anticapitalistas y pasado otra cosa. Cuando yo entré en el PSOE era marxista pero anticomunista. Yo no concibo el socialismo sin una sociedad libre. Ahora bien, sí creo que debe haber una colaboración entre el socialismo y el comunismo.

–¿Está usted lanzando algún mensaje subliminalmente?

–Aquí en la ciudad sí debería haber colaboración entre socialismo y comunismo, se llamen Podemos o como sea. Yo sí creo que el PSOE debería entrar en un gobierno de coalición tal y como están las cosas. Debería haber una colaboración sincera en base a un programa de trabajo parta poder despertar a esta ciudad del letargo en el que vive porque esta situación lo único que va a propiciar es que vuelva la derecha.

–¿Considera que la estrategia de su partido es equivocada?

–Claro. El PSOE tiene que pensar más en la ciudad y eso obliga a llegar a acuerdos de verdad. La estrategia es equivocada porque es un sí pero no, es como el perro del hortelano. Al final lo que llega es que tú lo pusiste pero tampoco lo echas.

–Con Carlos Díaz usted echó los dientes cuando entró a formar parte de su equipo de Gobierno en 1983.

–Tengo una imagen muy positiva de aquella época. Cuando entré en 1983 yo veía la política con la utopía del que te crees que eres capaz de cambiarlo todo. Yo al principio chocaba mucho con Carlos Díaz porque quería saltarme todo muy rápido. El tiempo te enseña a que la ideología tienes que acompasarla a los tiempos políticos y administrativos. Acabamos con una magnífica relación. Eran dos visiones distintas, el de los pelos largos que pensaba que éste era un carca y al contrario. De Carlos Díaz recuerdo como anécdota que era muy despistado. Una vez venía el alcalde de Las Palmas en una visita oficial y se decidió plantar un drago. Cuando volvimos al ayuntamiento, no encontraba las gafas y dijo que la última vez que las utilizó fue al plantar el árbol. Hubo que levantarlo y allí, en el boquete, se las había dejado.

–¿Y qué culpa tiene Federico Pérez Peralta de que no repitiera Carlos Díaz como candidato en 1995?

–Pues le diré que no solo no fui el culpable sino que fui un velador de Carlos Díaz. En ese momento tenía muy buen entendimiento con él. Las encuestas decían que íbamos a sacar siete concejales y se organizó una movida para cambiar al candidato. Mi posición era la de que continuara porque era el alcalde y como mínimo impediría la mayoría absoluta del PP, pero esa posición perdió y finalmente se optó por primarias entre Fermín Moral y Pepe Chacón.

–Y en la rebelión de los ocho en el último mandato, usted permaneció fiel al alcalde.

–Efectivamente. Los ocho concejales me llamaron porque querían quitarlo de en medio pero yo no quise participar en eso. Llamé a Carlos Díaz y le dije que querían darle un golpe de Estado. Esa crisis fue el punto de inflexión del PSOEen Cádiz porque se le hizo mucho daño a la marca y al alcalde.

–¿Ejerció usted de chivato?

–Eso no era un secreto de confesión y era una cuestión política porque querían llevarse por delante a un alcalde que había ganado por mayoría absoluta.

–Usted trató de dejar el relevo asegurado con Marta González y Fran González, pero al final los dos se revolvieron contra usted.

–Mi función como secretario general fue la de renovar e integrar. Efectivamente en manos de estas dos personas iba a quedar el partido pero el problema es que se enzarzaron entre ellos y la experiencia salió mal. Intenté dejar el partido más organizado e integrado pero la ambición de los dos dio al traste con esto.

–¿Cree que le mordieron la mano?

–Más bien he notado ingratitud y falta de respeto a los mayores.

–¿Y regresará algún día?

–Los que decimos que somos yonquis de la política, no podemos decir que de este agua no beberé pero es muy complicado. El PSOE siempre ha aunado experiencia y juventud y eso ahora ha saltado por los aires, se ha puesto de moda la juventud por la juventud. No me desagradaría pero es muy complicado.

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