Oportunidades. Autónomos

Si no tengo trabajo me lo invento

  • La solución al desempleo puede ser la creación de una empresa. Hacerse autónomo es la fórmula más rápida y sencilla, pero antes de dar el paso es imprescindible tener claro qué es lo que se quiere montar y diseñar un plan de viabilidad.

La crisis cambia mentalidades. Lograr trabajo por cuenta ajena se ha convertido para mucha gente en poco menos que un milagro y la oferta pública ha menguado. Y es cierto que emprender no es fácil: en los últimos años han echado el cierre miles de empresas asfixiadas por la falta de crédito y el descenso de los ingresos. Pero el cambio en los hábitos de consumo y el auge de algunos sectores que empiezan a tomar el espacio que deja la actividad inmobiliaria abre una ventana de oportunidades. Crear una empresa, hacerse autónomo, es una opción de empleo viable, y cada vez son más los organismos e instituciones que ofrecen asesoramiento gratuito a las personas interesadas.

¿Por dónde empiezo?

Lo primero es tener una idea clara de qué se quiere hacer. Presentarse en cualquier organismo y decir "pretendo montar algo pero no sé el qué" no es un buen comienzo, ya que se transmite la idea de que se emprende por necesidad. Y para iniciar cualquier proyecto es fundamental que su contenido apasione al interesado. Que haya motivación. Ésta, junto a la constancia, es la mayor garantía de éxito. Organismos como la Fundación Andalucía Emprende, el propio Servicio Andaluz de Empleo o el servicio de creación de empresas de la CEA ayudan a concretar la idea. Si, por ejemplo, se trata de abrir un bar, se define el modelo de local, la ubicación -tras un pequeño estudio de mercado- y la especialización, en su caso. Lo habitual es que el negocio esté vinculado a la formación o al puesto anterior del emprendedor. En muchos casos, el trabajo no varía: se trata de hacer prácticamente lo mismo que antes, sólo que en vez de por cuenta ajena, por cuenta propia.

¿Creo una sociedad o me hago autónomo?

Todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Si se opta por ser autónomo, el emprendedor debe de saber que responde con su patrimonio de las pérdidas, mientras que si formaliza una sociedad sólo lo hace por el capital que se aporta. Éste debe ser de un mínimo de 3.000 euros en el caso de una sociedad limitada. Un autónomo no necesita ningún aporte inicial y además se puede dar de alta en Hacienda y en la Seguridad Social en un solo día. El proceso para formar una sociedad es más largo y complejo e implica, entre otras cosas, inscribirse ante fedatario público y pedir un nombre en el registro mercantil. Por su sencillez y menor coste inicial, lo ideal es comenzar como autónomo y luego, si fiscalmente interesa, constituirse en sociedad. Si el negocio se inicia entre varios, es mejor una sociedad limitada laboral o una cooperativa, ya que ambas cuentan con incentivos públicos. En el caso de las cooperativas, además, la fiscalidad es menor y todos los participantes tienen derechos similares independientemente del capital inicial que se haya aportado.

Bien. ya sé lo que quiero montar y la figura jurídica, ¿ahora qué?

Es imprescindible diseñar un plan de viabilidad o plan de empresa. Ya no se trata de qué hacer, sino de cómo hacerlo. Ahí está todo: desde a qué clientes nos dirigimos o en qué queremos diferenciarnos de la competencia hasta si queremos contratar personal, pasando por el plan de márketing. Y lo más engorroso: una previsión de inversiones, gastos corrientes, ingresos y, en su caso, financiación necesaria. La Fundación Andalucía Emprende, por ejemplo, cuenta con modelos y ofrece asesoramiento gratuito en el apartado económico. En la Confederación de Empresarios disponen de un programa, Génesis, para elaborar un plan de empresa telemático sin necesidad de tener conocimientos jurídicos, contables o fiscales. La CEA es también un Punto de Tramitación Empresarial (PAIT) oficial, acreditado por el Ministerio, igual que otros muchos organismos públicos y privados, donde se acompaña al empresario en todo su camino para crear una empresa. El plan de empresa es fundamental si queremos pedir un préstamo al banco. En un momento de restricción de crédito, es la llave para conseguir uno. Es mejor, además, diseñar varios escenarios: muy optimista, optimista, realista y pesimista, y guiarse por el peor de ellos, como colchón para el futuro.

No tengo suficiente dinero, ¿cómo me financio?

Si acaba de quedarse parado, tiene la posibilidad de capitalizar la prestación: el 60% con carácter general y el 100% para los menores de 30 años y mayores de 45. Eso sí, el interesado está obligado a montar su empresa para recibir este dinero, y también puede destinar el 40% restante a pagar mensualmente las cuotas de la Seguridad Social. Otra opción es el crédito. Conseguir uno no es fácil, pero tampoco es una quimera. Se puede acudir a cualquiera de los bancos que gestionan líneas ICO, con la Línea Emprendedores para crear nuevas empresas. Se pueden solicitar microcréditos, si la inversión no es alta, que, dependiendo del banco, necesitan aval externo o el aval es el propio proyecto. El Servicio Andaluz de Empleo ha firmado recientemente un convenio con Caixabank (Foram), vigente desde finales de enero, mediante el que se ofrece una línea de crédito para inversiones de entre 3.000 y 25.000 euros por proyecto a un tipo fijo durante todo el plazo de devolución. Y ello sin contar con los incentivos de la propia Administración autonómica, que dispone de una línea destinada a establecimiento y mantenimiento del negocio. Las opciones son múltiples y a veces esto abruma al nuevo empresario. Lo mejor es explorar todas las posibilidades hasta que se encuentre la que mejor se adapta al fin del negocio.

Tengo plan, tengo financiación y tengo local, ¿me pongo manos a la obra?

Si, por ejemplo, lo que se monta es un negocio por internet, no hace falta hacer nada más: ya puede comenzar la actividad. Pero si desea emprender un negocio comercial, vinculado con el público o con características especiales (por ejemplo, la fabricación de productos químicos) necesita, primero, un permiso de obra. Para ello debe contratar a un perito aparejador, que le elaborará un informe técnico con las características de la obra y su adaptación a la normativa. Para la hostelería, por poner un caso, es imprescindible resolver la salida de humo. Después llega la licencia de apertura, que, hasta ahora, suponía un verdadero lastre para el empresario, ya que, con el local terminado, debía correr con los gastos del alquiler sin poder iniciar la actividad. La razón era meramente burocrática: a veces los municipios tardaban hasta seis meses en conceder el permiso. Ahora, la autolicencia express aprobada hace unos días por el Gobierno permite abrir el negocio con una simple declaración de responsabilidad, y el ayuntamiento sólo comprueba a posteriori la legalidad. Los tipos de permisos varían mucho dependiendo de la actividad. Ejemplo: montar una guardería exige más requisitos que abrir una ludoteca, y según el municipio ésta última actividad puede desarrollarse con más o menos trabas. La casuística de los permisos es inmensa.

¿Qué formación hace falta para ser empresario?

Importante: no es imprescindible tener formación empresarial para iniciar una actividad. Hay casos de éxito de personas que apenas tienen base, y en gran medida ello se debe, además de a la motivación, a que han sabido asesorarse bien: si la idea es crear una página web y no se tienen conocimientos, es mejor recurrir a un profesional; si las cuestiones de contabilidad son un engorro ininteligible, existen asesorías que por sesenta euros al mes solucionan el problema y ayudan a reducir los gastos fijos. Lo anterior no significa que la formación no ayude. Ayuda, y si se tiene, mejor. Es más, hoy en día es clave para superar a los competidores: las mismas cámaras de comercio o la propia CEA ofrecen cursos que mejoran las capacidades en gestión, idiomas, nuevas tecnologías, atención al cliente, etc. La formación, además, debe ser continua.

Si me hago autónomo, ¿qué hay que saber sobre impuestos?

No sólo impuestos. También están las cuotas a la Seguridad Social. Para el IRPF hay dos fórmulas, que son de libre elección para el autónomo: la estimación directa, que tiene en cuenta fundamentalmente los ingresos, y la objetiva (los módulos), que se basa en parámetros más estables, como los gastos fijos, las dimensiones del local, el número de trabajadores, el valor de los activos, etc. Este pago, igual que el del IVA, se realiza cada trimestre. ¿Mejor la estimación directa o los módulos? Éste es más sencillo. Requiere menos esfuerzo burocrático, porque los parámetros de medición son más estables. Pero es un arma de doble filo: el autónomo siempre paga más o menos lo mismo independientemente de su beneficio. Si le va bien, miel sobre hojuelas, pero si la actividad decae puede convertirse en un verdadero lastre. En una situación de crisis, quizás sea más adecuada la estimación directa, en la que se paga por ingresos. El autónomo puede pasar de los módulos a la estimación directa, si quiere, pero con un compromiso de permanencia en este último modelo de tres años . La cuota a la Seguridad Social, por otro lado, es una fórmula a la carta. Es el autónomo, en función de sus ingresos, el que fija su base de cotización, que oscila ente el mínimo de 850 euros y el máximo de 3.262. La cuota cubre la jubilación, el cese de actividad, las contingencias comunes, enfermedades profesionales, accidentes no laborales y accidentes de trabajo, aspectos estos dos últimos que varían dependiendo de la actividad. Para el establecimiento de la base de cotización hay que pensar, además de en los ingresos previstos, en cuánto queda para la edad de jubilación. A un joven de 20 años le interesa pagar menos cuota, mientras que a una persona de 50 le cunde aportar más. Al fin y al cabo, para el cálculo de la pensión se tienen en cuenta los últimos 15 años de cotización. Y si durante ese periodo no se cotiza no se tiene en cuenta el Salario Mínimo Interprofesional, como en el caso de los trabajadores por cuenta ajena. Son periodos vacíos, y conviene no darse de baja aunque momentáneamente se esté sin actividad.

¿Dónde acudir para asesorarse?

La cantidad de información y de lugares donde asesorarse es ingente. Una web de referencia para cualquier emprendedor es la de la red de Circe del la Dirección General de Industria y Pequeña y mediana Empresa. Funciona como subsede de este organismo y allí se puede realizar la tramitación telemática de creación de empresas y encontrar los puntos de información (PAIT) repartidos por la geografía nacional. La Fundación Andalucía Emprende, dependiente de la Consejería de Innovación, cuenta con 200 Centros de Apoyo al Desarrollo Empresarial (CADE) en Andalucía, que también funcionan como centros PAIT. La CEA dispone también de su propio servicio virtual y las asociaciones de autónomos son un buen medio para el asesoramiento. Para conocer las ayudas existentes a la actividad es útil consultar la web del Servicio Andaluz de Empleo, ya que allí están agrupadas todas las que hay a favor de los autónomos. Y, para cualquier información fiscal o relacionada con las cotizaciones sociales, la agencia tributaria y la Seguridad Social ofrecen información específica, y siempre está el recurso a las asociaciones, como por ejemplo ATA (www.ata.es) . El Ministerio de Trabajo ha creado una web para informar sobre la prestación por cese de actividad (elparodelosautónomos.es), para la cual se requiere haber cotizado como mínimo un año.

Direcciones de interés

Subsede de la Dirección General de Pymes: www.circe.es

Página del Gobierno sobre pymes: www.ipyme.org

Servicio Andaluz de Empleo: www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdeempleo

Fundación Andalucía Emprende: www.andaluciaemprende.es

Servicio de empresas de la CEA: www.cea.es/portal/creacion_empresa

Seguridad Social: www.seg-social.es

Agencia Tributaria: www.agenciatributaria.es

Guía para crear empresas: www.crear-empresas.com

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