el resto del tintero

Los peligros del 'chandalismo'

ALREDEDOR de una mesa donde sólo había dos cafés y unos vasos de agua, el consejero me hizo una confesión: los matrimonios de éxito son los de conveniencia. Él no pensaba de ese modo -los miembros del Gobierno andaluz, qué se le va a hacer, también se enamoran-, pero con su aseveración pragmática quería referirse al Ejecutivo de Griñán, formado entre el PSOE e IU, los cónyuges. Mientras a Izquierda Unida le siga yendo tan bien en los sondeos electorales, la coalición se mantendrá en Andalucía, aunque con alguna que otra estridencia. Todos los consejeros coinciden -y se ha hablado con casi todos- en que las relaciones alrededor de la mesa de vidrio de los Consejos de Gobierno son bastante buenas. IU aspira a recuperar alguna alcaldía en las elecciones municipales de 2015 -posiblemente, Córdoba y Jaén, siempre en coalición-, pero su sondeo real, el de las urnas, será en 2014, fecha de los comicios europeos, cuando puede que se quede muy cerca del PSOE.

Sin embargo, hay una preocupación, y de ello esta semana ha quedado constancia. En junio, Diego Valderas, el vicepresidente, de IU, dejará la coordinación regional de su formación en una asamblea de la que saldrá elegido, posiblemente, José Antonio Castro. Éste es un buen parlamentario, un tipo trabajador, pero, como ocurre en IU, las nuevas generaciones son más radicales que las viejas. Pero ése no es el problema, sino otro que da grandes dolores de cabeza: la bicefalia. Castro es el mejor aliado de Valderas, pero también Griñán era el preferido y amigo de Manuel Chaves, y todo acabó mal entre ellos en la pasada legislatura.

La bicefalia da cefalea, y esta semana hemos comprobado cómo Castro, que además es el presidente del grupo parlamentario de IU, el que sostiene a Griñán, hacía unas alabanzas al fallecido Hugo Chávez, un hecho absolutamente consecuente con la ideología de su formación, pero alocadas cuando aseguró que quería "implantar el socialismo del siglo XXI" del comandante en Andalucía. Valderas, más comedido, se limitó a lamentar la pérdida de Chávez en Twitter, consciente de que, si siguiese adelante, le hubiéramos colocado el chándal que distingue a esta izquierda populista que ha cabalgado a lomos del petróleo.

Fue el periodista gaditano Fernando Santiago quien inventó el termino chandalismo para referirse a la proliferación de esta vestimenta en su ciudad, y en los más diversos actos: los mismo ante un cortejo de un paso de Semana Santa que en el fútbol o en la reunión de padres y madres del colegio. Pero el chandalismo se hizo izquierda cuando Fidel Castro tuvo que ir más ligero de ropa después de su enfermedad intestinal: el uniforme militar era muy sufrío.

Pero Castro, José Antonio, se equivoca: las soluciones tipo Chávez sólo son válidas -si lo fuesen- en países de extrema y extensa pobreza. Es como si IU quisiera retroceder al pasado para buscar argumentos para un futuro, ciertamente, no muy esperanzador. Su búsqueda de enseñanzas trasladables a Andalucía en Venezuela o en Bolivia son erróneas. La Consejera de Presidenia, Susana Díaz -que es de facto una suerte de vicepresidenta socialista-, corrigió la opinión de Castro, pero éste, en breve, será el líder de sus socios de Gobierno, de ahí la incertidumbre que ahora puede abrirse sobre la coalición de Griñán, que cumplirá un año sin más problemas que los del déficit.

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