El 'boom' del golf se desinfla

El hoyo de un negocio

  • Más de una decena de campos de golf andaluces se encuentran al borde de la quiebra y otro buen número arrojan pérdidas. La riqueza soñada de los 'green' se evapora.

Paterna de Rivera es un pueblo interior de Cádiz. Su dudoso honor es ser uno de los municipios con un mayor porcentaje de paro en Andalucía. Desde su punto más alto se observa campo y campo, ni particularmente bonito ni particularmente feo. Campo. A mediados de la pasada década se encontró la solución para su futuro desarrollo: aguas termales, turismo... y golf. No fueron los únicos. También se pensó lo mismo en Trebujena, al lado del Guadalquivir; en Prado del Rey, en la sierra lindante con Sevilla; en Jerez, en un lugar llamado Salto al Cielo porque era el lugar donde iban a morir los frailes de un cercano convento; en Villanueva del Rosario, donde hace tiempo que no saben nada de los empresarios que iban a invertir 360 millones; en Ronda, donde el PGOU dibujaba no uno, sino dos campos, en Algeciras, en Espera, en Alhaurín... El listado es interminable. Alguno de ellos ni siquiera contaba con depuradoras para proporcionar agua para su mantenimiento, pero se hablaba de miles de puestos de trabajo, de decenas de miles de turistas. Ninguno de estos proyectos ha arrancado. El tiempo que duró la burbuja inmobiliaria asoció ladrillos y golf como solución mágica. Ahora cae, como fichas de dominó, el sector milagroso. Hay campos que se han vendido, otros que están en venta, los proyectos cuya rentabilidad dependía del ladrillo asociado se han paralizado y, según el propio sector, una decena de los 105 campos federados en Andalucía (el doble de los que había hace diez años), está en quiebra.

Joaquín Quino Garat acaba de estrenar los 80 años. Madruga mucho, corre, pedalea, nada si el tiempo acompaña, boxea. Es propietario e ideólogo del campo de golf Lomas de Sancti Petri, en Chiclana, que se encuentra en situación de concurso de acreedores. Cuando en 2006 se inauguró la primera parte del recorrido, Garat subrayó que aquél "era un campo sin hoteles y sin casas, sin ladrillos, sin sandokanes, sin rocas y sin turroneros". El plan se llevó una inversión de 12 millones de euros. La pregunta es qué ha pasado desde entonces.

Garat lee titulares de prensa: "Hace falta más golf, 2002. El golf es el principal recurso de captación de turistas, 2003. En Chiclana hay doce hoteles con más de 7.000 camas y sólo puede atender a un máximo de 500 jugadores cada día, 2004. Es necesario crear más campos para acabar con la estacionalidad, 2005". Entre aquella prometedora inauguración y la suspensión de pagos hay tres años que coinciden exactamente con los tres años de crisis. El primero comenzó con un handicap añadido: hubo que replantar el césped de los 18 hoyos, "un gasto terrible", por problemas de suministro de la depuradora de La Barrosa. "Nos prometieron 1.700 metros cúbicos de agua, era el acuerdo de 2004, cuando se proyectaba la ampliación de la planta. Después faltó agua".

La falta de abastecimiento es agua pasada cuando el empresario aborda los dos grandes problemas que sufre la industria del golf, la falta de turistas y los bajos precios. "Estoy temprano a diario en el campo para ver cómo va todo. Estamos consiguiendo 80 ó 100 jugadores diarios, una buena cifra que, con los precios de hace tres años, nos permitirían salir de la situación en la que estamos. El problema es que los green fees [partidas] se están vendiendo a 10 euros, a 12, es imposible. No puede ser". De la docena de empleados, "cuatro o cinco" fueron despedidos por la insolvencia de la empresa -entre ellos, un hijo de Garat y la esposa de éste- con el "compromiso, apretón de manos de por medio", de que se reincorporen cuando la situación cambie.

Carlos de Avilés, gerente de La Estancia, en Novo Sancti Petri (Chiclana), pinta un panorama desolador: "El cierre del ejercicio de los campos que yo conozco, prácticamente la mayoría, ha sido con menos green fees y precios más bajos. No hay ni uno que gane dinero. Esto se puede mantener un tiempo, pero no eternamente. Y no es que haya sobreoferta, lo que hay es pocos clientes, extranjeros fundamentalmente. A veces se habla de bajar más los precios. No tiene sentido. Para eso cerramos directamente".

Las cuentas son las siguientes. La gestión de un campo de golf medio, que necesita una plantilla mínima de veinte personas, se lleva en mantenimiento unos 700.000 euros anuales. A un precio de 30 euros, se necesitan 20.000 partidas para pagar solo el mantenimiento. Y ahora mismo no hay casi ningún campo andaluz con ese nivel de movimiento. "El golf como negocio aquí y ahora mismo no tiene ningún sentido", zanja De Avilés.

En la provincia de Cádiz, la segunda con más hoyos de la región, se vincula la crisis del sector a las dificultades que encuentra el turista alemán y británico en llegar a destino por la escasa actividad internacional del aeropuerto de Jerez. Esto no es un problema en Málaga, donde verdaderamente nació el boom del golf en España. Pero en Málaga las perspectivas no son mucho mejores. El blog Madera Tres, muy seguido por los aficionados andaluces, describía así la situación de "la Costa del Golf" hace unos meses: "Hay bares que venden green fees o campos que ceden green fees a revistas a cambio de publicidad, que éstas a su vez comercializan como pueden (en general, quiere decir tirando los precios). Se paga ahora por los errores de la época de vacas gordas (...) hace tiempo que entramos en una guerra de precios, de sálvese quien pueda, de 'a mí mientras me paguen...".

Oficialmente, según los datos de la Consejería de Turismo, las ventas solo han bajado un 5%, pero no hay un gerente de un campo que suscriba esa reducción, que en los dos últimos años ha tenido que ser mucho mayor sobre un negocio que también, según la propia Consejería, generaba 500 millones de euros al año, 4.000 empleos y 400.000 turistas al año. Pero estos datos no están actualizados, son los de hace dos años. De hecho, Manuel Gómez Palma, de la Federación Andaluza de Urbanizadores y Turismo Residencial daba otra visión en un foro de Turismo y Deporte recientemente organizado en Marbella: "En los dos últimos años se han perdido un 30% de jugadores. Los empresarios no están en disposición de hacer nuevos campos y los cambios normativos hacen estas inversiones inviables". Otro dato incontestable. Málaga tiene 273 federados menos que hace un año.

Ángel de la Riba llegó a la presidencia de la Federación Andaluza de Golf en 1968, en un periodo en el que solo había 15 campos en toda Andalucía, casi todos en la Costa del Sol, "de los mejores del mundo, con un esmerado diseño". El 'boom' del golf lo cambió todo: "Todo el que tenía un poco de dinero y un poco de mano en la administración se montaba un campo de golf de cualquier manera porque en realidad era un pretexto. Quería un jardín verde para vender casas". De la Riba realiza un rápido recorrido: "Lo estamos pasando muy mal. Almería está tirando; Huelva tiene la proximidad de Portugal, que ayuda; Málaga tiene campos que están al completo y otros con más dificultades, y el gran problema está en Cádiz, con pésimas comunicaciones y sin apenas señalización de los campos existentes". Ésa es una de las causas; la otra, "los que están tirando los precios, que desprestigian". Y una más, la falta de afición local: "En Andalucía tenemos tres campos públicos: San Roque, Pozoblanco y Linares. En Asturias hay catorce", resume el experto. A esto se une una política errática de la Junta de Andalucía: "Tan pronto se vuelcan con el golf diciendo que es el futuro, como dan dos pasos atrás y no quieren saber nada del golf".

¿El futuro? Garat, que confía en la recuperación del sector, apunta y dispara con intención e ironía: "Los que quieran jugar, y no sean amigos, pagarán cerca de los 70 euros y si no, haremos pistas de pádel, que son más baratas".

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