Tres tristes tuits

Los dirigentes andaluces tiran de grosería

  • Los casos de corrupción vuelven al tablero político a menos de un mes de las elecciones.

Elías Bendodo Elías Bendodo

Elías Bendodo / Jesús Prieto

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En el asunto turbio de Huévar, bajo la sombra de la herencia turbia de clientelismo en Andalucía, no cabía esperar una oposición versallesca. Va de suyo. Pero Bendodo se pasó tres pueblos con la brocha gorda elevando el caso a estrategia institucionalizada del PSOE andaluz, y se ha cobrado una querella. El problema no es de contenido, sino de estilo. Bendodo a menudo se expresa como un arribista desesperado de un partido de oposición frustrado por no ganar, pero es el portavoz del Gobierno, consejero de la Presidencia, con ínfulas de Richelieu de San Telmo.

El manca finezza de Andreotti se hace generoso en su caso. El prestigio que acumula por su olfato político y sus cualidades de negociador a menudo se lo deja en los micrófonos. El matonismo de alcachofa no es la mejor tarjeta de visita para la alta política. Para esos están los sergioromeros, esos jabalíes de las Cinco Llagas aferrados a la brocha gorda para hacer baja política. Pero hay quien experimenta la tentación irresistible de bajar a pisar los charcos aunque esté en palacio.

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Tampoco Teresa Rodríguez va a soprender a nadie. En su caso, la ausencia de finezza ya se da por descontada, como el valor en los legionarios. El tono faltón es parte de ese estilo podemita muy curtido en los 140 caracteres y los escraches.

Un tuit sobre el Caso Huévar recoge un diálogo que logra mezclar, en treinta y tantas palabras, éste con los ERE, y las putas y la cocaína, y también banquetes. Se trata de un diálogo supuestamente real, para quien se lo quiera creer. Total, hay gente que cree en unicornios y en el reino de Frozen, así que todo es posible. Pero no, no es fácil creer que ese diálogo sea algo más que un diálogo de ella consigo misma, o a lo más con un compañero de partido. Se trata de un recurso muy viejo: si vas a decir algo más o menos grosero, ponlo en boca de otro. No es lo más valiente, ni siquiera para ser Twitter. Colocar una gracieta grosera pero que parezca sacada de una conversación espontánea de la calle... Hubiera tenido más credibilidad por derecho.

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Cumpliendo el precepto napoleónico de que ‘la mejor defensa es un buen ataque’ –que en realidad corresponde a uno de sus mariscales de campo, el príncipe Poniatowski, inspirado en el arte de la guerra de Sun Tzu– el Partido Socialista ha reaccionado al escándalo confuso de Huévar mostrándose ofendidísimo y lanzándose a la carga: “¿Mentiras tendenciosas y acusaciones sin fundamento para tapar las vergüenzas del @ppandaluz? La honradez de l@s socialistas está por encima de los intereses de cualquier partido. El @psoedeandalucia presentará una querella contra @eliasbendodo”.

Ya es inquietante no verles reaccionar con indignación, ofreciéndose a indagar y aclarar el asunto con toda rotundidad, que es como se protege la honradez, sino a la defensiva buscando el campo de batalla siempre confuso de los tribunales. Y recurriendo por añadidura a la consabida teoría de la cortina de humo: la derecha enfanga con las mentiras del escándalo de Huevar para tapar el escándalo de que Zoido pagara al abogado del PP de los ERE con dinero público. Todo de manual, aunque sea un manual ya muy gastado.

En realidad, si el PSOE cree que el debate político no debe estar dirigido por publicaciones periodísticas, parece poco coherente ilustrar su defensa con otra publicación periodística. Pero esto es la anécdota menor de un asunto poco anecdótico. La sombra del clientelismo y el caciquismo que persigue al PSOE, sobre todo desde el escándalo de los ERE, no está para actuaciones impostadas de almas puras que se ofenden como personajes de Echegaray.

Si tienen la convicción de que esto es una nadería, sólo un listado de votantes potenciales en un pueblito de tres mil habitantes con algún exceso retórico, con más motivo pónganle luz pero no jueguen a las cortinas de humo. Mientras más traten de ahogar el asunto, más abonan la sospecha de que sea la punta de un iceberg. Entretanto, todo es demasiado previsible, demasiado grosero, demasiado turbio. Nessuna finezza.

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