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Así fue la visita de Alberto Chicote al restaurante El Cantábrico de Cádiz

  • El programa 'Pesadilla en la cocina' logra modernizar el establecimiento gaditano tras un caótico inicio

Chicote, junto a Pablo Carbonell en la cocina de El Cantábrico. Chicote, junto a Pablo Carbonell en la cocina de El Cantábrico.

Chicote, junto a Pablo Carbonell en la cocina de El Cantábrico. / Atresmedia

Una pesadilla con final feliz. Así fue la visita del afamado chef madrileño Alberto Chicote al restaurante gaditano El Cantábrico en un nuevo programa de 'Pesadilla en la cocina', el popular formato de La Sexta grabado a mediados de 2018 y estrenado este jueves en La Sexta. Fue la tercera visita del cocinero a Cádiz esta temporada -la séptima de este espacio televisivo-, tras intentar resucitar -sin éxito, todo hay que decirlo- el Mosto Tejero de Jerez y el mexicano Pepe's Cantina de Rota. Esta vez, al menos, sí que pudo lograr su objetivo ya que el establecimiento continúa abierto a día de hoy

Unas amables imágenes de la ciudad -el Falla, la Catedral, la playa...- y la presentación de los dueños del local, los hermanos Francisco y Mariluz Sánchez, precedieron a la primera tormenta, coincidiendo con la llegada de Chicote al establecimiento, "el último cartucho" para salvar un restaurante al borde del cierre. Y es que al cocinero le costó bastante dar con el local y, una vez localizado, tampoco quedó muy contento con la decoración, que comparó con la del hotel de El resplandor.  "Da la sensación de estar muy descuidado", aseguró ante Francisco, el dueño. 

El conductor de 'Pesadilla en la cocina' contó con un invitado de excepción para acompañarle en su primera experiencia en El Cantábrico, el cantante, humorista y actor gaditano Pablo Carbonell. Ambos se sirvieron y llegó el primer jarro de agua fría -o más bien helada-: todo estaba congelado, además de poco sabroso. El picadillo con pulpo fue lo poco salvable para el chef y su compañero de mesa. Ya en los platos calientes, el cocinero destacó el exceso de aceite en los platos y la tristeza de las frituras, "están mejor las preparadas", aseguró Carbonell. 

Si mala fue la experiencia con los platos, peor fue la visita a la cocina del restaurante. "Desde el primer disco de Los Toreros Muertos no se limpia aquí" expresó Chicote, que subrayó la falta de limpieza y de orden. "Hemos estado dos días limpiando... si llega a venir dos días antes entonces es cuando nos pone como los trapos", reveló en un ataque de sinceridad uno de los cocineros. "Todo El Cantábrico respira desgana y apatía", explicó el chef ante la cámara. 

El primer servicio, un caos

Los enfrentamientos entre Chicote, Francisco y los cocineros protagonizaron un caótico primer servicio. La mayoría de los platos volvían llenos a la cocina, destacando nuevamente el exceso de aceite en las recetas. Un aceite que, según el madrileño, estaba "más negro que la conciencia de Voldemort".  

"Hoy en día todo es congelado, Chicote", se justificaba Antonio, uno de los cocineros, ante las quejas del chef, que al final del servicio cantó las cuarenta al personal. El otro habitante de la cocina, Ramón, no se tomó bien las críticas del cocinero televisivo: "La comida es una mierda pero no lo digas, que mañana lo va a ver todo Cádiz. Quitadme el micrófono, haced el favor". "Usted no tiene derecho a decirme a mí que mi comida es una mierda... está tirando por tierra la casa donde yo trabajo". La discusión derivó en un enfrentamiento total entre el madrileño y los cocineros del local, que no aceptaban las críticas. 

Chicote lee la cartilla al personal tras el primer servicio. Chicote lee la cartilla al personal tras el primer servicio.

Chicote lee la cartilla al personal tras el primer servicio. / Atresmedia

"Qué mala suerte tenéis. No entiendo como en un sitio donde se come tan maravillosamente, siendo tan bonito y con todo no sé como es posible que esto no esté a reventar todos los días. Deberíais estar ganando pasta a mogollón", ironizó finalmente Chicote. Un desastre. 

Más de 40.000 euros de deudas

Tras un día largo y complicado, el chef citó a los hermanos para conocer las cuentas del restaurante. En total eran más de 40.000 los euros en deudas contando préstamos y pagos a proveedores, una situación insostenible para cualquier negocio. El buffet contaba además con una baja, la de Ramón, que no quiso volver por la presencia de Chicote, que estableció un sistema para que el equipo fuera capaz, por fin, de asimilar las críticas a su errático trabajo. Pero Antonio no asumía que sus platos dejaban mucho que desear y su actuación fue una guerra contra todo y contra todos. Otro servicio sin avances. 

El conductor de 'Pesadilla en la cocina' quedó con el dueño del restaurante en la playa de La Victoria para conocer su faceta más personal y entender su actitud laboral. "Mi padre murió joven y yo me quedé como cabeza de familia. La hostelería me gusta, pero 25 años son muchos y me veo abatido. Y tampoco tengo la idea que mi tío, que ya murió, sí tenía", reconoció. Así las cosas, Chicote recurre a Mario, el hijo de Francisco y estudiante de hostelería, para contar con su apoyo en la parte más emotiva del programa. "Me siento muy orgulloso de ser la cuarta generación de El Cantábrico", señaló el joven. 

Chicote reúne junto a la playa a Francisco y su hijo Mario. Chicote reúne junto a la playa a Francisco y su hijo Mario.

Chicote reúne junto a la playa a Francisco y su hijo Mario. / Atresmedia

Y por fin, llegó la hora de la reforma. Una nueva imagen para el restaurante, mucho más moderna y ligada al mar, con el blanco, aguamarina y azul como colores predominantes. El buffet, además, pasaba al centro del local. Mesas nuevas, iluminación nueva... una remodelación completa, contando además con un moderno espacio de showcooking. El personal quedó además muy satisfecho con la nueva carta. 

Nervios en la reapertura

Los trabajadores afrontaban su regreso a los fogones "con nervios pero con ganas de tirar para adelante". Chicote completó el equipo con Mario, mientras que Gema, una de las camareras, tendría que enfrentarse al reto del showcooking elaborando tortillas delante de los comensales. Las prisas y la falta de experiencia pusieron en riesgo el servicio, mientras los clientes se agolpaban a la espera de más platos.

La cola esperando las tortillas puso en riesgo la reapertura. La cola esperando las tortillas puso en riesgo la reapertura.

La cola esperando las tortillas puso en riesgo la reapertura. / Atresmedia

"¿Estás vendiendo tortillas o estás vendiendo entradas del Falla?", dijo Francisco a Gema por la enorme cola que esperaba sus tortillas. Al menos en cuanto a sabores la cosa sí que había dado un giro completo respecto al inicio del programa, destacando los clientes tanto lo rica que estaba la comida como el nuevo estilo del restaurante. Hubo hasta aplausos para el personal, conmovido tras lo sufrido con el látigo de Chicote durante toda una semana de trabajo. 

"Ha costado pero en general todo el mundo estaba muy contento. Buen trabajo, ahora más y mejor. Me voy muy contento porque creo que cuando vuelva a Cádiz de este sitio se va a seguir hablando". Así despidió Chicote al equipo y el programa, en el fin de una pesadilla que tuvo, por suerte, un final feliz. 

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