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Adolfo Suárez, 'traidor': La 1 ofrece hoy en abierto 'Anatomía de un instante'

La serie de Alberto Rodríguez tiene a Álvaro Morte como el presidente de la Transición

El mejor imitador de España ayudó a Suárez y Carrillo en 'Anatomía de un instante'

Eduard Fernández y Álvaro Morte, Carillo y Suárez, en 'Anatomía de un instante'
Francisco Andrés Gallardo

22 de febrero 2026 - 08:55

La llegada a TVE de la miniserie Anatomía de un instante, dirigida por el cineasta sevillano Alberto Rodríguez para Movistar Plus +, supone un ejercicio de memoria necesaria en un presente que a menudo se siente escuálido y semilíquido. La 1 estrena esta ficción que adapta el relato de Javier Cercas. No estamos ante una recreación convencional del 23-F de 1981, sino ante un relato profundo sobre la dignidad de la política y de aquellos hombres que, contra todo pronóstico, decidieron desmantelar la opresión para construir un futuro conciliador para España.

La imprescindible miniserie (que se emite de un tirón con sus cuatro entregas) utiliza el intento de golpe de Estado como el punto de inflexión para narrar lo que costó completar una Transición que nadie esperaba culminar con éxito. Frente al simplismo que hoy vilipendia aquel proceso desde ambos extremos, la obra de Rodríguez y Rafael Cobos nos recuerda que la democracia española no fue un regalo, sino el resultado de una osadía que rozó, en ocasiones, lo suicida.

El relato se articula sobre tres vértices fundamentales, tres ‘traidores’ a los suyos. Por un lado, el ímpetu del falangista Adolfo Suárez, interpretado magistralmente por el algecireño Álvaro Morte, quien logra capturar la ambición y la valentía del presidente sin caer en la imitación. Junto a él, la lealtad inquebrantable del teniente general Gutiérrez Mellado, su vicepresidente, a quien da vida Manolo Solo, también paisano de Algeciras, componiendo un retrato de integridad militar ante los necesario cambios y la firmeza frente a los detractores.

El tercer pilar es Santiago Carrillo, el líder del PCE que personifica el sacrificio del exilio y la reconciliación, interpretado por el camaleónico Eduard Fernández. David Lorente es Tejero y Óscar de la Fuente, Milans del Bosch. Anatomía de un instante se estructura en cuatro capítulos monográficos que funcionan como piezas de un puzzle: secuencias breves, cámaras al hombro y una mirada didáctica que roza el documental, permitiendo al espectador asomarse a las estancias privadas de estos “náufragos de las decisiones”. En este tablero de hombres también emergen figuras clave como el rey don Juan Carlos, interpretado por Miki Esparbé, quien esquiva la caricatura en un papel muy complejo. Lorente como Tejero en el juicio final bascula entre el deber ciego y la fragilidad de quien se sabe traicionado por sus propios mandos.

La serie reflexiona sobre la figura del dirigente que no piensa en sí mismo, una especie que hoy parece difícil de detectar. Suárez, Mellado y Carrillo son presentados como políticos que dieron dignidad a sus papeles en la Historia, a pesar de que en su tiempo fueran tachados de “tahúres” o “traidores”.

Como bien apunta el libro y la serie, la muerte les restableció la honra que el cortoplacismo de sus coetáneos les negó.

Álvaro Morte, recientemente galardonado con el premio Cygnus, confiesa que su mayor resto fue trazar a Suárez sin caer en lo esperpéntico. “Era una línea fina. Que se vea que era Suárez, sin forzarlo”, explica el actor, quien destaca cómo la dirección de Alberto Rodríguez logra contar la Transición como el thriller trepidante y amenazante que realmente fue, alejándolo del polvo de los libros de texto.

Para Morte, la esencia de la serie reside en la valentía de “tres traidores que construyen la democracia para todos”. Es una invitación a meditar sobre la reconciliación y la responsabilidad, valores que parecen haberse diluido en la enconada partitocracia actual. La serie relata el “harakiri” de las Cortes franquistas con una claridad que supera cualquier farragoso documental histórico previo.

Como señalaba Javier Cercas, el gesto de Suárez permaneciendo en su escaño mientras las balas silbaban en el Congreso es “un gesto diáfano que contiene muchos gestos”. La serie explora esa “ética de la traición” necesaria para llegar al bien a través de caminos tortuosos, demostrando que la Transición fue, en última instancia, el momento en que un falangista, un militar y un comunista decidieron que la guerra debía terminar para siempre.

Una obra que nos insta a valorar la responsabilidad política en tiempos de ruido, recordándonos que la democracia fue una pirueta de la historia ejecutada por hombres imperfectos que, en el momento decisivo, supieron estar a la altura de las circunstancias.

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