José González García, capataz “No hay ningún secreto en Afligidos, es un concepto de carga minimalista”

  • Los pasos que manda hacen gala de una particular manera de andar que ha ido perfeccionando con el paso de los años y que se ha convertido en el sello propio de su gente

  • Admite que se pone nervioso delante de la mole de los Estudiantes pero le encanta el reto de 'los Mihura' de la carga 

El capataz José González García, delante del paso de misterio de los Afligidos. El capataz José González García, delante del paso de misterio de los Afligidos.

El capataz José González García, delante del paso de misterio de los Afligidos. / Román Ríos (San Fernando)

Tenía tan solo nueve años cuando llegó a su casa con el diente en la mano. Se había dado de bruces contra una pared en el colegio mientras jugaba con otros niños. Luego, al cabo de los años, la guasa propia del gremio hizo el resto y José González García pasó a ser rebautizado como El Mellao en el mundo de la carga. Hasta suele verse por ahí de vez en cuando en alguna que otra publicación. Paso de los Afligidos; cargadores: cuadrilla de Pepe El Mellao.

Lo lleva con paciencia, qué remedio después de tantos años. "Me acuerdo de Alfonso Berraquero, que me decía siempre cómo dejas que te llamen así, que eso es un mote de facinerosos, de piratas", apunta este conocido capataz de la Semana Santa isleña sonriendo al echar mano de la anécdota.

A pesar de su veteranía, Pepe se acerca a la mole del paso de los Estudiantes en la parroquia del Cristo en las vísperas del Lunes Santo y no puede evitar ponerse nervioso. Lo admite. Es mucho paso. Tela. Pero en realidad le gustan lo que llama 'los Mihura'. Siempre le ha atraído el reto a pesar de que debajo del paso ha pasado momentos muy duros en más de una ocasión. Sabe perfectamente lo que es ir debajo de uno de estos pasos. Y también ponerse delante con la chaqueta. Ahí están también los años que llevó el Perdón, "que es un paso peligrosísimo" pero con el que disfrutaba de lo lindo al traerlo desde La Casería y llevarlo de vuelta a su "barrio de adopción".

"Fuí capataz de Soledad más de 30 años y nunca me sentí capataz. Yo solo era un chófer que conducía el paso"

"No hay secretos. Es un concepto de la carga minimalista. Se elimina todo lo superfluo", explica. Todo esfuerzo añadido se paga debajo de un paso y más aún si se trata de un misterio como el de los Afligidos. A su gente le dice que lo único que tiene que hacer es andar, como si fueran de paseo por la calle. "Nada de aspavientos o exagerar movimientos ni tirarlo a las bandas", sostiene. Es una simple cuestión de física. El peso cae a los lados –a las bandas– a medida que se avanza por sí solo. Pero si se intenta provocar, normalmente se termina cabeceando o coleando porque las alturas de los cargadores son diferentes, "además de ser un esfuerzo innecesario para los que van abajo".

Pepe habla de "naturalidad" y "solvencia" a la hora de definir los andares que caracterizan a su cuadrilla, que además de los Estudiantes se encarga de portar los pasos del Santo Entierro y del Carmen

Admite que hace tiempo que dejó atrás algunas barreras, así que este capataz que se estrenó en el mundo de la carga en 1979 debajo de Gracia y Esperanza no se rasga las vestiduras cuando se habla de otras cuadrillas que innovan o incorporan otros elementos, como el doble paso del Perdón. Eso sí, en este caso, tiene sus dudas de que suponga un alivio para los cargadores.

"No estoy para nada en contra de la absorción de ideas, que enriquezcan. Pero en esto, como en todo, esas adaptaciones hay que hacerlas con mucha inteligencia, con una finalidad. No puede ser un copia y pega porque, normalmente, se convierte en una mala copia", apunta.

"La carga tiene un protagonismo excesivo. Tiene que estar en el sitio que le corresponde: ni más abajo ni más arriba"

Él mismo –que durante décadas estuvo vinculado a los Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC), de la que fue su presidente en distintos momentos– reconoce que ha recorrido su propio camino y que al final terminó por no encajar en la asociación. "Si te digo la verdad, y eso no lo sabe la gente, para mí era una muerte anunciada desde hacía tiempo", desvela al referirse a la sonada ruptura.

Buscaba su retirada desde la Magna. Dejar la directiva, soltar pasos, quedarse solo cargando en Afligidos por esa relación tan especial que siempre había tenido con este paso... Iba a irse, dice, aunque "no de una manera tan traumática". Vaya por delante que reconoce que la JCC "es un gran invento" que aporta mucho a la Semana Santa. Es, simplemente, que no encajaba, "que no terminaba de conectar con el espíritu". Y eso -reconoce- a pesar de que había sido uno de sus principales impulsores. "Creo que hasta fui yo el que acuñé el término de la 'cuadrilla sustitutoria' cuando se creó la de Medinaceli", apunta. "Supongo que yo había cambiado". Así que tenía pensado dar marcha atrás pero todo se aceleró cuando Vera Cruz le llamó para que fuera su capataz. 

Pepe El Mellao se estrenó como capataz con la Soledad en 1981. Y estuvo más de 30 años al frente de este paso del Viernes Santo. Sin embargo, dice, "nunca me sentí capataz de la Soledad". "Yo era simplemente un chófer que ponían para conducir el paso". De hecho, cuenta que no llegó a sentirse capataz hasta que se hizo cargo de la cuadrilla del Perdón. "Y fue porque acepté a cambio de un control absoluto de la cuadrilla, cosa que era una excepción en la JCC", apunta. Tuvo potestad para sacar del paso y poner a quien quisiera. Tuvo el control. Y entonces sí empezó a sentirse un capataz con todas las de la ley. "Ser capataz implica también saber mover los hilos, conocer a la gente que va debajo del paso, saber lo que pueden dar".

Lamenta también el excesivo protagonismo que ha asumido la carga y los cargadores en la Semana Santa. "Tienen que estar en el sitio que les corresponde, ni más abajo –como antiguamente, que estaban denostados– ni más arriba". Por eso, dice, procura ser discreto. Y, de hecho, era reacio a la entrevista que terminó por conceder a este periódico. 

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