La conclusión de las obras de La Mallorquina en San Fernando, pendiente de la autorización del tranvía
El permiso es indispensable para que llegue al lugar la maquinaria pesada necesaria para hormigonar el techo de esta céntrica finca
Un cristal de un balcón de La Mallorquina se desprende sobre la calle Real de San Fernando
La continuidad de las obras y reparaciones de las que está siendo objeto la finca de La Mallorquina dependen en estos momentos de que Trambahía emita la autorización que permita llegar al lugar a la maquinaria pesada necesaria para homigonar el techo que se desplomó parcialmente el pasado 19 de noviembre. Así lo ha explicado parte de la familia propietaria de este inmueble. De esta manera, el equipo al frente de estas tareas solicitó este permiso hace ya varias semanas y en estos días ha insistido en su demanda ante la ausencia de noticias. Una vez que comiencen los trabajos de hormigonado, indica la copropiedad, será cuestión de días concluir las obras, de las que principalmente restan la retirada de su característica cristalera y su sustitución por un muro de ladrillo.
Esta autorización es necesaria ya que la maquinaría debe llegar al lugar desde la calle Real, vía por donde circula el tranvía, para trabajar en dicho entorno. Las previsiones pasan por terminar esta obra en marzo para que los operadores, firmas y franquicias que ya se han interesado en la finca puedan visitarla para valorar sus opciones una vez se haya emitido el correspondiente certificado técnico sobre la seguridad y estabilidad del inmueble. Hay que recordar que la voluntad de la mayor parte de los propietarios pasa por arrendar la finca para que ésta siga teniendo un uso hostelero. Por ello los planes pasan por agilizar el proceso de alquiler para que el arrendatario realice las necesarias obras de adecuación para su negocio. En este sentido, todo apunta que el nuevo negocio hostelero, sea el que sea finalmente, no abriría sus puertas por lo menos hasta el primer trimestre de 2027.
Los trabajos
Hay que recordar que el pasado 19 de noviembre parte del techo del interior del local de La Mallorquina se vino abajo repentinamente. Afortunadamente, no había nadie en el interior en el momento del suceso, ya que el negocio cerró definitivamente a principios de agosto. El colapso del techo vino originado por el mal estado de parte del forjado de la primera crujía de la finca, que se corresponde con la antigua zona de despacho de dulces de la confitería. Además de los ladrillos desprendidos también se desplomaron cuatro vigas, el relleno del techo y el suelo de la planta superior, dejándola al descubierto. Por otro lado, también quedó abombado y dañado el cerramiento acristalado del negocio.
Poco después, el 24 de noviembre, los propietarios recibieron una notificación por parte de la Delegación General del Área de Desarrollo Urbano Sostenible, del Servicio de Licencias y Disciplina Urbanística del Ayuntamiento de San Fernando, que aclaraba las obras y reparaciones que los copropietarios debían de asumir y que son las tareas ahora en curso.
En primer lugar, este decreto obligaba a los propietarios a la limpieza de la finca de los escombros producidos por el desplome del forjado. En segundo lugar, el documento obligaba a la demolición y sustitución del forjado desplomado ubicado en la primera crujía en planta baja. Por último, el decreto recogía la demolición del cerramiento acristalado existente en la fachada y su sustitución por una citara de ladrillo perforado pintada en color blanco. Además, la propiedad deberá presentar un certificado técnico sobre la seguridad y estabilidad del resto de forjados de la finca.
Todo quedó en su susto
Curiosamente, la tarde del pasado martes un cristal de uno de los dos balcones de primera planta de la finca de La Mallorquina se desprendió sobre la calzada haciéndose añicos y dejando restos de vidrio colgando del marco. La Policía Nacional no tardó en acudir tras recibir aviso telefónico y poco después llegaron efectivos del Consorcio Provincial de Bomberos para retirar los restos de cristal y cerciorarse de que existía peligro.
Según explica la familia, el equipo de la obra plantea la posibilidad de que el cristal fuese roto desde dentro por el impacto de una paloma, ya que se advirtió la presencia de dichas aves en el interior.
El cristal, precisamente, corresponde a una fachada que fue objeto de diversas mejorar para dar cumplimiento a las exigencias en materias de ornato recogidas en el Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Casco Histórico (Peprich).
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