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San Fernando

El Museo Camarón expondrá ‘La Fragua’, el homenaje al cantaor de San Fernando de Juan Antonio Lobato

Patricia Cavada y Juan Antonio Lobato ante el óleo 'La Fragua' en la galería GH40.

Patricia Cavada y Juan Antonio Lobato ante el óleo 'La Fragua' en la galería GH40. / Ayuntamiento San Fernando

El óleo La Fragua de Juan Antonio Lobato formará parte del contenido del Museo Camarón. "La alcaldesa me ha confirmado que se expondrá allí, ya tiene un espacio definido e irá con una iluminación especial que no entorpecerá el resto de la exposición" del centro de interpretación, comenta el artista isleño, propietario de la galería GH40, al que el Ayuntamiento de San Fernando le ha comprado esta muestra del expresionismo abstracto.

Al estudio para crear esta pintura llegó el autor con una documentación amplia, sobre todo muy personal, sobre José Monje Cruz, Camarón de La Isla. Su recuerdo de niño del flamenco, de sus nexos en la educación de pequeños y una reflexión de adulto sobre la realidad de la época y sobre su acercamiento a Lorca y el amplio mundo que se le abrió al cantaor a la ilustración y la contemporaneidad truncado por su fallecimiento. "La obra tiene una historia sentimental, pero también profunda de la que sacar enseñanzas", afirma Juan Antonio Lobato.

El pintor lo recuerda de niño en el canario, donde cantaba por sacarse unos dinerillos en los trayectos entre San Fernando y Chiclana de este autobús. "Me llamó la atención", comenta, la atención de quien entonces era un niño de pantalón corto. De mayor el acercamiento a la vida y obra de Camarón le descubre otra conexión: haber estudiado en el Liceo. Y sin embargo no deja de reconocer la desigualdad en sus conclusiones.

"Bajo las grandes escaleras había una puerta que los alumnos llamábamos de los gratuitos, sin saber su significado. Era un sitio donde no se podía entrar, tenían un horario diferente al resto del colegio. Era una acogida que hacían los carmelitas descalzos para los niños que no podían pagar el colegio o que no tenían becas para sacarlos del subdesarrollo. Cuando ves cómo escribía Camarón te das cuenta de que algo falló, porque no aprendió nada. Eso se me ha quedado, me enseñó, me hizo plantearme que hasta que no hubo una enseñanza pública, gratuita y de calidad, y una obligatoriedad de que todos los niños estuvieran escolarizados, no se dieron las condiciones para que surgieran más camarones. Algunos con la fortuna como él de ser un genio pueden triunfar y salir adelante, pero muchos otros se pueden quedar en la cuneta. Esa desigualdad te condenaba a la incultura", analiza.

De esa incultura salió José Monje, destaca, porque "con su formación Camarón llega tarde a la ilustración cuando conoce a Federico García Lorca. Cuando se le abren los mundos externos al que conocía de San Fernando, comprende lo que significa poder darte a conocer internacionalmente y el fundamento de una letra poderosa como la de Federico García Lorca". Lobato sitúa este momento en su último disco, Potro de Rabia y Miel, del que realiza la portada uno de sus artistas favoritos, Miquel Barceló, "expresionista abstracto como yo", para el que Camarón consigue al cantarla que la obra Federico García Lorca se universalice más que la poesía. "Pasó con Machado y Miguel Hernández cuando les canta Serrat. Los puristas del flamenco no se dieron cuenta del tesoro que era Camarón al entrar por el derrotero de la música moderna, de hacerse amigo de los Rolling Stone, de Al Di Meola. Era un capítulo nuevo, de una gran importancia, que su muerte cegó. Hubiéramos tenido un artista más contemporáneo aún", considera.

La tercera clave es la fragua, que estaba en el camino que recorría con su bicicleta cuando era niño, y a la que acudió para comprar "alcayatas gitanas", que incluso vio como el padre de Camarón preparaba.

El color de ese lugar predomina en la obra La Fragua, el rojo (y el negro), "el color de la sangre, porque en el mensaje hay dolor, calor y sobre todo fuego, pasión. En el Museo se ve claramente esa pasión, cuando ves todo allí, ves que él solo sabía cantar, gritar, chillar, como los grandes poetas", describe. Lobato se sirve del expresionismo abstracto, "mi forma de pintar", que se basa en la expresión del color. "Mi técnica es óleo glaseado, que no es barnizado. Es más grueso, como si fuera cerámica. Por eso hay que verlo con la luz adecuada", en vivo y no en fotografía para ver los matices, las texturas.

"La gama de colores de rojos es intensa. Hay carbón de la fragua, hay regueros de sangre de sufrimiento por su muerte, por el trabajo que hizo en vida para salir de las Callejuelas y del Zaporito, y llegar a donde llegó" , detalla. "Cada rincón te recuerda algo, el fragor de la fragua en un sitio, el sufrimiento en otro. No me gusta pintar una llama, un trozo de carbón. Me gusta pintar la expresión de lo que puede significar dentro del fuego, del carbón, esa fragua", continúa. Siempre con los mejores materiales: un lienzo de lino de 1,60 por 1,60 metros, pintura amsterdam de gran calidad y papel para una zona de collage, que le da textura, "algo que caracteriza mis obras". El autor asegura que hay una mezcolanza con la obra de Jackson Pollock o Marc Rothko, de los que bebe.

"El expresionismo abstracto admite una lectura sin palabras. Es lo más importante a la hora de definir una expresión de una idea. Cuando pintas un geranio o un barquito en la Caleta están peor o mejor pintados, pero todo el mundo sabe qué es. Cuando utilizas la abstracción en el expresionismo de una idea, como la fuerza de una fragua incandescente, se puede interpretar de otra manera porque la abstracción te permite ofrecer la idea de una manera más amplia. Con el título de la obra cada uno ve lo que quiera ver, cabe la interpretación del observador", explica Juan Antonio Lobato por la corriente artística que guía sus trabajos.

La alcaldesa, Patricia Cavada, le agradece la implicación al responsable de la galería GH40 en el ámbito cultural de la ciudad, como pintor, como galerista y como académico de San Romualdo y contribuidor a las actividades de la programación anual de la entidad. "Ahora nos permite contar con una de sus obras que pasa a integrar el patrimonio artístico de la ciudad y que formará parte de los nuevos contenidos para el Museo Camarón", señala. La regidora, que insiste en que el centro de interpretación era una deuda que La Isla tenía con un artista del relieve de José Monje Cruz que duda que vuelva a repetirse en San Fernando, recuerda que Camarón era una persona inquieta y defiende que el museo debe reflejarlo. "Debe ser un espacio vivo, e incorporar nuevas cosas, material documental, digital. En este caso, hay obras de otras personas a las que ha inspirado, como ocurre con Juan Antonio Lobato. Debe ser un espacio al que volver para descubrir nuevas cosas, como esa inspiración e influencia que genera en otras disciplinas", deja claro. 

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