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La población de la provincia sube un 10,2% en diez años

  • Chiclana (37,2%), Los Barrios (36,6%) y San Roque (28,3%), los municipios que más crecen

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Hace precisamente una década, en una entrevista con este periódico, Caballero Bonald confesaba que su patria era lo que veía desde la ventana donde vivía feliz. Como la aspiración a la felicidad no parece privativa de los poetas y como en su búsqueda intervienen asuntos tan prosaicos como el empleo digno, la disponibilidad real de viviendas, también dignas y a precios asequibles, las prestaciones sanitarias y educativas y las expectativas económicas, entre otros factores, podríamos deducir que las frías cifras de progresión de la población gaditana en la última década son un indicio, al menos, de algo que tiene que ver con todo eso. Aunque no siempre.

Interpretaciones aparte, que ya las harán apresuradamente los políticos en estos días y de manera más rigurosa los estudiosos, en años venideros, Chiclana fue el municipio que experimentó un mayor crecimiento demográfico porcentual en la última década, con una subida del 37,25% a 1 de enero de 2008 respecto al mismo día de 1998. Le van a la zaga Los Barrios, con un 36,64%; San Roque, con un 28,36%, y Castellar, con un espectacular 28,04%. A la cola se sitúan Algar, con una pérdida del 14,67%; Torre Alháquime, con un 13,56%; la capital gaditana, con un éxodo acumulado en diez años del 11,12% y El Gastor, con un 6,74% de déficit.

Ni que decir tiene que, si atendemos a las cifras absolutas, no pesan demográficamente lo mismo los 20.677 habitantes que gana Chiclana, uno de los municipios que mayor crecimiento urbanístico, legal e ilegal, ha sufrido en la última década, que los 681 que decidieron afincarse o les tocó nacer a los pies de la vieja fortaleza de Castellar. Ni tampoco los 23.762 que se establecieron y/o vieron la luz en la vasta Jerez de los 205.364 habitantes que los 29 que abandonaron Grazalema en los últimos en diez años.

Lo que sí parece evidente es que la disponibilidad de terrenos y las políticas de construcción de viviendas, más o menos desarrollistas, más o menos tolerantes con las irregularidades, determinan los crecimientos demográficos de cada municipio. Así lo demuestra la elocuente subida poblacional de un 18,65% que ha registrado Puerto Real desde 1998; el 17,03% de su vecino El Puerto o el 14,45% de San Fernando, las tres -sobre todo esta última- a costa de la estrecha, densa y siempre menguante Cádiz.

El caso de Benalup-Casas Viejas, un pueblo jandeño de interior con tan sólo 6.179 habitantes en 1998, que se apunta en una década otros 960 hasta conseguir un ascenso porcentual del 15,53%, pudiera estar relacionado con una modalidad hoy muy en boga del desarrollo urbanístico: el golf. Tras la última rectificación legislativa de la Junta, este subtipo de crecimiento promete disparar las cifras de población censada. Para lo bueno y para lo malo. Ahí está Tarifa. Con un 17,31% más de población que hace un decenio se enfrenta ahora a otra expansión de Atlanterra ligada a este fenómeno.

Pero de todos los factores que intervienen en la pujanza poblacional de un municipio, el que parece más determinante es el incremento de la actividad industrial y comercial. Miren si no a Los Barrios, una ciudad dormitorio de nivel económico medio alto de las vecinas Algeciras y La Línea, resurgido al calor del polígono industrial y comercial de Palmones. Allí trabajan a diario más de 30.000 personas. Su área de influencia es tal que se irradia a toda la comarca, como demuestra el 28,36% de crecimiento del municipio vecino de San Roque. La capital de la comarca también alcanza un importante alza del 13,10%. Y hasta el contenido municipio linense crece un 7,73% en población.

En cualquier caso, si fuese cierto que las ciudades que más crecen en población son en las que se vive mejor, la provincia estaría de enhorabuena. Pese a sus muchas carencias, en una década ha ganado un 10,2% de población. O lo que es lo mismo: 112.983 habitantes.

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