Provincia

Una labor contra viento y marea

  • La asociación benéfica Sol y Vida mantiene abierto su comedor social de la calle Cruces con trabajo y dignidad pese a la falta de ayudas

  • El número de usuarios crece en estos meses

A lo largo de los años han sido muchas las dificultades que ha atravesado la asociación Sol y Vida. La entidad comenzó a funcionar en los 90 en la calle San Bartolomé, como un centro de café y calor, en el que se ofrecían desayunos a personas con problemas de toxicomanías. Después, cuando llegó la crisis económica, el número de personas que necesitaron de este recurso benéfico y asistencial fue en aumento y la asociación comenzó a ofrecer comidas, ampliando el perfil de sus usuarios. El comedor social de Sol y Vida está ahora en la calle Cruces. Al frente de la asociación está su presidenta María del Carmen Lara, que mantiene las instalaciones con tres trabajadoras a tiempo parcial. Aunque nunca ha sido fácil sacar adelante el comedor social, el momento actual es especialmente delicado.

En primer lugar, el edificio donde está situado es antiguo, por lo que requiere continuas obras de conservación y mantenimiento. Además, al no ser de propiedad municipal, la asociación se ve obligada a pagar un alquiler todos los años, que ronda los 7.000 euros. Pese a todo, Sol y Vida mantiene la planta primera del edificio impecable, aunque a base de mucho trabajo y gestiones de su presidenta, pidiendo favores y con la colaboración de personas anónimas que echan una mano, conscientes de la labor social que realizan. Pese a esta voluntariedad y a la buena disposición de la ciudadanía, la falta de fondos es la tónica que rige en el día a día de Sol y Vida.

La presidenta está desesperada aunque contenta por mantener abierto el comedor El concejal Modesto Serrano visitó las instalaciones e intentará climatizarlas

Aunque una parte de las personas que acuden a la entidad para ayudar a servir las comidas son voluntarias, hay un personal fijo que trabaja a diario en el comedor, constituido por tres personas fijas en la cocina y por una trabajadora social. Con este personal, la asociación ofrece unos cien desayunos, comidas y bocadillos diarios, para alimentar a un gran número de personas necesitadas o en situación de vulnerabilidad. La presidenta de Sol y Vida reconoce que en verano hay un incremento del número de usuarios, por lo que "los gastos aumentan" y los recursos disponibles son escasos.

Cuando llegó el actual equipo de Gobierno, Sol y Vida recibió una propuesta para que el comedor se abriera los 365 días del año, pero quedó en el aire. Actualmente, la asociación no ha cobrado todavía la subvención municipal del primer semestre del año, 15.000 euros, por lo que Sol y Vida se está enfrentando a todos los gastos sin subvención ninguna. Esto es delicado desde el momento en que para mantener el comedor es necesario el pago de las nóminas de cocina y la comida que la entidad ofrece a sus usuarios. Aunque la colaboración de algunos particulares y entidades que aportan alimentos, como La Caixa o Carrefour, ofrece algún respiro, lo cierto es que el grueso de los gastos de la asociación están sujetos al uso de máquinas de cocina, electricidad, agua corriente, personal, y al propio alquiler, con lo que la presidenta se va obligada a hacer malabares para poder mantener a flote la entidad. Pese a todo la falta de fondos se compensa en parte con mucho trabajo de los implicados en el proyecto, de manera que las instalaciones están relucientes. Aunque el lugar es incómodo, está en planta primera y sin ascensor, y además no tiene climatización: en verano calor y frío en invierno. Las goteras, desconchones y otras mil cosas tienen que ser reparados de manera permanente, ya que, como explica Lara, "la casa está muy mala". Lara confiesa que está "desesperada" por el gran esfuerzo que tienen que hacer para mantener el comedor benéfico, aunque también se siente "contenta, porque pese a todo esto camina bien, con dignidad, aunque podría estar mejor". Además, en el comedor hay duchas recién instaladas y pagadas con los fondos de la entidad.

En días pasados, el nuevo concejal de Bienestar Social, Modesto Serrano, mantuvo un encuentro con la presidenta de Sol y Vida y pudo conocer el comedor. Junto al equipo de colaboradores de la entidad, el concejal realizó un recorrido por las dependencias, destacando "el importante trabajo que se realiza y la necesidad de contar con este recurso para quienes peor lo pasan". Conocedor de la situación, Serrano abordó las diferentes opciones para garantizar el servicio, y expresó su voluntad de iniciar los trámites para poder aclimatar el comedor y ofrecer un mejor servicio a los usuarios.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios