Provincia

Una labor constante de solidaridad

  • Aumenta el número de familias que son atendidas por el comedor del Pan Nuestro y por las Cáritas parroquiales

La mayoría de las Cáritas de San Fernando han doblado la ayuda que dan a las familias en los últimos meses. El número de unidades familiares que han acudido solicitando el auxilio de estas entidades solidarias se ha multiplicado. También el comedor del Pan Nuestro atiende a más personas que cada día acuden a por las raciones de comida para los suyos. Son datos y estadísticas que dan escalofríos, que demuestran una realidad preocupante de depresión económica que afecta sobremanera a la población.

El comedor prepara comida para 52 familias, 195 raciones que recogen estas personas que esperan su turno con sus tuperwears hasta llegar al ventanal donde las voluntarias les atienden. Son jóvenes, personas mayores y madres y padres que empujan los carritos de sus hijos. "Lo normal es que sean unas 27 familias y unas 120 raciones", reconoce el padre Juan, responsable del Pan Nuestro. Primer plato, segundo plato y postre completan el menú diario, al que se suman cuando es posible otros víveres, como leche y azúcar, o incluso comida para bebés. Hasta las instalaciones situadas en Fadricas acuden avalados por Servicios Sociales (del Ayuntamiento) y por las Cáritas parroquiales. También ellas desempeñan un papel fundamental en la atención a estas familias, para hacer incluso hasta lo imposible.

Todas han doblado su labor, han multiplicado por dos las familias de acogida. Lo notan en los últimos meses, según se desprende de los datos que maneja Cáritas Arciprestal, y reproducen perfectamente la situación que se vive a nivel nacional. En la Divina Pastora, por ejemplo, este mes tienen a 34 familias, ocho más que el mes anterior. Antes del verano tuvieron 18, en febrero 26, en julio otras tantas y en abril de 2006, 16. "Normalmente ayudamos a mucha gente, pero desde hace un tiempo se ha incrementado de manera extraordinaria", asegura Marilú, una de las voluntarias que hace posible que la entidad funcione. Isabel, de la parroquia de El Buen Pastor, sin embargo, responde que no ha habido tanto cambio con respecto a la cotidianidad del barrio: "Estamos en una zona con una problemática especial, que sufre mucho paro. Son gente que no arrastra grandes hipotecas". Después, matiza cuando analiza el mes actual: "Han venido tres familias nuevas, que nunca habían pedido ayuda, que siempre han vivido bien, pero que de pronto se han quedado sin trabajo y con muchos gastos. Eso sí que no es algo normal en Buen Pastor".

Tampoco es lo cotidiano en otras parroquias, incluso cuando se ubican en barriadas pobres y con fuertes problemas sociales, como Bazán. Veintitantas es un número normal, señala Antonia, pero ahora acogen a 30 familias. Hace dos meses eran la mitad y en verano menos. "En diciembre aumentará", prevé. Cáritas de la Iglesia Mayor ayuda a algo más de 80 familias, entre gente que ya antes ha acudido en ocasiones y otras que nunca lo habían necesitado. Es el doble de lo habitual.

En la parroquia de Manuel de Falla, en San Marcos, se atiende a 32 familias. Todos los días deben enfrentarse con los problemas de 3 o 4 personas, cuya situación les encamina a optar por esta vía de salvación. Son personas que se quedan sin empleo y que deben mantener a sus familias y cubrir gastos como la luz y el agua, o el alquiler de la casa en que viven. No tienen tampoco dinero para comida. Las Cáritas coinciden en que no hay un perfil definido, que van mayores y jóvenes, los más numerosos, aunque destacan las madres solteras o separadas. "Mayores con pensiones cortas, y familias numerosas", apunta Antonia. El viernes, por ejemplo, dieron comida a una familia con tres hijos, dos de ellos con hijos cada uno. Se atiende cada vez más a inmigrantes, especialmente sudamericanos. Son trabajadores que se dedicaban principalmente a la construcción y que se han quedado en la calle por las dificultades del sector. En algunos casos vienen solos, porque su familia sigue en su país y necesitan mandarles dinero.

Todos destacan las dudas que sufren las personas que nunca se han encontrado en esta situación."Notas cuando quien te habla nunca han pedido ayuda antes. Pasan mucha vergüenza. Porque pedir no es fácil". Estas reflexiones se repiten entre las personas que atienden en las Cáritas de San Fernando.

Los grupos parroquiales cubren cuestiones básicas de estas familias. No sólo entregan víveres para adultos y niños (como papillas) -la Pastora, por ejemplo, da vales para canjear en comercios de barrio-, también pagan al menos parte de los recibos de agua o luz de sus casas. Medicamentos o gafas es otra ayuda que ofrecen. Como la ropa, en algunos casos, y el material escolar que es una ayuda estacional.

Cáritas también los orienta y en algunos casos les consiguen trabajo. Ocurre con muchas mujeres, que se ponen a trabajar de limpiadoras o cuidando personas mayores. Porque los esfuerzos de Cáritas se diversifican.

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