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El dique flotante abandona de noche La Barrosa tras nueve días encallado

  • Dos remolcadores y un barco de apoyo rescataron la estructura y la transportaron hasta el Bajo de la Cabezuela, donde será sometida a las últimas inspecciones antes del traslado definitivo a Rota

Después de nueve días y de cientos de visitas de curiosos, el dique flotante Mar del Teide abandonó ayer por la noche la playa de La Barrosa. Dos remolcadores, el Sartosa 18 y el Charuca Silveira, y un barco de apoyo, el Insuiña Rande, llevaron a cabo el rescate de la estructura, propiedad de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), y pusieron rumbo a la Bahía en una maniobra lenta pero rodeada de las máximas medidas de seguridad.

Fuentes del operativo aseguraron que la maniobra de reflotamiento se realizó "sin ningún problema" e, incluso, remarcaron que no fue necesario esperar a la pleamar, prevista para dos horas después de la salida. La operación comenzó con el achique del agua de los tanques interiores del dique, que, durante toda la semana y también previamente en el trayecto desde Canarias, permanecieron llenos para evitar que el nivel de la plataforma descendiera y ésta pudiera sufrir daños al golpearse con el fondo marino.

Una vez deslastrada y enganchada a través de cables, los remolcadores procedieron a desencallarla siguiendo las directrices marcadas en las últimas jornadas. Según apuntaron las mismas fuentes, la empresa transportadora contratada por FCC ha desarrollado diferentes pruebas de tiro durante la semana para confirmar que la maniobra podía realizarse con garantías cuando las condiciones mareales fueran óptimas. De acuerdo con las previsiones hidrográficas y el plan elaborado de forma coordinada entre Capitanía Marítima y técnicos de FCC -como propietaria- y Allianz -como aseguradora-, el coeficiente de marea empezó a elevarse el pasado viernes, de ahí que ese día se llevara a cabo el primer intento de reflotamiento. Sin embargo, el nivel idéntico a la jornada en que se produjo el accidente no preveía recuperarse hasta "el lunes -por hoy- o el martes" y, por lo tanto, el pronóstico inicial apuntaba a que esos días serían los idóneos para el rescate.

Sin embargo, la empresa decidió adelantar esta fecha al considerar que anoche ya se daban estas condiciones. Tras arrastrarla mar adentro, iniciaron pasadas las 21.00 horas la lenta travesía hacia su destino, la Base Naval de Rota, donde esta gran estructura se incorporará a las obras de ampliación del muelle militar.

Al cierre de esta edición, la singladura no había hecho más que empezar, ya que los remolcadores impusieron un ritmo de navegación muy lento. Según el responsable del operativo, la velocidad de navegación fue de entre dos y tres nudos a la hora (es decir, a unos cuatro o cinco kilómetros por hora). Es fácil hacerse una idea de la lentitud del transporte ya que, por ejemplo y siempre dependiendo del motor y las prestaciones de la embarcación, un velero navega a una media de cuatro o cinco nudos y un yate a motor ronda los diez nudos.

No es de extrañar que el momento previsto para la llegada a la Bahía fuera la 1.30 de la madrugada y una hora después, el atraque final en el Bajo de la Cabezuela. A esta última parte, y como es habitual en este tipo de ejercicios, preveían unirse otros remolcadores de los prácticos del Puerto, así como personal del muelle para ayudar en las labores de amarre. En estas instalaciones permanecerá un tiempo más para comprobar que "efectivamente está bien y no ha sufrido daños". Con este objetivo, técnicos de Fomento de Construcciones y Contratas harán las últimas inspecciones y filmaciones, de las que podrá concluirse, a través del estudio ulterior de las imágenes, que el Mar del Teide está en perfectas condiciones para ser trasladado definitivamente y empleado en la Base de Rota.

Esta última fase es todavía incierta y dependerá de los resultados que se vayan obteniendo de los análisis, pero las mismas fuentes consultadas señalaron que la intención es que el dique flotante no permanezca "más de uno o dos días" en la Cabezuela.

De esta forma se pondrá fin a un periplo que comenzó el 17 de noviembre en Canarias y que se truncó a sólo 40 millas de Rota cuando el fuerte oleaje rompió el cable de unión al remolcador que lo transportaba, el Charuca Silveira.

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