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El amor al prójimo espara el verano

  • Jóvenes de centros Vedruna de la provincia desarrollan un campo de trabajo con niños inmigrantes en Almería

El amor al prójimo espara el verano El amor al prójimo espara el verano

El amor al prójimo espara el verano

Hay misiones de la Iglesia que no necesitan ir a África a ayudar, porque África vive entre nosotros, y eso en provincias como Cádiz o Almería se conoce muy bien. Y con frecuencia basta con prestar un poco de atención, ofrecer cariño, empatía, comprensión, tiempo. Escuchar y jugar para que niños que no viven ni de lejos en las mejores condiciones, pese a estar instalados en el 'primer mundo', lo aprecien, valoren… y disfruten. Niños con carencias, aunque para ellos no lo sean. Y ellos, claro, ayudan a aquellos que llegaron para ayudarles, creándose una suerte de círculo productivo de emociones, vínculos difíciles de romper, aprendizajes y sentimientos mutuos que perduran en la memoria. Crecimiento para todos.

Un grupo de jóvenes de colegios concertados Vedruna de distintos puntos del país, como Toledo, Madrid y también de la provincia de Cádiz, lo han comprobado en primera persona durante las dos últimas semanas, en un campo de trabajo promovido por los Padres Blancos. Los destinatarios han sido niños y jóvenes de Las 200 Viviendas (Roquetas de Mar) y La Mojonera, ambos enclaves de la provincia de Almería, de de distintas nacionalidades y procedencias pero con varios rasgos comunes: pocos recursos, entornos complicados y muchas ganas de sonreír, aprender cosas nuevas y vivir el verano.

Lo primero que hizo Loli Liébana al llegar a La Mojonera fue buscar quien tuviera un megáfono y no tardó en encontrarlo. Un vecino se prestó a ayudarla y con él recorrió la localidad del Poniente, anunciando su llegada y la de los chavales de Las 200 que, con los ojos muy abiertos y henchidos de expectación, aguardaban una semana completa de actividades, juegos y convivencia que posiblemente no les haya cambiado sus vidas, pero que difícilmente olvidarán. "Lo del megáfono es solo un ejemplo de lo bien que nos han tratado en La Mojonera. El pueblo, su ayuntamiento, la Policía Local… todos se han volcado con nosotros y nos han hecho sentir que queremos volver, y lo haremos", explica esta joven religiosa toledana. De hecho, lo que en un principio estaba pensado para una semana, se extendió a un segundo turno, configurado esta vez en su mayoría por chavales que viven en La Mojonera y que se fueron acercando e interesando conforme avanzaban los días. Los otros destinatarios son los niños y jóvenes de Las 200, cuyas calles se han convertido en lugares de experiencia y aprendizaje, escuelas improvisadas, en las que se han realizado las actividades con los más 'peques'. "Así que nos quedamos", interviene Mónica Cortecero, una de las profesoras que han formado el grupo de casi 30 personas que han desarrollado esta experiencia y que es 'repetidora', tras probarla por vez primera el año pasado. "Esto engancha", reconoce, sin poder ocultar un sincero entusiasmo.

Los monitores del campo de trabajo son estudiantes de bachillerato y ex alumnos; por las mañanas se encargan de realizar todas las actividades con los menores, y por las tardes dedican un tiempo a dar clase de español a los más mayores quedándoles aún espacio para la convivencia, la reflexión sobre lo vivido, analizando cómo pueden mejorar cada día la propuesta. Para ellos supone un crecimiento personal a muchos niveles. Les pone frente al espejo de la sociedad real, la que existe, pese a que en muchas ocasiones no la queramos ver. "Y ahí es donde se encuentran, donde ven lo que realmente son, lo que sienten", añade Mónica.

"Esto no son unas vacaciones pagadas", cuentan. En efecto, no lo son, y de hecho los propios jóvenes se sufragan los gastos de estos días, sus comidas e incluso los desayunos que a diario han ofrecido a los críos, que llegan muchos de ellos con carencias alimenticias. Pero es mucho mejor que unas vacaciones pagadas, a tenor de los testimonios y las sonrisas de quienes han vivido la experiencia, desarrollada en instalaciones de la Parroquia de la Mojonera (el 'hotel' de los jóvenes durante estos días) y del propio municipio del Poniente.

Los Padres Blancos llevan años organizando campos de trabajo en Las 200 Viviendas de Roquetas. De hecho, durante todo el verano llegan personas de distintos puntos de España para desarrollar proyectos como éste. Los colegios Vedruna llevan cinco años viniendo y seguro que serán muchos más. "Son los jóvenes quienes están con los niños, preparan todas las actividades, las desarrollan... los profesores estamos para supervisar y cada vez somos más los que queremos venir", explica Mónica. Y para los jóvenes voluntarios, todos sin experiencia laboral, también es un reto dar clases de español.

Tras una semana en La Mojonera, 15 chavales de este pueblo terminaron sumándose a las actividades, y a la hora de la despedida pedían más tiempo. "La idea es volver el año que viene y ampliarlo, porque la respuesta del pueblo y de su gente ha sido positiva".

La película de Disney 'Coco' ha sido la disculpa para plantear la temática de trabajo, por los valores que transmite. Muchas de las actividades programadas se han basado en sus personajes y su historia, su proceso de superación y la persecución de sus ideales. La idea que ha regido toda la propuesta es que los niños no solo jueguen, sino que aprendan multitud de cosas útiles para su día a día y valores como el respeto, la escucha, el compañerismo, el compartir, la colaboración... "Todo trabajado desde el juego y el cariño", subrayan.

El espíritu de Santa Joaquina de Vedruna, su "deseo de remediar las necesidades de todos los pueblos", su forma de ver la vida y la evangelización, está en el fondo de todo. "Hacerlo todo por amor y nada por la fuerza", así lo creía y así se refleja en el campo de trabajo. O, como advierte Loli Liébana, "que no nos mostremos demasiado exigentes, para no echarlo todo a perder". "Joaquina nos enseña que cuando nos ganamos el corazón de los niños, o el de cualquier persona, a partir de ahí es cuando se puede empezar a trabajar, y eso es lo que pretendemos hacer aquí".

Las despedidas trajeron llantos por las dos partes implicadas en esta bonita historia. De tristeza, pero también de alegría. Muchos volverán a verse las caras el año que viene y demostrarán, acordándose de sus nombres y de escenas vividas en estos días, que ha servido de mucho el encuentro. "De esta experiencia salimos con la decisión de convertir lo que hemos vivido en una forma de entender la vida y responder ante cualquier situación... no queremos que se quede en un hecho aislado; hemos aprendido a mirar de otra manera y queremos responder". Para los jóvenes monitores la experiencia no termina con el adiós. "Lo dijo Jesús: contad lo que veáis y oigáis, y eso es lo que les pedimos que hagan: que lo cuenten", resume Loli Liébana.

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