La ciudad y los días
Carlos Colón
Recuerda la bondad que hay en ti
De los hechos al parecer ocurridos en la mansión-complejo de Julio Iglesias en Punta Cana (los que crecimos hojeando sin mucho entusiasmo el ¡Hola! ochentero de nuestras madres lo seguimos situando en Indian Creek) no me interesa mucho la dialéctica Derecha-Izquierda con la que se maneja la mayoría para abordar este escabroso asunto. No seré yo, desde luego, el que ponga la mano en el fuego por el personaje (mala combinación la del dinero y el poder, cuando se agita demasiado) pero tampoco estoy por la labor de sumarme a su linchamiento sin una sentencia de condena.
Sí me interesa, sin embargo, el cambio de paradigma social que se observa en todo lo relacionado con las relaciones afectivas, y el modo de enjuiciar comportamientos que hasta no hace mucho parecían normales, o cuando menos tolerables. Si hoy dos muchachas pobres de la América Latina han tenido la oportunidad de alzar su voz contra una persona con el áurea y el carisma del cantante, para muchos imagen de España en el mundo, es porque han contado con la colaboración necesaria de una organización feminista transnacional bien dotada de fondos, con la amplificación de una campaña mediática sostenida por una joint venture de ocasión, pues según propia confesión, el medio español no estaba dispuesto a asumir las previsibles represalias judiciales sin el apoyo de un trasatlántico de la comunicación como Univisión. Podemos criticar todo lo que queramos al feminismo imperante, y motivos para ello aquí los tenemos sobrados, pero la realidad es que se trata del movimiento con mayor impacto social a escala global, y su posicionamiento radical por la igualdad de género ha dado algunos frutos, uno de los más efectivos la conceptuación del poder como determinante en la formación del consentimiento.
Con todo, yo no creo que la sangre llegue al río, y los buenos oficios del abogado probablemente llevarán el asunto hacia un final pactado lo menos traumático posible, al estilo de lo ocurrido con Plácido Domingo, otro que ya tampoco está para demasiados trotes. Pero lo que sí queda claro es que no ya las supuestas víctimas, sino la propia sociedad misma no parece dispuesta a tolerar actitudes rijosas que hasta ayer mismo levantaban una sonrisa, pero que a los ojos de hoy nos parecen sencillamente impresentables. Y es que la vida, para todos y también para Julio, ya no sigue igual.
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