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José De Mier Guerra

La veleta de las monjas

14 de febrero 2010 - 01:00

El campanario de la Iglesia y convento de Jesús Nazareno (las monjas agustinas recoletas) está coronado por una cruz con una veleta. Seguro que es la veleta más antigua que existe en Chiclana, el convento data de 1674. Sobre la cúpula del campanario se eleva una pirámide truncada que sostiene una especie de bola; es en realidad una forma tradicional de rematar las iglesias y los monasterios desde el siglo IX, representa una alegoría de la redención del mundo por Cristo. Esta bola, achatada por los laterales, está unida por su parte superior con otra esfera más pequeña, en la que está introducido el eje vertical de la veleta y cruz. En su construcción se utilizó plomo para fijar el eje en su posición vertical.

Hace unos veinticinco años un fuerte temporal la derribó y la fortuna (haría ese día poniente o norte) la hizo caer hacia dentro sobre un tejado del convento. Este hecho me permitió ver cómo se recogía, se reparaba y se volvía a colocar en su sitio, esta vez con resinas y gracias a la aparatosa e imprescindible colaboración de una canasta de los bomberos ya que la veleta se encuentra a más de 14 metros de altura.

En la cola de la veleta, en la parte plana y vertical, se encuentra cogida con remaches una chapa de bronce con la figura de "Santiago matamoros" o "Santiago cierra España". Es la figura del apóstol sobre un caballo blanco, tocado con sombrero y concha de peregrino blandiendo una espada, figura muy utilizada por la cristiandad desde el siglo XIII en recuerdo de la batalla de Clavijo.

Hoy en día nadie mira la veleta de las monjas. Aparentemente, estos artefactos que se inventaron para conocer la dirección del viento se han vuelto invisibles para casi todos. Incluso en cuadros del convento no figura la veleta, tan solo la cruz.

Hubo un tiempo en que lo primero que se hacía al salir a la calle, antes de partir para la faena, era mirar la veleta y ver hacia dónde señalaba. Con esa dirección y la forma, color y velocidad de las nubes había quien se atrevía a pronosticar el tiempo atmosférico hasta con días de antelación.

Durante el mes de agosto era imprescindible mirar y fijarse con más detalles en el tiempo. Los doce primeros días de ese mes iban a definir mediante las "Cabañuelas" el comportamiento del tiempo durante los doce meses del año posterior.

Siempre hemos vivido una relación muy intensa con los vientos, sobre todo con el levante, a pesar de que el viento dominante en la zona es el poniente: "está bajeando el levante"; "hace un levantazo"; "el levante entró el martes"; "este año hace mas levante"; "mañana salta levante", incluso cuando no hace viento "qué raro, seguro que va a saltar levante" son expresiones chiclaneras en cualquier conversación. Pero para saber su dirección hoy la vemos con flechitas en la prensa escrita o en cualquiera de las cadenas de televisión, la información meteorológica nos la sirven de continuo con infinidad de detalles.

Como ya no sirve, la veleta ha acabado por pasar desapercibida, siendo tan solo un elemento arquitectónicamente modesto dentro de toda la figura del convento.

Todas las veletas señalan los vientos en función de los puntos cardinales, incluso tienen señalado y normalmente orientado el norte. Pero nuestra veleta cuando se miraba, cuando era útil señalaba realmente para las ciudades. Miraba para la Isla, o para Medina, o para Santa Ana; los vientos de esa manera eran más nuestros, el poniente de la Isla, el levante de Medina o el sur de la mar o de Santa Ana; nuestro mundo era mucho más pequeño, se concretaba a nuestro término municipal, pero podíamos ver el viento y materializarlo.

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