Rectificar es de sabios, las excusas, de necios

11 de enero 2026 - 07:01

En cada noticia que ha salido de mis dedos dedicada a la regiduría de escena durante el Concurso Oficial de Agrupaciones he procurado ser exquisita y cuidadosa con cada declaración. He escuchado la grabadora una y otra vez, he reproducido las aseveraciones y argumentos, escrito todas las comillas y hoy, con todas ellas delante, puestas en surrealista mosaico, dispuesta a escribir un resumen de lo acontecido para este primer número de Diario del Carnaval 2026, casi me sale principio de úlcera.

Aparte de la pregunta que nadie me ha respondido de forma satisfactoria sin un bajar la voz, sin una advertencia de confidencialidad y sin miradas que quieren decir todo pero no dicen nada –¿quién no quería a José Antonio Benavides y por qué?–, me queda la sensación de que hemos (he) abordado este embrollo con esa alegre superficialidad con la que, en el fondo, tratamos todos los asuntos relacionados con el Carnaval.

“Al final todo quedará igual”, “nunca pasa nada”, “anda mujer, ya se arreglarán”. La necesaria explosión controlada de cada año, el gatopardismo –término de moda y gastado hasta la saciedad– con el que hoy se disculpa y, si no, se matiza la gravedad real de muchos asuntos y, particularmente, de uno que se desliza de éste. El cómo ha comunicado esta cuestión el equipo de Gobierno.

Además de negarse a contar el ya mencionado nudo central del problema (¿por qué despojar de la función del pasado año al técnico de marras?), los argumentos con los que alcalde y concejala han abordado cada cambio de guion son, ciertamente, preocupantes. Que un día antes del comienzo se decida quién va a hacer qué en la tramoya, que un problema escénico surgido en diciembre no se arregle hasta enero o que un alcalde vaya a golpe de teléfono de una u otras agrupaciones escuchando y tomando decisiones improvisadas sobre una historia que debería estar más que cerrada por su equipo bien denota un descontrol importante en la gestión o una sobrada habilidad para la inventiva. ¿Susto o muerte? ¿Con qué nos quedamos? Yo sólo sé que rectificar es de sabios y difundir excusas intragables, de necios. No se lo cree nadie.

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