En tránsito
Eduardo Jordá
Vivienda
Un año más hubo polémica con los premios y finalistas del Carnaval de Cádiz. Y sobre todo con las insinuaciones de algunos que no ganaron. Cada cual se arrima a los suyos, a la hora de justificar los premios y los finalistas. Es cuestión de gustos. Pero hay un tópico que se maneja en los últimos años y que es falso. Me refiero a la teoría de la conspiración política, a la supuesta penalización de la valentía en los repertorios. Se suelen considerar valientes los repertorios cuya ideología es la misma de los partidos de izquierda. Es decir, los autores que critican mucho a Juanma Moreno y el PP, pero casi nada a Pedro Sánchez. A esos que no le han cantado cuplés a Yolanda Díaz, que es de Sumar, y se gastó 300 euros en un cotillón de Nochevieja, y después habla del salario mínimo.
El Carnaval, por supuesto, es natural que sea más de izquierdas que de derechas en las coplas. Si nos fijamos en sus orígenes, es obvio que los componentes y autores eran obreros y gente del pueblo trabajador. Ahora, en general, también se supone que lo son, aunque no todos, porque salen algunos artistas que ganan más que la media de la renta per cápita de la gente del salario mínimo. Está asumido que predomine la ideología de izquierda en los repertorios. Y se supone que será porque hay más votantes de Podemos que de Vox entre los que cantan.
Pero pensar que se castiga la valentía en el Carnaval es falso. Para empezar, parodiando a Pilato, podríamos preguntar: ¿y qué es la valentía? Por ejemplo, se considera valentía ridiculizar (y a veces incluso insultar) a la Iglesia y la religión católica. Porque con ‘Los tontos de capirote’ de Javier Osuna (tercer premio de 1986) se formó un gran revuelo. Desde entonces han pasado 40 años; y ya ni los obispos ni los cofrades entran a esos trapos, y así esa valentía se pierde en la indiferencia. Aparte de que muchos carnavaleros son creyentes y capillitas. Más valiente sería escribir sobre la opresión de la mujer en Irán y la represión del fundamentalismo islámico. Es decir, valiente es hoy lo políticamente incorrecto. Críticos con el poder, sea de derechas o de izquierdas. Y con los corruptos. Y con los hipócritas. Y con los mentirosos. Y con los engañabobos.
Aparte de que en el Carnaval de Cádiz hay otros ingredientes básicos, como la gracia gaditana, la ironía, la alegría, la autocrítica, que se deben considerar para los premios y encajan mal con tanta tristeza. Un pasodoble no es un panfleto. Y, por supuesto, no se debe beneficiar a ninguna agrupación por una ideología, sea la que sea.
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