Pregonar la discordia

18 de febrero 2026 - 03:07

Para una persona de fuera, debe ser una tarea complicada pregonar el carnaval de Cádiz, una fiesta singular que representa mejor que ninguna la idiosincrasia de la ciudad, tan independiente incluso de su propia provincia, tan contradictoria entre su esplendoroso pasado cuando era el puerto comercial más importante del mundo y puerta de las Indias, y el decadente presente que dejan las cenizas de una industria naval anticuada e ineficiente. Una ciudad que, pese a su impactante belleza luminosa y colonial, suele descubrirse tarde, como nos ha pasado a tantos que la llevábamos viendo en la lejanía desde las playas del poniente gaditano. Y tanta es su personalidad, que no ha necesitado de ninguna feria para reclamar cada febrero la atención de visitantes de todo el mundo.

Para este año, el Ayuntamiento de Cádiz, con alcalde del Partido Popular, designó como pregonero del Carnaval al humorista de Dos Hermanas Manu Sánchez, prototipo del andaluz con chispa, buen comunicador, bien tratado por los políticos de todo signo a juzgar por sus continuas apariciones en Canal Sur y los muchos reconocimientos que recibe. Se da el caso, además, de que el pregonero ha sufrido los embates de la terrible enfermedad, que afortunadamente gracias a Dios (al verdadero) ha superado, por lo que se le presume un agradecimiento a la denostada sanidad pública y a los que la hacen posible, los cuales, dicho sea de paso, no tienen que ser necesariamente votantes del Kichi y compañía.

En su largo pregón (¡tres horas!), salpicado de cameos con otros artistas y personajes del Carnaval, dejó, como no podía ser de otra forma, su declaración de amor por Cádiz (y al final, incluso por su novia, ya prometida) pero en su parte central introdujo una carga ideológica de carácter marcadamente izquierdista que ha provocado la consiguiente reacción de las redes sociales, debate al que él se ha sumado después gustoso. Aunque eso de que la libertad viene siempre por la izquierda es cosa harto discutible, tiene todo el derecho del mundo a decirlo. Como los demás tenemos el derecho a reprocharle que acordarse cincuenta años después, y con la que está cayendo, del Franquismo, no es ningún signo de valentía y concordia, sino todo lo contrario. Una pena que personas con talento llamados a pregonar la fiesta universal se empeñen en seguir llamando lastimosamente a la discordia.

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