Notas al margen
David Fernández
Los mejores hace tiempo que se fueron
Un aforismo inédito del psiquiatra Luis Gutiérrez Rojas advierte: “Si temes oír la respuesta no le preguntes al médico”. Las máximas de Gutiérrez Rojas no estarán mucho tiempo inéditas. Pero ésta, en concreto, no saldrá en la antología que va a publicar Renacimiento. Por mi culpa. Estoy ayudando a la edición y he pensado que no vale. En realidad, si temes oír la respuesta, lo suyo es que no preguntes a nadie sincero, médico o peón de albañil.
¿Significa esto que Gutiérrez Rojas, con lo listo que es, se ha equivocado, por exceso de corporativismo? No, sencillamente se deja llevar por un signo de los tiempos. Antes se decía que había que ser sinceros por lo menos con el médico y el confesor. Ahora nos ha quedado sólo el médico. Lo que tiene su lógica en este mundo tan materialista. El último refugio de la verdad es la Medicina.
Lo que explica que muchísimos alumnos brillantes de bachillerato quieran estudiar ahora Medicina a pesar de las medias imposibles y de la avalancha de solicitudes. La juventud es noble y valiente y quiere emplear su vida en metas altas que sirvan a los demás. Pero el mundo moderno niega que exista el mal, así que no muchos quieren estudiar ética. El buenismo malbarata la bondad. Aquí miente el presidente del Gobierno; mienten los expertos de toda laya y condición; miente hasta un cardenal. Y no pasa nada. Y sin verdad, muy pocos encuentran –como es lógico– interés en estudiar filosofía. Cuando la belleza es relativa y depende de las ventas, qué sentido tiene entregar tu vida al arte o a la literatura. Para qué ser militar si no existen patrias. Si los malhechores son apenas víctimas sociales, ¿quién los va a perseguir como policía? Y si la justicia no es más que un eufemismo del poder arbitrario, ¿para qué estudiar Derecho? Al final, sólo queda un mal objetivo: la enfermedad. Y para enfrentarse con ella se aprestan tantos jóvenes idealistas.
Sin dejar de luchar contra la enfermedad, debemos atacar el feísmo, el relativismo moral y metafísico y la disolución de nuestra dignidad. Hay muchos campos abiertos y todavía más que tenemos que reabrir con urgencia. Una primera medida es que a cualquiera que nos pregunte lo que sea, le digamos la verdad, incluso aunque no seamos ni médicos ni enfermeros. Es un acto urgentísimo de rebeldía.
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