Tribuna de opinión

Juan Torrejón Chaves. Historiador

El pintor de la batalla de Chiclana

El coronel François Lejeune quedó maravillado por la Bahía de Cádiz

En París, la tarde del 14 de febrero de 1811, el coronel Louis François Lejeune se encontraba en un baile de disfraces, en casa del príncipe Cambacérès, archicanciller del Imperio. Se le acercó un individuo disfrazado de dominó, que posó una mano sobre su hombro y, simultáneamente, le hizo con el dedo índice de la otra la señal de silencio, susurrando: "¡Chitón!, mañana a las diez acudiréis a las Tullerías, el Emperador quiere hablaros». El coronel se inclinó respetuosamente y respondió sólo con un gesto afirmativo. El cauteloso personaje era el mariscal Berthier, príncipe de Wagram y de Neufchatel, mayor general de Napoleón.

Al día siguiente, un edecán introdujo a Lejeune en el gabinete del Emperador, quien le dijo: "Hace mucho tiempo que no he visto España y recibo de ella difícilmente noticias. Marche usted para allá; entrevístese con mi hermano y recuérdele que con las fuerzas que he puesto a sus órdenes debe secundarme enérgicamente. Insista sobre este punto. Infórmeme sobre la situación del país y las necesidades del ejército. Vea las tropas. Trate con el mariscal Soult, los demás mariscales, los generales…; visite Granada y el ejército de Sebastiani; examine el arsenal de Sevilla; presione el sitio de Cádiz. Mire todo con detalle, tanto en relación con el personal como con el material. Tome nota de todo y vuelva sin pérdida de tiempo".

Lejeune efectuó los preparativos de inmediato y partió en la tarde. El 5 de marzo llegó a Madrid, que abandonó el día 7 para dirigirse hacia Andalucía. Cruzó Sierra Morena fuertemente escoltado y, desde Andújar, tomó la ruta de Jaén en dirección a Granada. Tras informarse de la situación en la ciudad de la Alhambra, se encaminó hacia Córdoba a la que arribó el 19 de marzo, cuando se celebraba la onomástica del rey José. De Córdoba salió para Sevilla, donde fue recibido por el mariscal Soult y pasó tres días ocupado en visitar las tropas, los arsenales, la fundición de artillería, los hospitales, y los establecimientos militares y civiles que funcionaban para el ejército. Pudo comprobar el buen orden existente y la actividad admirable que se desarrollaba en todas las administraciones.

Los generales Ruty, de artillería, Lhéry, de ingenieros, y otros oficiales celebraron su llegada y le proporcionaron multitud de detalles sobre la situación; ansiosos de que retornara pronto a Paris y los trasmitiera al Emperador, con el objeto de que se formara una idea más completa que la información parcial que le llegaba por los conductos oficiales.

Luego, Lejeune descendió por el Guadalquivir, pues la ruta por tierra desde Sevilla no era segura. Desembarcó en Sanlúcar de Barrameda y pasó a El Puerto de Santa María. Recibido por el mariscal Victor, se puso al corriente de todas las operaciones del sitio de la Isla de León y Cádiz, y fue informado muy pormenorizadamente de la batalla que pocos días atrás se había librado en las proximidades de Chiclana de la Frontera. Los generales de ingenieros, artillería, infantería y caballería, le mostraron sus tropas y los trabajos de fortificación, acompañándole en recorrer toda la línea francesa de operaciones, bajo el fuego de las baterías y cañoneras españolas.

Lejeune pudo observar directamente el escenario de la referida batalla y, antes de abandonar la bahía de Cádiz, movido por la pintoresca belleza del lugar, efectuó diversos bosquejos que le sirvieron para realizar años después su famoso cuadro, al que incorporó la información proporcionada por los propios participantes en la lucha.

El 27 de marzo volvió a reunirse en El Puerto de Santa María con el mariscal Victor, quien le pormenorizó las carencias de su cuerpo de ejército, y le transmitió su opinión acerca de la necesidad de que Napoleón retornase para tomar el mando militar y dar solución a los asuntos de España. El mismo día, Lejeune salió para Sanlúcar de Barrameda. Remontó el Guadalquivir y llegó a Sevilla, donde se entrevistó de nuevo con el mariscal Soult.

En el retorno a Francia, portador de los informes requeridos, Lejeune partió de Córdoba el 1.º de abril. Pocos días después, dejando atrás Toledo y antes de alcanzar Madrid, cerca de Illescas fue hecho prisionero por la partida guerrillera de Juan Palarea, el "Médico". Salvó la vida milagrosamente y, con posterioridad, vivió una serie de peripecias que le llevaron a caer en manos de los británicos, quienes desde Portugal lo trasladaron prisionero a Inglaterra, de donde escapó y regresó a su patria.

En 1824, Lejeune expuso en el "Salon des artistes Français" de Paris, con el número 1.120, un cuadro al óleo sobre tela con el título de "Bataille de Chiclana. 5 Mars 1811" La obra es propiedad del Estado francés que la adquirió en 1861 y se encuentra en Versalles, entre los fondos pertenecientes al "Musée National du Château et des Trianons".

La escena central representa el enfrentamiento a la bayoneta sostenido en la Loma del Puerco por franceses y británicos. En el lado inferior izquierdo figura el general François Amable Ruffin, quien yace inerte tendido en el suelo junto a su caballo y a punto de ser capturado por soldados enemigos. Destacan en él su figura corpulenta y elegante, así como la tez clara del rostro rodeado por los rizos de un pelo rubio en desorden. En la composición aparece también la vivandera Catherine Balland, del regimiento 95 de línea, recorriendo las filas en los momentos de mayor peligro, distribuyendo aguardiente a los soldados para reconfortarlos, a la vez que les animaba diciendo: "¡Toma, bebe, bebe, amigo mío; tú me pagarás mañana!". Catherine, que llegó a ser célebre en el ejército francés, recibió por la acción referida y por otras semejantes la Cruz de la Legión de Honor en 1813.

A lo largo de su vida, Lejeune, nacido en Estrasburgo el 3 de febrero de 1775, alternó las misiones militares con los periodos consagrados a la pintura. En 1789 ingresó en la Académie Royale de Peinture et de Sculpture, interrumpiendo bruscamente sus estudios en 1792 al enrolarse con sólo diecisiete años en la "Compagnie des Arts" para defender la República, abrazando la carrera de las armas con entusiasmo.

Incorporado al cuerpo de ingenieros, participó en notables campañas, hallándose presente en el sitio de Charleroi, el paso del Rhin, la segunda campaña de Italia, la guerra de España, y la campaña de Rusia. Alcanzó el grado de general de brigada y recibió la Legión de Honor en la dignidad de gran oficial.

El año 1835 se retiró de sus funciones militares. Llegó a ser director de la Escuela de Bellas Artes y de la Industria de Toulouse; ciudad de la que fue su alcalde y en la que falleció el 26 de febrero de 1848 a la edad de setenta y tres años.

Jean Urbain Guérin lo representó en 1809 tomando apuntes en el campo de batalla, con el vistoso uniforme que el mismo Lejeune había diseñado para los ayudantes de campo del mariscal Berthier: a la húngara, con la pelliza de paño negro, fajín de seda, dolmán blanco con trenzas de oro y piel, pantalón largo y chacó de paño escarlata rematado por un copete blanco con plumas de garza. Los cinco galones dorados corresponden al grado de coronel. Su sable está inspirado en el de los mamelucos y el portapliegos se encuentra ribeteado con gruesos flecos en cañutillo, propio de los oficiales superiores.

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