El Alambique

Jose Mª / Morillo

El niño de posguerra

27 de diciembre 2015 - 01:00

LAS panarrias vuelan a media asta y las coquinas están de luto. Macandé y Anzonini celebran en el tablao del Mas Allá su reencuentro con el maestro. En el cementerio de los Vapores, el Adriano III endereza sus maltrechas tablas al verlo pasar. ¡Mía que tré, Carota, Maquica y Lelé! En la Placilla ha dejado de oler, por un momento, a calentitos. El salitre de la playa de Santa Catalina se ha arremolinado buscando sus huellas, esas que ha dejado impresas en libros y pregones de portuensismo. Los escaramujos y las mojarras se visten de negro. Las palmichas han perdido su color. Los niños de la Escolanía entonan con voz triste un romance de tradición oral recuperado de José de los Reyes 'el Negro', que acaso escuchara cuando junto a otros aficionados fundaba la Tertulia Flamenca 'Tomás el Nitri'. En la calle Santa Clara no se elaboran pestiños en señal de duelo. Una morterá de catarronas se esconden asustadas. Nadie quiere ir a la Cochinchina a buscar un vino sobre tablas. Nadie quiere volver a montar en las Cunitas del Parque de los recuerdos. Nadie prueba siquiera una media chica de Amontillado Fino Jardín, despreciando también los cundis, las tajaítas 'el pollo' o de 'garfín', los 'chochitos de vieja'... Se me hace imposible recordar un pregón de arropías, largas y retorcías, ni de 'acemitas', ni del aceitunero que ya no regresan al Mercado del hambre que tanto rememoró con su buena versación nuestro Muñoli. En las Escuelitas de SAFA, en el Colegio Menesteo, en el Orfeón Portuense, en la Asociación Alcanatif, en tantos y tantos lugares donde el Maestro dejó su cariño por El Puerto no saben como explicar que Almendrita, Carrurra, Manolo el de las Ánimas, la Pichirica, el Partecrisma, Tonino, el Cagalitri, el Peste, el Mijita, el Telera, el Cohete, el Capacha, el Cagalástima, María la del Churrete, el Gurrino, el Poleá, el Cortapicha, el Tajaíta, … no volverán a resucitar de la memoria prodigiosa de aquel hombre que nació en la posguerra y que todavía conservaba un ápice de ingenuidad en sus ojos, porque así veía el mundo, con los ojos de un niño del Barrio Alto. ¡Que de recuerdos de aquel concejal de Cultura, andalucista! Hoy todos -porteños y portuenses-- estamos con el comejé de su ausencia súbita.

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