El pinsapar

Enrique Montiel

La multiplicación

20 de enero 2026 - 03:05

Lospadres, los hermanos, los abuelos, los tíos, los primos, los cuñados, los sobrinos, los amigos, los vecinos, los compañeros del trabajo, los condiscípulos, los socios de la misma sociedad, los también cofrades de la misma hermandad, los que veranean juntos… ¿Por cuántos hemos de multiplicar la cifra de muertos, de heridos de Adamuz?

Los propios vecinos de la localidad cordobesa que acudieron enseguida que supieron del terrible accidente con una manta, leche caliente, los brazos y las manos para meter el hombro, ayudar a las fuerzas de seguridad del Estado, todas, en el rescate, la recuperación de los heridos que crecían en número, los muertos, que crecían en número. Ese número creciente iba extendiéndose sobre el mapa de España como aceite derramado. Y subiendo.

Una ruleta que llevaba la bola al cero, todo iba a la banca del dolor, del luto, de la tragedia. Como el toro he nacido para el luto y el dolor, escribió Miguel Hernández; como el toro estoy marcado por un hierro infernal en el costado… Como el toro me crezco en el castigo, la lengua en corazón tengo bañada… El poeta también aquí canta al amor y extraigo la experiencia del dolor y lo pongo en esa mancha de aceite sobre el papel de estraza, sobre la tela de sudario que es España una vez más.

Vendrá el tiempo de ajustar las cuentas, de conocer lo que hoy es misterio -que dos trenes choquen a alta velocidad- pero ahora mismo, las malas noticias cada vez más llamando a las puertas de los españoles, el runrún incontenible, lo certificado que no queríamos haber sabido nunca, ocupa el vivir angustioso de los que esperan las malas noticias que finalmente llegan. Y es entonces cuando la multiplicación avanza incontenible, los números se hacen cada vez más grandes y onerosos, más empinados y angustiosos. En muchos hogares de España hoy sigue un silencio cruel, un no poder decir nada, no entender nada, no comprender por qué llegan las desgracias así, este irse a negro la vida. Era domingo -recordaré algún día- cuando empezaron a llegar las malas noticias, cuando dijeron que dos trenes de alta velocidad habían chocado frontalmente. Ya entonces lo vislumbré, en ese momento: habrá muchos muertos y heridos. Entonces no vi la multiplicación del dolor que he visto ahora.

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