Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
LA mar está llorando, sus hijos se mueren, se va quedando sola, triste...". Así canta con verdad la gran Clara Montes.
Hoy a las once de la mañana medio centenar de niños limpiaran la playa de La Puntilla en una actividad promovida por la Fundación Ecomar que preside la doble campeona olímpica Theresa Zabell y la Federación Andaluza de Vela. Esta iniciativa busca concienciar a los niños en el respeto al medioambiente y la importancia de proteger nuestro litoral de colillas, latas, plásticos y vidrios, comprobando cómo están las playas y enseñándoles a reciclar los residuos traídos por la marea.
Bajo la grímpola de la limpieza del mar, Ecomar nació con tres objetivos; acercar a los niños al mar para que aprendan a disfrutarlo, enseñarles a que lo respeten y lograr que se conviertan en voluntarios, recogiendo lo que otros tiran. Y yo añado, para intentar que no repitan el comportamiento de los mal llamados adultos.
El problema es muy grave debido al mal uso y la constante mala gestión de los recursos naturales. Se calcula que cada año 6,4 millones de toneladas de residuos acaban en el mar. Entre el 60% y el 80% son plásticos, casi todo bolsas pero también envases de bebidas, latas o colillas. Solo en España cada día entran en el mercado más de 50 millones de envases, de los que solo se recupera el 30%, el resto termina en vertederos. Un informe de Greenpeace titulado Basuras en el Mar calcula que tan solo un 15% de la basura que se vierte en el mar termina en las playas, un 70% se hunde y el otro 15% se queda en la columna de agua provocando graves daños ambientales.
Y no creo que un Festival sea el problema, ni siquiera la falta de efectivos, o no sólo, yo misma puedo comprobar cada mañana que el personal destinado a tal fin no da abasto para limpiar la basura que dejamos. El problema no es de los que limpian, es más grave y de base, y si no queremos pensar en nosotros, pensemos en esos hijos por los que nos damos golpes de pecho y que si no educamos en ese sentido, cualquier día se sentirán atrapados como esos pececitos que les gustan tanto. Hasta que una actividad más o menos divertida no se convierta en su modus operandi, el mar seguirá devolviendo lo que no es suyo y el planeta seguirá estrangulándose hasta la asfixia. En esto no vale mirar hacia otro lado y buscar culpables. Para un futuro mejor, educación.
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