Su propio afán

Enrique García-Máiquez

José María Pemán Hijo

17 de enero 2026 - 03:04

José María Pemán hijo, que acaba de morírsenos, era amigo de mis padres y padre de mis amigos. Una sola de esas dos condiciones basta para profesar a alguien un afecto muy especial; cuando se dan ambas a la vez, el efecto se multiplica y se ahonda.

No quedó ahí la cosa. La familia Pemán al completo da un ejemplo magnífico de preocupación y cariño por la obra de su padre, abuelo o ya bisabuelo. Se desviven en gestiones bifrontes: defender su memoria y derrotar el olvido. Lo hacen con enorme generosidad y hasta con quijotismo, apartando trabas económicas o vanidosas.

José María ejercía aquí cierta representación familiar. El legado, en todos los sentidos, no era fácil de gestionar. La figura como escritor y como personaje histórico de Pemán padre, o sea, de Pemán Pemartín era tan grande –pese a quien le pese–, que, para llamar a José María, se imponía un “Pemán hijo”, aunque él se apellidaba de segundo Domecq, ea, con lo que pesa un Domecq por estos pagos. Pero la condición de hijo de su padre contaba aún más.

La llevó con magnífico humor y secreta entrega. Era de saludo pronto, universal y amabilísimo, con una broma siempre preparada, usando ese pellizco como excusa para sonreírte. Su interés constante por la obra de su padre lo he vivido en primera persona, porque le pedí permiso para editar la novela Señor de su ánimo y para dedicar mi discurso de ingreso de la Real Academia Hispano Americana a la aforística de Pemán. Además, acariciamos la idea de que yo antologase los cuadernos inéditos del diario del escritor, de lo que hablamos con ilusión con frecuencia. También le pedí otros permisos de parte de amigos de fuera, que acudían a mí por saberme pemaniano perdido. Todos se encontraron llamativas facilidades. En la última ocasión, hace tres o cuatro días, Antonio Lafarque necesitaba autorización para reproducir dos poemas de Pemán en una de esas magníficas antologías temáticas que él prepara. Le di el teléfono de José María, que le contestó enseguida, aunque con un lacónico “OK”, que extrañó a Lafarque. Le expliqué que estaba regular de salud. ¡Y tanto! Una de las últimas cosas que José María ha hecho en este mundo ha sido seguir alentando, al límite de sus fuerzas, la difusión y el cariño a la literatura de su padre. Pemán Hijo ha cumplido su papel hasta el final.

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