El mundo de ayer
Rafael Castaño
Dido en Caracas
NO se recuerda un caso igual: hemos entrado en la campaña electoral sin inaugurar nada. No sólo en Cádiz capital, en toda la Bahía. La semana pasada sólo se inauguró la Feria de Chiclana. Los partidos tradicionales se han acoquinado y se han venido abajo desde que hay emergentes. Así hemos perdido uno de los alicientes de las vísperas de las campañas. ¿Recuerdan ustedes cuando decían que el segundo puente de la Bahía sería inaugurado antes de la campaña municipal de 2015, para que Teófila volviera a ganar? No se atrevieron. Y pasó lo que pasó. Y ya pasa todo el mundo por el puente, sí, pero nadie se acuerda. De ese modo hemos llegado al desmadre actual: no se inaugura nada, porque no hay nada que inaugurar.
Y mira que han tenido oportunidades. La Junta y el Ayuntamiento de Cádiz han podido inaugurar la nueva estación de autobuses, que incluso está terminada a falta de lo que sea. Pero ni por esas. Ya se sabe que en estos tiempos se terminan las obras para no inaugurarlas. Mientras nos llevamos esa desilusión, resulta que el delegado de la Junta, Fernando López Gil, ha anunciando otra vez la apertura del Teatro Romano de El Pópulo. Ahora dice que lo abrirán el mes que viene. Se necesita mucha fe para creerlo. Ya lo han retrasado tres o cuatro veces.
El Ayuntamiento de Cádiz podría haber festejado algo. Es increíble que ni siquiera hayan sido capaces de inaugurar un par de kilómetros de carril bici. Hubiera sido emotivo ver las sonrisas de Kichi González y Martín Vila en bicicleta, de Santa María del Mar a la Caleta. En el Campo del Sur ya existe una especie de carril bici pintado, que recibieron en la herencia, y que podrían haber mejorado como un carril de cinco estrellas. Digo esto porque era lo más sencillo. No iban a inaugurar un hotel en Puerto América, ni un parking en la plaza de Sevilla.
En otros municipios también han perdido la oportunidad de inauguraciones bonitas. Por ejemplo, abrir la playa de los perros en Camposoto con una fiesta canina; o poner a flote de una vez el Vaporcito, en El Puerto de Santa María. O trasladar alguna facultad de Puerto Real a Cádiz, o de Cádiz a Puerto Real. En fin, hacer algo, por resumir. A falta de eso, se distraen rompiendo pactos, como en El Puerto. Levantemos el chiringuito. Mira qué buen ejemplo…
No me extraña que los alcaldes y ex alcaldes de Cádiz se hayan reunido para recordar que son devotos del Nazareno de Santa María. Ya no tenemos grandes inauguraciones, que parecen imposibles, sino que necesitamos auténticos milagros.
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