Dido en Caracas

09 de enero 2026 - 03:05

Cuando el año dio la vuelta, el mundo había cambiado. O no tanto. El nuevo desorden mundial ya había asomado las zarpas de muchos otros modos: el bombardeo estadounidense en Irán, la destrucción israelí de Gaza, la invasión rusa de Ucrania. Habíamos asumido estas y otras muestras de ambición y crueldad de los hombres como pasos del movimiento inevitable y violento de los pueblos enfermos, como síntomas de nuestra incurable sed de conquista, en este planeta nunca inmóvil.

Y sin embargo algo nos sorprende en la captura de Maduro. Nos resistíamos a creer que la historia se había dado la vuelta. Estados Unidos participó siempre de la refinada hipocresía de la diplomacia y del derecho internacional, y cuando no lo hacía, debía sonrojarse por el escándalo. Ese mundo, por si había dudas, no es ya el nuestro.

Su símbolo es tal vez María Corina Machado, una mujer que reúne los principales atributos de los personajes modernos recordados en las enciclopedias de Occidente: defensa de la libertad, vencedora real de unas elecciones robadas, ganadora del Nobel de la Paz. El siglo XX está lleno de estos sajarovs y solzhenitsyns, figuras contra la dictadura y la opresión. María Corina, que no ha dejado de elogiar a Trump por su enfrentamiento con Maduro, y que celebraba su caída, ahora se sienta en su salón, sobando una medalla con la cara de un sueco bigotudo que no parece servirle de nada, viendo en la tele a Delcy Rodríguez jurar su cargo, preguntándose dónde está el mundo que la esperaba, por qué su ídolo está robando el petróleo de su país a punta de pistola. También Dido esperaba vivir y morir junto a Eneas, pero Eneas se marchó con sus barcos en la noche y Dido acabó clavándose una espada entre las llamas, tras haberle pedido que la recordara, languidecida en la orilla.

Eneas, poco después, puso los cimientos de un futuro imperio. Y eso es lo que parece también ahora: como si habláramos de papas y reyes medievales que se reparten el mundo, nuestra Tierra ahora se divide en tres grandes gajos de influencia por el cambalache entre Donald y Xi y su amiguito Vladimir, y hay un hueco entre ellos que se llama Europa y que es una Dido hecha territorio, preguntándose a dónde mirar, con quién hablar sino consigo misma, antes de que el mundo enloquecido, o ella misma, se deshaga de sus restos en el fuego de la Historia.

stats