Walker Evans: verdad y dignidad de la existencia

27 de febrero 2026 - 03:04

Si pasan por Barcelona antes del 24 mayo no dejen de ver la exposición Now and Then (Ahora y luego) dedicada al fotógrafo Walker Evans por la Fundación Mapfre en su Centro de Fotografía KBr. En 2009 Mapfre dedicó a este genial –y sobre todo humanísimo, conmovedor– fotógrafo una muestra en su sede expositiva madrileña. Ahora se supera porque si en aquella ofreció un centenar de obras, la actual presenta más de doscientas.

No busquen perfección estética, que la hay; busquen emoción. No busquen realismo, que lo hay; busquen interpretación de la realidad; no busquen documentos, que lo son; busquen calidez, humanidad, compasión, amor al mundo visible más desapercibido y a los seres humanos más ignorados. Como en 1938 escribió Lincoln Kirstein en el catálogo de la exposición Walker Evans: American Photographs, primera dedicada al trabajo de un fotógrafo por el Museum of Modern Art, “el ojo de Evans es el ojo de un poeta”.

A ningún fotógrafo le cuadra mejor que a él la hermosa definición de la tarea del arte que hizo Joseph Conrad: “La tentativa de un espíritu individual para hacer justicia al universo visible… Para descubrir en sus formas, en sus colores, en su luz, en sus sombras, en los aspectos de la materia y los hechos de la vida misma, lo que le es fundamental, lo esencial y perdurable –su cualidad más evocadora y más convincente–, la verdad misma de su existencia”.

Esta cualidad es la que destaca Carlos Gollonet, conservador jefe de fotografía de la Fundación: “Lo que da unidad al trabajo de Evans es su profundo interés por la vida cotidiana… Evans es la claridad, la sencillez… No cae en esa búsqueda estética que vemos en otros de sus colegas… Esa fotografía (…) que funde lo documental y lo artístico, que lo hace lírico, poético”.

Muchos no expertos en fotografía descubrimos a Evans en el libro que él y James Agee dedicaron en 1941 a tres familias de aparceros de Alabama durante la Gran Depresión. Se narra y retrata con crudeza la pobreza extrema. Pero también, y sobre todo, la dignidad. Con tanto respeto al sufrimiento que en el prólogo pide Agee a quienes lo lean: “Por encima de todo, por el amor de Dios, no piensen en él como Arte”. Lo mismo se puede pedir para las fotografías de esta extraordinaria exposición, aunque lo sean.

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