El Gobierno hace como si gobernara
Aparte de salvar a Salvador (Illa) para que Salvador salve el granero catalán, la reforma de la financiación autonómica se inscribe en una estrategia muy meditada de Pedro Sánchez: aparentar que se puede gobernar sin prepuestos, con una mayoría que se agrietó al rato de la investidura y acorralado por la corrupción en su cocina y algún abuso sexual en los alrededores.
Dijo Sánchez a sus discípulos: hagamos como si no hubiera pasado nada y procedamos como si se pudieran sacar adelante cosas que necesitan la mayoría parlamentaria que no tenemos. Si no podemos aprobar leyes, acudamos a los reglamentos, órdenes ministeriales y normas inferiores. Si no prosperan, siempre podemos culpar a la derecha y la ultraderecha por sabotear la buena marcha de la economía y los servicios públicos, que son nuestro mejor activo.
Ordenado y hecho. María Jesús Montero propone una financiación autonómica al dictado de Oriol Junqueras, pero no la puede convertir en ley porque a Carles Puigdemont le parece aún insuficiente para la Cataluña independentista. Propone mandar tropas a Ucrania, a sabiendas de que sus socios estarán en contra. El propio Sánchez lanza a bombo y platillo una medida “urgente y contundente” –que ni es urgente ni es contundente– como desgravar fiscalmente a los propietarios de viviendas que no suban a sus inquilinos los alquileres que vencen ahora, y que tampoco se aplicará: la quinta parte de su Gobierno (los ministros de Sumar) la rechaza como injusta e ineficaz y votará en contra cuando el cambio legal llegue al Congreso. No hay mayoría. Es un brindis al sol. Otro. Y una pantomima: después de siete años de contemplar cómo el problema de la vivienda en España se ha ido pudriendo hasta convertirse en el indicador más evidente y profundo de la desigualdad social, ahora, en la agonía de su segunda legislatura, pretende acometerlo con la contundencia imposible de una desgravación fiscal. Un gobernante menos preocupado por la apariencia, el teatro y el relato entendería que la solución de fondo, lenta y complicada, es construir viviendas y que eso no es posible sin pactar con el partido conservador que controla la mayoría de las comunidades, los grandes ayuntamientos, el Senado y la minoría más nutrida del Congreso.
El Gobierno no gobierna. Se mueve y se agita haciendo como que gobierna. Va tirando y estirando (el chicle). Son los –muchos– días basura de la legislatura.
También te puede interesar