Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
NO os fallaré" dijo Susana Díaz cuando fue ratificada por el PSOE-A para ser la candidata a presidir la Junta de Andalucía. Ocho años antes, el 14 de marzo de 2004, la noche de su primera victoria electoral, el presidente Zapatero se lo dijo a los cientos de jóvenes que le gritaban "No nos falles". Sus palabras fueron "No os voy a fallar, no voy a cambiar". En Crónica de una generación escribí que "la Moncloa sin embargo empeora a las personas. Será el frío de la sierra de Madrid o quizá la culpa sea del servicio". La realidad es que entre el 12 de mayo y el 14 de julio de 2010 anunciando una larga serie de medidas draconianas y el "Voy a seguir este camino cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste" enterró al partido socialista para una temporada, lo deslegitimó ante sus electores y falló a los que había prometido no fallarles. De aquellos polvos, estos lodos y enfangados estamos aún los que pertenecemos a éste más que centenario partido, Sucede, sin embargo, que la nefasta gestión del partido gobernante, que ha hecho lo contrario que prometió en impuestos, empleo, pensiones, servicios públicos, sanidad… provoca que la gente, anclada en la decepción, mire donde asirse. Para colmo, la revelación de que la cúpula popular cobraba un segundo sueldo, además del público, y en negro, y que su financiación era fraudulenta convierte el panorama en literalmente sobrecogedor.
Ésta vez es al revés. Es Susana Díaz -de una nueva generación-, que ha ido acumulando el poder en el PSOE-A, tras el apartamiento de Manuel Chaves y Luis Pizarro y la posterior dimisión del cordobés Rafael Velasco, y la decisión de Griñán de nombrarla consejera de la Presidencia, la que, sin ser interpelada, proclama que no fallará. El interminable sumario de los EREs y el cansancio que comporta una imputación mediática, aunque no de facto, ha llevado a Griñán a un más que acelerado proceso de apariencia de primarias por "razón de Estado" -en este caso, de Andalucía- para ceder el testigo a toda prisa en quién tenía su confianza desde hace tiempo, por cierto, el reverso de su retrato como persona.
El "No os fallaré" no es baladí. Andalucía no está para bromas. La hora de España tampoco. La amenaza de secesión de Cataluña y el paro de nunca acabar, junto con el desprestigio de la política, hace ahora ese anuncio mucho más que unas palabras lanzadas al viento.
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