Libre Directo

josé Pettenghi

Un deseo llamado tranvía

PREGUNTA: ¿Se puede defender algo y lo contrario a la vez? Respuesta: Sí.

Y no es difícil. Un poné, se puede estar de acuerdo con un plan de movilidad que fomente el transporte público, la bici o la peatonalización, y al mismo tiempo profesar una fe inconmovible hacia el coche, o sea el transporte privado.

Parece hipócrita pero no, queridos niños, es magia potagia. Se puede amparar el carril bici y prometer mejoras en los buses urbanos (la única hasta ahora son las pantallitas con el NODO), mientras se defiende el uso privado del coche. Por un lado, los fines recaudatorios del coche se explican con la construcción a tutiplén de parkings subterráneos -de pago y bien caros- con el dudoso pretexto de colocar encima zonas verdes. O lo que entiende este Ayuntamiento como zona verde: una torta de cemento con un surtidito de inevitables palmeras.

Y por otro, poniendo la construcción del segundo puente como principal caladero para pescar votos. Una obra que, según aseguran expertos independientes, incentivará el uso del vehículo privado en una ciudad ya de por sí saturada, estrecha y ruidosa.

Pero aquí se trata al ciudadano como un chiquillo al que se puede prometer cualquier cosa, sin importar su utilidad, su coherencia o su sostenibilidad. O, como en este caso, prometiendo algo y su contrario. Y el ciudadano traga pues ha sido adiestrado en rechazar al que recuerda verdades ingratas y en aplaudir promesas populistas, por insensatas que sean.

Pongamos por caso el tranvía metropolitano. ¿Cómo va a querer el tranvía el Ayuntamiento de Cádiz, a la vista de "su" segundo puente, sus parkings de pago o los suculentos beneficios que deja el coche? No lo quiere, ni lo quiere ningún alcalde de la Bahía, pese a sus saludables beneficios para usuarios, medio ambiente y vertebración del territorio. No lo quieren pues, detrás de sus pataletas contra la Junta, está su nociva defensa del modelo cateto y atrasado de El coche, lo mejón de lo mejón.

Pero, ay, siempre habrá un político con boina dispuesto a prometer algo y, si se tercia, lo contrario, antes de que lo prometa otro.

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