Confabulario
Manuel Gregorio González
Una buena noticia
Pedro Sánchez anunció que España prohibirá el acceso a plataformas digitales a menores de dieciséis años, planteando la necesidad de recuperar el control de la gobernanza digital y las redes sociales para que sean un espacio sano y democrático. Para lograrlo, además de la prohibición, presentó un paquete de cinco medidas legislativas y regulatorias que hagan frente a los abusos de las grandes plataformas digitales y garanticen un entorno digital seguro, democrático y respetuoso con los derechos fundamentales. Algo tan loable como difícil, si no imposible.
El universo de las redes es tan difícilmente legislable como controlable en una democracia. La dictadura china puede hacerlo con “el gran cortafuegos” o “gran muralla de fuego” que controla y censura internet, limitando las horas de acceso de los jóvenes a los videojuegos o imponiendo a dispositivos y plataformas la obligación de ofrecer contenidos segmentados por edad y respetuosos con los valores oficiales para “rectificar las emociones negativas” que fomentan el pesimismo y “crear un entorno en línea más civilizado y racional”. Prohibir, controlar o censurar se les da mucho mejor a las dictaduras que a las democracias.
El ser humano siempre ha sido, en mayor o menor medida, incapaz de controlar los aspectos negativos de aquello que inventa, potenciando solo los positivos. Aunque pueda destruirlo. De éxito en éxito hasta la catástrofe final. Parece incapaz de dar marcha atrás, pararse, reflexionar y actuar. De muchas formas se ha simbolizado esto: el benéfico Prometeo robando el fuego a Zeus para dárselo a una humanidad que, además de sus beneficios, también lo utilizará para incendiar, Pandora abriendo el ánfora que contiene todos los males, Eva comiendo la fruta prohibida para ser como Dios en el conocimiento del bien y del mal. Por algo Bird y Sherwin titularon Prometeo americano la mejor biografía de Oppenheimer.
Es cierto que, como ha dicho Sánchez, en el ecosistema de las redes sociales las leyes se ignoran, los delitos se toleran, la desinformación y los bulos se expanden, los discursos de odio se multiplican y la pornografía infantil se difunde con IA, siendo los menores los más vulnerables. Pero ninguna democracia podrá someterlo a las leyes. Una vez más lo que hemos creado nos domina.
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