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José De Mier Guerra

Mi amigo el río Iro

10 de enero 2010 - 01:00

Estos días el río Iro trae "agua de monte", cuando esto ocurre el río se crece, parece mas río y seguro que a los chiclaneros más creciditos esto les crea cierta preocupación al recordar los sustos que nos ha ido dando a lo largo del tiempo. Pero el río nunca ha tenido culpa, hemos sido las personas que lo hemos ignorado o le hemos hecho muchas perrerías.

La razón para crear Chiclana en su actual emplazamiento fue la existencia del Iro (también llamado liro o lirio). En 1303 el rey Fernando IV cede el término de Chiclana a Alonso Pérez de Guzmán: "Levantando torre, bastó limpiar el cauce del río Iro, poniendo barca de pasaje con Cádiz para atraer pobladores. Buena la tierra, asegurada la salida del producto no faltaron voluntarios para cultivarla".

Desde el principio se consideró el río como un canal de navegación que penetraba en ese lugar estratégico que se denominó Chiclana. Primero fue un peligro por el que podrían entrar los ataques de los Benimerines del norte de África. Luego se usó como logística del transporte y así se consideró durante mucho tiempo, tanto que pasados unos años se pretende incluso que naveguen por el "canal" hasta los barcos de vapor.

Durante 1508, las familias de la villa obtienen del Duque de Medina Sidonia los derechos de aprovechamiento de los pastos y de las pesquerías de las aguas del Iro.

A finales del s.XVII se produce una gran expansión demográfica de la villa, ocupando las márgenes del río el desarrollo del núcleo urbano. Desde entonces comienza una relación de amor-odio de la villa y ciudad con el río, que aun se mantiene. Se le reduce enormemente su cauce de avenidas y además de utilizarlo como vertedero, la construcción de las salinas, río abajo, redujo también la capacidad de desagüe en el caso de avenida.

Siempre se ha minimizado la importancia del río arriba y de esa manera la villa y la ciudad han sido asoladas en innumerables ocasiones. El puente de madera que unía la Banda con el Lugar a la altura del actual puente Chico se iba cada año. En agosto de 1739 se inauguró un puente de madera de tres ojos donde hoy está la plaza sobre el río. Costó 30.000 ducados de vellón. Pues bien, solo duró en pié cinco meses, ya que una crecida lo arrastró en 1740.

Al río lo menospreciaron constantemente, incluso cuando hicieron en 1855 el "Puente grande", ya de piedra. Los ciudadanos criticaban que era "mucho puente para tan poco río", pero si hubieran sabido que 100 años mas tarde ese río tan humilde aniquilaría no sólo ese Puente grande, sino también el chico que era de 1927, hubieran sido más precavidos con sus críticas.

Nuestro río no es tan "poco río", recoge agua por su margen derecha del arroyo del Salado, que debe su nombre no a las mareas, sino a los terrenos yesíferos por los que pasa. Este arroyo se alimenta a su vez de las del Palmetín y de Valsequillo, con lo que su cuenca se adentra por la derecha en el término de Medina, llegando incluso al de Puerto Real. Por la izquierda le llega el agua del arroyo de la Cueva, que desemboca en el río cerca de la ciudad, pero este arroyo recoge a su vez agua de los términos de Vejer y Benalup.

En la actualidad y para garantizar que la avenida de 500 años (cálculo teórico de la mayor avenida que se pueda producir en ese tiempo) no cause inundación en el núcleo urbano habría que lograr que llegara al cauce urbano un caudal máximo de 350 m/3 por segundo, de ahí la necesidad de construir una presa contraavenidas que retenga tiempo suficiente el agua procedente del arroyo de la Cueva y que impida que lleguen más metros cúbicos de los que puede soportar el cauce a su paso por la ciudad. Es decir que para estar tranquilos necesitamos otro sacrificio de mi amigo el río Iro: que se quede manco del brazo izquierdo, aunque sólo sea por unos días.

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