Visión de Grazalema

En estos días de frío intenso uno se puede imaginar sentado delante de una chimenea en Grazalema

Miro todo lo que veo de Grazalema. De algún modo colaboro a lo que hace la gente que va allí. Hace fotos y vídeos del esplendor de ese pueblo serrano y lo muestra. Es la otra vertiente que tienen las redes sociales, nos hacen partícipes de lo bonito, lo bueno, lo sagrado. En estos días de frío intenso uno se puede imaginar sentado delante de una chimenea en Grazalema, absorto en el crepitar, observando con detenimiento el espectáculo insólito del fuego que no tenemos en casa. Afuera llueve a mares o hace un frío helador. Hace pocos días miraba lo que nos llegaba de Ubrique, que venía en parte de la Sierra de Grazalema, veía el río rápido a su paso por la ciudad de la piel, la bellísima ciudad blanca incrustada en la ladera del monte como una piedra preciosa en un anillo, asentada en el hondón de la sierra como lo bullente, blanco del agua. Desde lo alto llega y baja por las laderas de los montes buscando el pantano. Es que ya estábamos preocupados con el agua. Estamos tan en lo superfluo que no echamos cuenta de lo vital del agua. Pocas cosas tan trágicas como un grifo que abrimos y no da agua. El sol, el agua, el aire y el amor son la vida. Una definición que no excluye otras. Así mirado, ¿qué es lo demás? Lo demás somos nosotros, en cuanto a seres bípedos que piensan. Vallejo nos definió como pocos: Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose y, sin embargo, se complace en su pecho colorado… Que es lóbrego mamífero y se peina. Murió en 1938 el gran poeta, en París, no sus versos inmortales. Cómo me hubiera gustado llevarlo desde Ubrique a Grazalema, por Benaocaz y Villaluenga, y sentarme en silencio a su lado mirando la montaña subyugante y los caminos. Está siempre allí, esperándonos, junto a los otros pueblos blancos que iluminan el lienzo de rocas y verdores de este trozo de la provincia, ese regalo de la geografía, esa bendición. Deberíamos abstraernos de todo lo que roza el odio, ser el Fakir que no siente la punción de los clavos. Si tenemos aquí la gloria por qué elegir el martirio. Darnos la bienvenida, ofrecer nuestras manos. Para esta subida, esta ascensión al aire más puro, al frío más sano, a la mirada más complaciente, si es la verdad que nos mira lo que miramos. Es martes, la gente se está preparando para la gran batalla por el poder. En mayo sabremos el resultado del combate y sus víctimas. Serán incruentas, afortunadamente. Y miradas desde la Sierra, sólo tiempo pasado.

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