Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
No era miembro activo del Carnaval, aunque abrió una tienda dedicada a esta fiesta y al mundo de los disfraces; no puede ser calificado, ni mucho menos, como cofrade, aunque participó en la fundación del Caído y formó parte de esa primera cuadrilla de cargadores formada por niños de San Felipe que han marcado una época; ni tampoco era conocido por su pertenencia deportiva al Cádiz, aunque era amante de la vela y fue un magnífico regatista. Cádiz ha perdido a uno de esos personajes de una época que poco a poco se va apagando, un gaditano muy conocido y querido que, tal y como recuerda un buen amigo suyo, se hizo popular en la ciudad “gracias a su extraordinaria simpatía”. Y a ese ange gaditano que está en crisis, cuando no en peligro de extinción.
Tenía un nombre extremadamente serio, Francisco Javier González Santiago, aunque todo el mundo lo conocía por su apodo, Maganda; como ocurría con algunos de esa generación que creció al amparo de los marianistas y que siempre estuvo vinculado estrechamente a la ciudad. Los Maganda, Poleo, Chotín, Katete y tantos otros tan presentes y recordados.
Maganda fue una persona que se recicló numerosas veces para sacar adelante su vida profesional y su familia. Fue agente inmobiliario en Roche, se dedicó a la pesca en Vigo, fue hostelero con un recordado pub (Kala Maganda) en Vistahermosa “que fue un auténtico pelotazo en su momento”, recuerda un amigo; y en sus últimos años de vida laboral abrió (en el año 2002) la tienda carnavalesca en la calle Veedor.
Muy cerca de esa tienda, en el Casino Gaditano de la plaza de San Antonio, pasó muchas horas Maganda junto a esa pandilla que forman su inseparable José María Otero ‘Chotín’, Juan Lamet, Pepe Bote, el recordado Enrique Pérez Figuier y tantos otros; como antes habían sido El Parisién o El Libra los puntos de reunión; y como en estos últimos años trasladó su ‘despacho’ al Rompeolas, con vistas al mar que baña Santa María del Mar, donde a diario recibía y atendía a los muchos amigos que ese buen carácter y simpatía le regaló a lo largo de una vida que este martes se le apagó, a los 77 años de edad, dejando tres hijos (María, Perico y Sila), un buen número de amigos e incontables anécdotas de ese Cádiz añorado que tanto conoció, vivió y disfrutó Maganda. Descanse en paz.
También te puede interesar
Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
Monticello
Víctor J. Vázquez
Lo que mueve un cuerpo
Brindis al sol
Alberto González Troyano
Familias y linajes
Con la venia
Fernando Santiago
Gaditanos reconcentraos